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La República lunes, 28 de junio de 2021

Enfoque

Aporte a la mesa de trabajo en torno al alza de los precios de los alimentos

  • Aporte a la mesa de trabajo en torno al alza de los precios de los alimentos
Monseñor Jesús Castro Marte
Santo Domingo, RD

I. PRESENTACIÓN DEL PROBLEMA
A partir de enero del año pasado, se expande en China y luego por todo el mundo, una enfermedad infectocontagiosa provocada por un coronavirus que se denominó COVID-19, el que en poco tiempo alcanzó el estatus de epidemia. Aun cuando proceden de virus diferentes, el COVID-19 se tomó en un principio como una enfermedad respiratoria similar a la influenza (gripe), sin embargo, con el paso del tiempo, este coronavirus mostró su rostro más amargo: su potencialidad para expandirse e infectar a grandes sectores poblacionales en un periodo relativamente breve de tiempo. Pero, sobre todo, su “habilidad” para resistir aquellos medicamentos que usualmente se utilizaban contra los coronavirus, provocando que, en los meses siguientes cientos de millones fueran afectadas con el virus, y decenas de millones de manera mortal, en especial, dentro de aquellos grupos humanos de avanzada edad, o que padecieran algún tipo de enfermedad crónica, como hipertensión, diabetes, obesidad, etc.

Durante el presente año se inició la aplicación de diferentes tipos de vacunas, procesadas en tiempo récord, las cuales avivaron en la humanidad la esperanza del fin de la pandemia. Sin embargo, pese a la vacunación masiva de las poblaciones más afectadas, el virus, como una ola, sube y baja en intensidad dependiendo de las circunstancias. Esto, como es lógico, trajo graves consecuencias, tanto en lo referente a pérdida de vidas humanas, como a la reducción del sector productivo a niveles de la Gran Depresión en 1930.

II. CONSECUENCIAS
La primera consecuencia de la epidemia fue que, dado la gran velocidad de propagación del virus se hizo necesario limitar, casi al mínimo, la presencia de los obreros y los empleados de sus respectivos centros de trabajo y de diversión. Se impuso una cuarentena generalizada que generó una acentuada disminución de los ingresos familiares, así como un gran desempleo dentro de la población. Pero, sobre todo, una grave disminución de la capacidad productiva en los países afectados por la pandemia que, en general, eran los más desarrollados.

Una segunda consecuencia fue que, esta disminución de la presencia laboral en los centros de producción derivó, como es lógico, en una acentuada disminución de bienes, tanto en el sector industrial como en el agropecuario, provocando, de acuerdo con la ley de oferta y demanda, un incremento de los precios de los productos de consumo masivo. Incrementos que no fueron más acentuados debido a que, como ya explicamos, al mismo tiempo se produjo una disminución en la capacidad de compra por parte de la población.

Todo lo anterior tuvo un gran impacto en las poblaciones de todos los países, tanto en las de los países desarrollados, como en los del Tercer Mundo. Viéndose los gobiernos, de acuerdo con sus capacidades monetarias, en la necesidad de subvencionar a los sectores más vulnerables.

III. EFECTO DE LA CRISIS EN REPÚBLICA DOMINICANA
La República Dominicana no se ha visto exenta de esta crisis sanitaria, económica y social, todo lo contrario, circunstancias particulares, propias de nuestro país, han acentuado sus consecuencias, entre las cuales cabe mencionar primero, las referentes al sector sanitario. La pandemia encontró a nuestro país con una grave carencia de instalaciones hospitalarias, consecuencia tanto de la falta de capacidad de respuesta de nuestros hospitales, como a que una gran parte de ellos se encontraban en reparación. Gracias a Dios que poco a poco hemos ido superando estas dificultades.

En referencia a la crisis económica y al alto precio de los bienes perecederos, dos factores muy particulares de nuestro país se añaden a la situación ya descrita con anterioridad: la disminución de las exportaciones y el alto incremento de los impuestos aduanales. En relación con el primero, se ha ido mejorando con la disminución de la crisis sanitaria, sin embargo, en lo que esta mejora impacte en la economía, el segundo factor incide de manera más negativa en los altos precios de los productos alimenticios, pues aún se encuentran vigentes estas tasas de impuestos.

