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La República jueves, 25 de noviembre de 2021

Enfoque

El alma de los difuntos

  • El alma de los difuntos
JOAN BOSCH I PLANAS
Santo Domingo, RD

Hace unas se­manas, el hecho de que en un canal de tv catalán y hablando del clima comentaran, aunque fue­ra incidentalmente, algunos aspectos sobre la migración de la mariposa Monarca en el momento que empeza­ba a verse por aquella re­gión mientras se afirmaba que cada temporada se veían más ejemplares y que era una especie protegida, etc, me ha motivado a escribir estas lí­neas con el fin de complemen­tar el mencionado comen­tario con algunos elementos anecdóticos de este insec­to tricolor –blanco anaranja­do y negro-, y de su enigmáti­ca aunque natural migración. De todas maneras, mi obser­vación no solamente se basa en el propio comentario sino en el hecho que la mariposa Monarca siempre la he situa­do en unos parajes bien distin­tos y tan lejanos de aquel país y, al mismo tiempo, de su hábi­tat natural que parecía impo­sible que pudiera llegar hasta aquellos espacios ya que, aun quedándose en el mismo con­tinente, recorre alrededor de cinco mil kilómetros entre va­lles, ríos y montañas rocosas antes de llegar a su destino de hibernación.

Ciertamente, después de una progresiva disminución a lo largo de los años, fruto de la tala ilegal de árboles y de los pesticidas en las plantas de al­godoncillo las cuales les dan vida, estos últimos dos años las colonias más importantes de la mariposa Monarca se han multiplicado por cuatro así como también el espacio al cual migraban. Este insecto tan carismático, viaja cuando llega el frío desde Canadá y el Norte de Estados Unidos has­ta las montañas y los bosques de México y Michoacán, don­de reagrupados por millones permanecen de ocho a nue­ve meses, hasta el momento de regresar y viajar de nuevo en sentido contrario. Los ma­zahuas, la etnia pobladora de estas tierras, cuidan y preser­van los parajes con la doble in­tención de que la Monarca no falle nunca en su migración y también para mantenerlos para el turismo de Naturaleza que llega a la zona para con­templar in situ la mariposa en sus santuarios ubicados en las cinco Reservas Naturales de­claradas Patrimonio de la Hu­manidad, una realidad que se ha convertido en una forma de subsistencia. Cada año, en la festividad del Día de Muer­tos, los mazahua creen que el alma de los difuntos viene a visitarlos en forma de mari­posas Monarca y, para darles la bienvenida, organizan pro­cesiones, en las cuales, cubier­tos con vestidos diseñados de manera espectacular y fastuo­sa relacionados con la maripo­sa, caminan el trayecto que va desde la iglesia hasta el pan­teón. Finalmente, el mismo re­corrido, en sentido contrario, se hará para despedirlas.

Otras poblaciones de mari­posas Monarca que no emigran existen en diversos puntos de la geografía como Australia, Amé­rica Central, islas del Caribe y el norte de Sudamerica, islas del Atlántico: Canarias, Azores, Ma­deira…y, también en la penín­sula Ibérica, poblaciones todas sedentarias que son las que nos visitan, probablemente por un clima que al no ser tan frío, no las obliga a desplazarse.

El autor es investigador y escritor