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La República domingo, 01 de agosto de 2021

Biden se opone al comunismo cubano

Ninguna persona seria y respetuosa de la ley querrá mezclarse con ese mundillo de delincuentes.

  • Biden se opone al comunismo cubano

    ) Sergéi Magnitsky 2) Álvaro López Miera. 3) Manuel Ricardo Cristopher

Carlos Alberto Montaner

El abogado Sergéi Magnitsky fue tor­turado y asesinado por la policía políti­ca rusa en el 2009. Había denunciado fraude fiscal en su país natal por más de 200 millones de dólares. Lo mata­ron o lo dejaron morir en su cel­da. Da igual. En el 2012 el sena­dor demócrata Ben Cardin, con el apoyo del republicano Jo­hn McCain, presentó una ley al Congreso de Estados Unidos a la que tituló “Ley de responsa­bilidad del Estado de Derecho Sergéi Magnitsky”. Fue firma­da por el presidente Obama. Co­mo existe la tendencia estado­unidense a abreviar el lenguaje, le han aplicado al estado cuba­no la ley Global, el “Magnitsky Act” y han sancionado al gene­ral Álvaro López Miera, Minis­tro de Defensa y persona a cargo de las FF.AA, y a los temidos Boi­nas Negras. Los rusos, con Putin a la cabeza, se han opuesto vigorosa­mente a la globalización de la jus­ticia, pero la tendencia continúa. La idea de “nosotros somos los úni­cos que debemos juzgar nuestros propios crímenes” no funciona del todo. Genera impunidad. Inglate­rra, Canadá y los países bálticos es­tán a bordo de la “Ley Global Mag­nitsky”. Pretoria la estudia junto a Francia y Alemania. En todo caso, la primera demanda de los exilia­dos cubanos al presidente Joe Bi­den era que restableciera el Inter­net a la Isla de Cuba. Se sabe que, tecnológicamente, Estados Unidos puede hacerlo. Pero la segunda demanda, de acuerdo con María Werlau, el alma de “Archivo Cuba”, era que implementara la Ley Glo­bal Magnitsky, y parece que le han hecho caso o han coincidido. (No sé si las personas que se oponen a la globalización saben que juegan una partida de naipes desvergon­zadamente marcadas por Vladimir Putin).

Hace muchos años recibí un mensaje de Gustavo Arcos sobre el general Álvaro López Miera. Había los nombres de otros gene­rales en la misiva que me reservo. Gustavo fue un héroe de la lucha contra Batista y luego se opuso a su ex amigo Fidel Castro y aca­bó en la cárcel. Gustavo me pe­día que siguiera de cerca la figu­ra de López Miera. Lo hice. Es un santiaguero, aunque nacido en La Habana, hijo de republicanos españoles, que había sido semi-adoptado por Vilma Espín y Raúl Castro. Su padre fue catedrático de la Universidad de Oriente. Su­puestamente, Álvaro se había al­zado a los 14 años (nació en di­ciembre de 1943), y siguió la carrera militar en la URSS. “Vil­ma lo quería como un hijo”, me dice quienes conocieron los vín­culos que unían a las dos familias.

No sé por qué Gustavo me men­cionó este nombre, pero vuelvo a encontrarlo acusado como un re­presor de los derechos humanos de los cubanos. Por lo pronto, recuer­do al general venezolano Manuel Ricardo Cristopher Figuera, ex jefe del SEBIN. Se pasó al adversario y le levantaron las sanciones. Hay dos epígrafes que justifican ese mara­villoso Jordán. Por “genuino arre­pentimiento” y porque, a petición del Presidente de USA, le conviene a la Seguridad Nacional. No sé cuál de los dos le aplicaron al general ve­nezolano. Acaso los dos. De lo que no hay la menor duda es de que las sanciones existen para ser eventual­mente levantadas.

No habrá una invasión america­na contra Cuba, pese a los deseos de los cubanos dentro y fuera de la Isla. Salvo que la resistencia den­tro de Cuba provoque una matan­za generalizada, abundantemente filmada. Ante esos hechos, por ra­zones humanitarias, la sociedad es­tadounidense puede ser arrastrada al combate, pero es muy difícil que suceda. Ni siquiera hubo una inter­vención de Donald Trump contra Nicolás Maduro, pese a haber co­queteado con “todas las opciones están sobre la mesa”. Trump jugaba a asustar a Maduro, pero no conver­só seriamente con sus generales so­bre la posibilidad de destruir desde el aire el aparato militar venezola­no, algo que hubiera sido muy fácil.

Ese desenlace sólo es posible si EE.UU toma en serio lo que suce­de en América Latina y pacta crear en su hemisferio un aparato como la OTAN, pero no veo la menor in­tención de dotar de fuerza las de­cisiones políticas. Tampoco existe en esta porción del mundo una vo­luntad de defensa de la democracia como la que se observa en Europa, donde Estados Unidos es obliga­do a bombardear desde el aire a los serbios o a los libios. Estamos acostumbrados a convivir con Cu­ba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia y pronto nos habituaremos al señor Pedro Castillo en Perú.

Eso no quiere decir que el régi­men cubano se salga con la suya. Pese a lo que gritan AMLO en Méxi­co o la señora Cristina en Argenti­na, las protestas de los días 11 y 12 de julio han servido para negarle a la dictadura cualquier tipo de apo­yo significativo. Son inolvidables las obscenas imágenes de los jóve­nes policías y militantes comunis­tas vestidos de civiles, llegados en autobuses y dotados de bates y ma­deros para silenciar a la oposición. Así ocurrió en toda la isla. Aunque las protestas fueron ahogadas en sangre, las pocas inversiones que fluirán serán, en su gran mayoría, de dinero non sancto. Ninguna persona seria y respetuosa de la ley querrá mezclarse con ese mundillo de delincuentes.

Estamos muy cerca del final. ¿Cómo llegará? De la misma ma­nera que comenzó la revuelta de mediados de julio. De forma im­prevista. Pero llegará.