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La República jueves, 29 de julio de 2021

Enfoque

Los principales retos económicos que tenemos por delante

  • Los principales retos económicos que tenemos por delante
CARLOS DESPRADEL
Santo Domingo, RD

La economía Dominica­na es relati­vamente sóli­da, lo que nos permite ser optimistas so­bre nuestro futuro, aun­que se mantienen algunos problemas que requieren pronta atención y que se­ñalaremos más adelan­te. Su fortaleza descansa en las múltiples y diversas fuentes de divisas que po­see. Esto es así, porque en naciones pequeñas como la nuestra, generalmen­te las crisis económicas se originan en el sector ex­terno cuando no se puede generar un monto crecien­te de las divisas necesarias para sostener el crecimiento de las actividades económi­cas, lo que se refleja en un aumento de la tasa de cam­bio, la inflación y la pérdida de la estabilidad macroeco­nómica. El hecho de tener fuentes diversas de divisas, nos hace menos vulnera­ble a los choques externos. Sin embargo, el desmesura­do incremento de la deuda externa pública que se pro­dujo innecesariamente en la última década, ha crea­do una pesada carga en mo­neda extranjera que tendrá que enfrentarse con un au­mento aún mayor en los in­gresos de divisas. Este es un primer reto que tenemos por delante. Afortunadamen­te, las zonas francas, las re­mesas y potencialmente el turismo presentan buenas perspectivas.

En cuanto al crecimien­to de la economía, aunque la mayoría de las institu­ciones internacionales de financiamiento entienden que el crecimiento poten­cial de nuestra economía es de un 5% anual, sin em­bargo debemos tomar en consideración que en la úl­tima década el país ha re­querido aproximadamente unos US$2,000 millones anuales netos de financia­miento internacional, pa­ra poder cubrir los déficits externos que ese creci­miento ha producido.

Esos préstamos interna­cionales a su vez han per­mitido realizar importacio­nes de bienes y servicios por un monto equivalente, que sin dudas han contribuido a impulsar el crecimiento de las actividades económi­cas. Se puede predecir que este constante aumento de la deuda externa será difí­cil de mantener inalterado en el futuro inmediato, por requerimiento de los pro­pios prestamistas. Por tan­to, basado en nuestros pro­pios ingresos de divisas, el potencial de crecimiento real de la economía domi­nicana debe ser inferior al 5% anual que se ha estima­do. De ahí que, si queremos mantener las mismas pro­yecciones de crecimiento del pasado, esto requerirá mayores esfuerzos para im­pulsar las fuentes primarias de divisas. Afortunadamen­te el Gobierno está traba­jando en esa dirección.

Por otra parte, en la últi­ma década la economía do­minicana ha tenido significa­tivos déficits fiscales, como consecuencia de aumentos constantes de gastos públi­cos innecesarios, de un dis­pendio generalizado y tam­bién por el creciente pago de la deuda pública. Todo esto agravado recientemente por los efectos de la pandemia. Esos déficits fiscales han sido financiado con un constante y creciente endeudamiento que ha llevado la deuda pú­blica consolidada a alrededor del 70% del PIB y cuyo pago requiere disponer alrededor de un 29% de los ingresos co­rrientes del Estado. Sabemos que esos altos déficits y el co­rrespondiente financiamien­to que requieren, no podrán mantenerse indefinidamente y que pronto tendremos que abocarnos a una gran refor­ma fiscal que permitan al Go­bierno aumentar sus ingresos y reducir aun más los gastos, para así poder garantizar la sostenibilidad de la deuda y también para estar en capa­cidad de satisfacer algunos requerimientos urgentes de la población. El Gobierno ha considerado que actualmen­te no existen condiciones mí­nimas para embarcar a la po­blación en esta reforma y la ha tenido que posponer. No obstante, en un futuro no muy lejano habrá que en­frentarla, lo que podría al­terar la estabilidad política que disfrutamos. Por esta razón el Gobierno tendrá que ser extremadamente cauteloso en el diseño de di­cha reforma para no afectar a los segmentos de la pobla­ción de menores ingresos relativos. Este es otro reto que nos espera.

Otro asunto que tendre­mos que enfrentar en un futuro cercano es la deu­da cuasi fiscal que ha veni­do acumulando sistemáti­camente el Banco Central desde la crisis bancaria del 2003 para poder mantener la estabilidad monetaria, la cual ha llegado a superar los RD$800,000 millones. Esta deuda representa un gasto anual de unos RD$70,000 millones por concepto del pago de intereses de los va­lores en circulación ya emi­tidos por esa institución, con el agravante de que el Banco Central, por su pro­pia naturaleza, no tiene ca­pacidad de generar ingresos para pagar esos intereses y por lo tanto eventualmente tendrá que ser el gobierno central el que se haga car­go del pago de los mismos con recursos del Presupues­to Nacional, lo que agrava­rá el déficit fiscal. Aquí nue­vamente tendremos que ser muy cuidadosos en la solu­ción que se busque para en­frentar este problema que no debe ser pospuesto. En sen­tido general, consideramos que nuestro país tiene capa­cidad para hacer frente exi­tosamente a las dificultades económicas antes citadas, pues además, en la actual Administración no solo exis­te comprensión de las mis­mas, sino una firme deter­minación de enfrentarlas en el momento que sea oportu­no. Sin embargo nos quedará otro problema que será mu­cho más difícil. Nos referimos a nuestra gran dependencia de la mano de obra barata procedente de nuestros veci­nos. En efecto, por debilida­des políticas del pasado y por falta de una visión de Esta­do, la economía dominicana a través de un largo período de años se ha hecho cada vez más dependiente de la ma­no de obra haitiana, hasta el punto de que dos actividades cruciales de nuestra econo­mía, la agricultura y la cons­trucción son totalmente de­pendientes de la misma, con el agravante de que esa ma­no de obra ya no quiere tra­bajar en esos sectores y ape­nas lo usan como puente para llegar a otros sectores más lucrativos, desestabili­zando así todas las fuentes de empleos del país. Si bien inicialmente esta migración ha tenido efectos positivos sobre el crecimiento de la construcción y la agricul­tura, por otra parte está te­niendo efectos gravísimos sobre la distribución del in­greso, el desempleo, la con­centración de la riqueza y muchos otros elementos traumatizantes de nuestra sociedad que se irán agra­vando con el tiempo, ame­nazando así todos los es­fuerzos que hemos hecho para encausar nuestro país hacia un crecimiento soste­nido. Por todo lo anteriormen­te expuesto, si al momento de enfrentar los problemas pro­pios de nuestra economía co­mo son los déficits externos e internos, no buscamos simul­táneamente una solución via­ble al problema de la mano de obra haitiana que nos desbor­da, cualquier éxito que po­damos tener en los aspectos fiscales, monetarios y cam­biarios, se verá eventual­mente opacado por este otro problema que tiene ramifica­ciones económicas, sociales, culturales y políticas.

-El autor es economista