Un fideicomiso de ONU para Haití

Ángel Lockward
Santo Domingo, RD.

En el marco de una brusca caída de la popularidad del Presidente Joe Biden, Estados Unidos, luego de la deportación masiva de unos 13 mil haitianos que intentaron ingresar ilegalmente, “tira la toalla en el caso de Haití” en donde las bandas que controlan por pedazos los 22 mil km cuadrados de dicha nación, tienen secuestrados a 16 ciudadanos suyos, descartando por boca de sus voceros regionales, la única vía para restablecer la seguridad, imprescindible para el inicio de cualquier tarea.

El subsecretario de Estado a cargo de la lucha en contra del narcotráfico, Todd Robinson, declaró eufemísticamente el pasado martes en Puerto Príncipe, que “las autoridades y la Policía” de ese país, son quienes serán responsables de la seguridad, algo obviamente imposible: Pero, no duden que, de alguna forma, intentaran rescatar a sus misioneros retenidos desde el 16 de octubre.

Los Estados Unidos de Clinton que encabezaron entusiastamente el retorno a la Presidencia de Jean Bertrain Aristide y la disolución del ejército a cargo de una multitudinaria misión militar de la ONU-junto a Francia, Canadá y Venezuela-, advierten hoy que la “comunidad internacional” no irá al “rescate de Haití”: Parece que el mundo se cansó de un tema sin solución aparente.

Acomplejada la ONU y la OEA que por hipocresía diplomática – durante 17 años- se negaron a ver la verdad, hoy, en sus consejos de seguridad y permanente, guardan silencio culposo ante el desastre y la crisis humanitaria que esa situación representa para 11 millones de personas a merced de una delincuencia caótica y anarquista por la falta absoluta de autoridad. Desaparecida o reducida la corrupción del manejo de la ayuda internacional, quedan solo narcotráfico y secuestro como fuentes de ingreso.

La que no puede quedarse de brazos cruzados es República Dominicana única fronteriza: Cuando la situación se tornó crítica, Chile deportó miles por vía aérea; pueden hacerlo Panamá, Colombia, México y Brasil… allá solo llegan miles, decenas de miles en el peor caso, empero acá hablamos de más de millón y medio.

Una avalancha humana hambrienta que desborde la capacidad de las fuerzas de seguridad en la frontera no es una ilusión, es la eventualidad cierta de una posible tragedia: El intento de realizar campamentos en suelo dominicano en ocasión de destitución de Aristide, no fue un “cuento”, fue una realidad que Joaquín Balaguer hubo de rechazar con energía y bajo riesgo….

El secuestro de dominicanos a cargo de esas bandas es frecuente y, la incursión de estos delincuentes en territorio nacional ante cualquier persecución allá, puede ocurrir cualquier día. 

Por ello, siendo Haití nuestro mayor problema y, el único cuya solución no depende de nosotros, el llamado del Presidente Abinader al liderazgo político nacional, es imperativo y juicioso: podemos disentir en otros temas, pero en este, debemos tener una política y una sola voz.

Hoy, Luis Abinader, obligado por su condición a tomar la delantera política en el tema, en este caso no es Presidente de los perremeístas, sino también de los líderes y militantes del PLD y de la Fuerza del Pueblo entre otras organizaciones. 

Están bien las fotos de los comisionados y los reportes de su trabajo, pero el país, en este caso necesita en particular una con: El Presidente de la República y los expresidentes Hipólito Mejía, Leonel Fernández y Danilo Medina, a los fines de que los ciudadanos y el mundo vean que en este tema, tenemos una sola voz y un solo interés: La organización o el líder que rehúya su responsabilidad en esta cuestión saldrá trasquilado.

Han quedado atrás, lejos, los tiempos en que el tema haitiano por la presencia en la política nacional de José Francisco Peña Gómez –más dominicano que cualquiera– nos dividía, distante la cuestión de los braseros y sus ingratas condiciones de vida y más lejos aún, incluso sin justificarlo, el complejo que nos dejó la matanza del 1937, acto violento que estableció la frontera –legal pero difusa e irrespetada- durante 91 años.

Por boca de Estados Unidos, la comunidad ha establecido que no es Francia acomplejada por la multa que obligó a pagar durante 130 años la culpable de la devastación en Haití, ni Estados Unidos que la ocupó de 1915 a 1934, sino los propios haitianos cuyas elites son incapaces de llegar a ningún acuerdo, excepto el de que quien triunfa en la garata –periódica- mata al perdedor

La “comunidad internacional” interventora –errada– en 1993, incapaz de dejar alguna organización básica en la estructura institucional de ese país, ahora escurre el bulto para evitar otro fiasco o peor, para no imponer la única solución viable, un fideicomiso de 10 años que mediante un Ejecutivo, restablezca la autoridad y organice el país. Sus políticos son el problema.

Seamos la voz que clama por una acción de la comunidad internacional, pero preparémonos por si ésta, no hace nada y, no sólo en la frontera –pues si hay una poblada esa misma comunidad internacional que se niega a buscar soluciones nos condenará- sino también en nuestra seguridad interior porque tenemos en nuestro territorio una cantidad ilegal imposible de controlar