Todos sabemos que gran parte de los insumos que se utilizan en el sector agrícola, agropecuario y, sobre todo, en la producción de alimentos procesados a nivel industrial, son importados. Por lo que, este incremento en los impuestos aduanales incide de manera importante en el aumento de precios de todos los bienes utilizados en la cadena alimenticia de los dominicanos.

Por último, se hace necesario mencionar, como elemento que incide de manera importante en el aumento de precios de los alimentos básicos de los dominicanos, la carencia de un organismo regulatorio gubernamental que analice de manera exhaustiva las propuestas de incrementos de precios de productos de primera necesidad de la población dominicana.

Por otra parte, tanto los economistas, como las personas que han vivido en países desarrollados conocen que, cuando se produce un incremento de precio en uno de los insumos dentro de la cadena de producción de sus bienes, el gobierno solo permite el incremento del precio final en un monto casi similar a dicho aumento. En nuestro país, por el contrario, y eso lo saben los gobiernos y la sociedad civil, cuando, por ejemplo, el maíz incrementa su precio en el exterior en un 2-5%, los productores avícolas y agropecuarios elevan el precio final del pollo y de la carne de cerdo y vacuna en un 25 a 30%, y así el aumento del trigo y su efecto sobre el precio del pan, de las galletas, etc.

Pero no podemos dejarnos obnubilar solo por los problemas puntuales de la pandemia, puesto que este problema del alza de precios se ha hecho el modus vivendi por parte de nuestros industriales y comerciantes. Existen dos factores que inciden directamente sobre el precio de los alimentos: el costo de los combustibles y el costo del dinero. Ningún gobierno se ha atrevido a intervenir en ambos mercados. En el de los combustibles, porque los gobiernos tienen un “negocio redondo” con los impuestos arbitrarios sobre el producto final y, sobre todo, privilegiando a algunos sectores “industriales” o no, con la exoneración de impuestos. Un negocio que ha hecho multimillonarios a unos cuantos vivos.

El otro factor que incide de manera decisiva en el precio final de los productos es el costo del dinero. Todos los que conocen las instituciones financieras de otros países conocen que la diferencia entre la tasa activa y pasiva de los bancos comerciales no sobrepasa el 3 al 5%. En nuestro país es mayor del 15%. Solo algunos accionistas logran una tasa menor. De ahí que pensamos que, nuestro país es de los pocos en el mundo donde los bancos comerciales tienen un índice de beneficios anual tan elevado.

IV. IDEAS PARA SUPERAR EL ALZA EN LOS PRECIOS DE LOS ALIMENTOS
A continuación, un aporte a la discusión de las comisiones nombradas por el Poder Ejecutivo para alcanzar una rebaja en los precios de los alimentos, en especial, los de primera necesidad. Sugerencias que creemos que, de implementarse, tendrán un impacto positivo, no solo frente a la actual crisis sanitaria, sino frente a tantas otras situaciones por venir que hacen que nuestro sufrido pueblo se vea afectado.

1 Nombrar un organismo, dentro del mismo gobierno que se ocupe de analizar, discutir y sancionar los diferentes aumentos de precios de los productos de primera necesidad que se presenten. Dicho organismo debe realizar un análisis de costos serio, con altura ética y dignidad profesional, que sea creíble para toda la población.

2 Durante permanezca la crisis sanitaria en el alza mundial de los precios de determinadas materias primas, el Estado debe reducir los impuestos aduanales a los márgenes anteriores. (Creemos que el Banco Central hizo una petición parecida).

3 La Superintendencia de Bancos y/o el Banco Central deben fijar la diferencia entre la tasa activa y la tasa pasiva que deben aplicar los bancos comerciales, dentro de los límites que el sentido común y la buena gobernanza exigen.

4 En aquellos casos en que las medidas anteriores no surtan todo el efecto esperado, el Poder Ejecutivo debe disponer de los subsidios necesarios (y temporales) para que ello ocurra.

5 Determinar un alza general de salarios, tanto en el nivel mínimo como hasta la suma de $150,000.00. Esto mejorará el poder adquisitivo, tanto de nuestros obreros, como el de nuestra clase media.

El autor es Obispo de la Diócesis La Altagracia.