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La República martes, 21 de septiembre de 2021

Enfoque

Gastar bien el dinero público es difícil y desesperante

  • Gastar bien el dinero público es difícil y desesperante

    Odebrecht construyó una cantidad de obras grandes en el país en un tiempo récord.

José Lois Malkun
Santo Domingo, RD

Cuando vivía en Costa Rica me causaba asombro el tiempo que tomaba construir una obra. O adquirir cualquier bien o servicios.

Primero, la preparación de los documentos de licitación tomaba meses, después el llamado a concurso y la evaluación de las propuestas otro tanto y cuando se suponía que todo estaba listo para anunciar al ganador casi un año después, algún participante inconforme impugnaba la licitación lo que prácticamente era como comenzar todo desde el principio.

Mientras eso sucedía en República Dominicana se iniciaban y se terminaban varias obras grandes en menos de un año. Con el asfalto y los permisos de compras de alimentos. O se compraban cientos de vehículos y equipos de oficina en un abrir y cerrar de ojos. Éramos Rápidos y Furiosos en gastar el dinero público.

¿Es que somos más inteligentes que los ticos? Nada de eso. La respuesta es muy simple: ÉRAMOS MUCHÍSIMO MÁS CORRUPTOS.

Odebrecht construyó una cantidad de obras grandes en el país en un tiempo récord, que en Costa Rica hubiera tomado años para materializarse, pero a un costo sorprendentemente menor.

Porque cada una de esas obras de Odebrecht, amarradas al financiamiento del Banco de Brasil, tuvieron sobrecostos hasta de un 40% que se repartió entre funcionarios, congresistas y políticos del gobierno.

También se bailó la danza de los millones con los permisos para la compra de alimentos o de asfalto.

Fue una verdadera orgia de corrupción, tráfico de influencia y lavado de dinero, que se expandió al tráfico de drogas. Porque son muchos los funcionarios que terminaron traficando estupefacientes, usando el dinero robado. Hoy, estamos actuando como lo hacía Costa Rica en los años en que vivía en ese país. Supongo que allá todo sigue igual.

Por ejemplo, La Dirección de Contrataciones Publicas no deja pasar ni un pelo antes de aprobar cualquier licitación.

Ha rechazado proyectos por miles de millones al encontrar ciertas irregularidades procedimentales en los concursos y también lo hizo con las compras de equipos que fueron impugnadas por otras empresas participantes.

Un cambio de paradigma radical y refrescante que nos puede llevar a escalar un lugar honorable en los índices de corrupción, con todos los beneficios que eso acarrea.

Caminemos lento pero seguros, ahorramos miles de millones de pesos que antes se robaban y enterremos por siempre el maldito grado a grado. La transparencia no tiene precio.