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La República domingo, 06 de junio de 2021

Enfoque: Piedra de Toque

En la cuerda floja

Si ponemos un mapa de la América del Sur bajo nuestros ojos, es evidente que en los últimos años las fuerzas de izquierda han cosechado considerables triunfos.

  • En la cuerda floja

    1) América Latina en la cuerda floja por culpa de sus gobiernos. 2) Pedro Castillo.

Mario Vargas Llosa
Madrid, España

En el gigante brasi­leño, además de las barbaridades que comete el pro­pio Jair Bolsonaro y las que le atribuye la prensa extranjera, que lo odia, los jue­ces han soltado a Luiz Inácio Lu­la da Silva y el Partido dos Tra­balhadores estultraderechaen tener el futuro inmediato con­quistado, y la derecha -la plio, y sus jista, que habituaci odia, los jueces han solá bien encamina­do para la próxima elección. Si pudieran votar los extranjeros, Lula, su niño mimado, barrería. Los brasileños son más cautos: recuerdan sobre todo que pesan varias condenas sobre él, por aprovecharse del poder y por corrupción. La candidatura del juez Sergio Moro a la presiden­cia de la república –el hombre que mandó a la cárcel al mayor número de empresarios, funcio­narios y delincuentes en la his­toria del Brasil en la operación Lava Jato-, se ha ido desinflan­do y ahora parece paralizada, acaso abolida.

En Argentina, el dúo Alberto Fernández/Cristina Kirchner se lleva cada día peor y la ruptura está en el aire; pero ambos son menos insensatos de lo que se piensa y probablemente man­tendrán una aparente convi­vencia para conservar el poder. No les sirve de mucho, a juzgar por la situación catastrófica de la nación. Chile no anda mucho mejor y todo en este país, que parecía haber hecho sus debe­res y crecido hasta distanciarse del resto de América Latina y al­canzar niveles europeos, ahora es un absoluto caos. El Partido Comunista, que se había enco­gido hasta ser casi marginal, es ahora el primer partido político del país, conducido por ague­rridos jóvenes de ambos sexos que sueñan con una nación uni­formada, de economía estatiza­da, que arruinaría una sociedad que, parecía, iba a ser la prime­ra en América Latina en aca­bar con el subdesarrollo. ¿Pero quién se acuerda ahora de ello? El Partido Comunista y los re­volucionarios y anarquistas del Frente Amplio, y sus jóvenes fu­ribundos, parecen tener el futu­ro inmediato conquistado, y, pa­ra colmo de males, la derecha –la ultraderecha que es, ade­más, ultracatólica- parece con­finada en el barrio pituco de Las Condes. ¿Cómo van a hacer las 150 personas elegidas –tal vez sean más- para redactar la nue­va Constitución? Jalándose los pelos, por supuesto. El país que creíamos en la vanguardia ha pa­sado a la retaguardia de América Latina entre las devastaciones de las que basta una cifra para me­dir la catástrofe: en menos de me­dia hora los rebeldes quemaron y destruyeron ocho estaciones del metro más moderno y costoso de América Latina.

En Bolivia, las fuerzas de Evo Morales han vuelto al poder y és­te tiene ahora un candidato al cual promociona y llama “hermano” y “cholito” en todos sus discursos. Pero no es boliviano sino perua­no: Pedro Castillo, que se disputa la segunda vuelta con Keiko Fuji­mori en las elecciones peruanas que se decidirán hoy domingo. Colom­bia, como se ve en los periódicos, ar­de por todas partes y el presidente Iván Duque es atacado incluso por su propio partido y su maestro, el expresidente Álvaro Uribe, lo acu­sa de ser débil y no recurrir más al Ejército para aplacar a los violentos que, guiados por la mano venezola­na, quieren arrebatarle el poder. El solitario Ecuador, con otro solitario, Uruguay, países donde los votantes han sido más sensatos que el resto de los sudamericanos, son las esca­sas excepciones democráticas en un subcontinente que parece empeña­do en resucitar el marxismo-leninis­mo que los europeos y asiáticos se han encargado de enterrar.

El caso del Perú, país que tiene fronteras con cinco países sudame­ricanos, y es un blanco favorito en lo inmediato para el eje cubano, ve­nezolano, boliviano y nicaragüen­se, se dirimirá hoy domingo, entre el candidato de esa cuadriga, Pedro Castillo y Keiko Fujimori, los dos fi­nalistas de la primera vuelta electo­ral. Ésta última ha ido reduciendo la distancia que tenía con el gana­dor, de más de seis puntos, y aquel descendiendo suavemente hasta alcanzar ambos, según las últimas encuestas, un empate técnico. Ga­ne quien gane tendrá muchos pro­blemas con un parlamento muy di­vidido, en el que será difícil, para cualquier gobierno, obtener esa ma­yoría indispensable que se necesita para aprobar las leyes.

Pero, a diferencia de otras, esta elección en el Perú va a significar no un cambio de personas en el poder, como hasta ahora, sino un cambio de sistema. Si Pedro Castillo gana la elección, el marxismo-leninismo-mariateguismo (así lo definen sus huestes) llegará al poder oleado y sacramentado con los votos de los peruanos, y, como han dicho con claridad los dirigentes del partido Perú Libre que presentó a este can­didato, el de Vladimir Cerrón, no piensan dejar el poder, a la mane­ra de todos los regímenes comunis­tas que existieron en el pasado en el planeta y de los que son ejemplos sobrevivientes Cuba, Venezuela y la Nicaragua del comandante Daniel Ortega y su esposa Rosario Muri­llo. ¿Eso quieren los peruanos? ¿Un país devastado por la censura, la in­competencia económica, sin empre­sas privadas ni inversiones extran­jeras, empobrecido por burócratas desinformados y serviles, y una po­licía política que ahoga a diario fan­tásticas conspiraciones creando una dictadura más feroz y sanguinaria que todas las que ha conocido el país a lo largo de su historia?

Muchos peruanos creemos que no y hemos decidido votar por Keiko Fujimori. Ella ha pedi­do perdón públicamente por sus errores del pasado y ampliado considerablemente su equipo de go­bierno, incorporando a antifujimo­ristas convictos y confesos, y com­prometiéndose a respetar la libertad de expresión, al Poder Judicial y a entregar el mando luego de los cin­co años como establece la Constitu­ción. No es seguro que estas promesas le hagan ganar la elección. Pero, si la pierde, lo seguro, eso sí, es que con Pe­dro Castillo en el poder no volverá a haber elecciones limpias en el Perú, y las supuestas “consultas” electora­les serán idénticas a esas farsas co­lectivas de Cuba, Venezuela y Nica­ragua, cada cierto número de años, en que se pide a la población que confirme con sus votos a los candi­datos que elige el poder.