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La República martes, 11 de mayo de 2021

Enfoque

Reforma tributaria con equidad y eficiencia

  • Reforma tributaria con equidad y eficiencia
ALEXANDRA IZQUIERDO
Santo Domingo, RD

Justo antes de cumplir sus primeros 100 días de mandato, el miér­coles 28 de abril, flan­queado por la vice­presidenta Kamala Harris, y Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Represen­tantes, el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, pronunció un discurso que los medios definieron como “una de las agendas más pro­gresistas de un presidente estadounidense desde hace más de medio siglo”, con la que pretende “transformar” el rol del gobierno federal.

Señaló que la estrategia económica del “chorreo” nunca ha funcionado, y afirmó que ha llegado el momento de que la eco­nomía crezca de abajo ha­cia arriba y desde el centro hacia afuera.

Propuso una reforma fis­cal para que el 1 % más rico de la sociedad realice gran­des aportes, y secomprome­tió a que en la recaudación del impuesto sobre la renta se evitará que los millonarios puedan evadirlo. También le recordó a la sociedad que la clase media y los trabajado­res ya han pagado suficien­tes impuestos.

La recaudación se inver­tirá para reconstruir y cons­truir infraestructuras viales, viviendas, desarrollo de tec­nología, y para favorecer la industria de vehículos eléc­tricos. Además, Biden pre­sentó el “Plan deFamilias Es­tadounidenses”, con un costo de US$1.8 billones, para ayu­dar a las familias a pagar el cuidado infantil (que inclu­ye el preescolar gratuito para personas de bajos ingresos), garantizar que los colegios co­munitarios sean gratuitos en sus primeros dos años, mejo­rar el sistema de becas para estudiantes de bajos ingresos, y proporcionar licencia fami­liar y médica pagada.

Propuso extender has­ta 2025 el crédito tributario por hijo que se amplió du­rante la pandemia, señalan­do que atenderá a más de 65 millones de niños y contribui­rá a reducir la pobreza infan­til a la mitad este año. Asimis­mo, propuso una renta básica universal, al igual que lo ha­bía hecho el republicano Mitt Romney.

Las propuestas para gravar los patrimonios de los más ri­cos no son nuevas. Este im­puesto, con diferentes tasas y universo de contribuyentes, existe en Suiza desde 1840, en Noruega desde 1892 y, discontinuamente, en Islan­dia desde 1970 y en Espa­ña desde 1977. Con diferen­te temporalidad se aplicó en Alemania, Luxemburgo, Fin­landia y Dinamarca. Todos estos países se desarrollaron conviviendo con impuestos al patrimonio.

Al finalizar las dos gran­des guerras del siglo pasado, los países más afectados, pa­ra financiar la reconstrucción de sus territorios y economías, crearon un impuesto a los ri­cos. En 1917, el tributo a las rentas más altas en EE.UU. pasó del 7% al 77% para las rentas superiores al millón de dólares, y en 1925 bajaron, pero el crack del 29 obligó a subirlos nuevamente. El presi­dente Hoover los incrementó al 63%, y Franklin D. Roose­velt al 94%. Una situación si­milar sucedió en Europa. Los países más afectados por las guerras, como Francia o Ale­mania, incrementaron los im­puestos a las rentas altas para financiar la reconstrucción.

Durante el año 2020, a propósito de la crisis del CO­VID-19, 80 personas califica­das como “ultrarricos” a nivel mundial, solicitaron a sus go­biernos pagar más impues­tos para contribuir a paliar los efectos sociales de la crisis. La propuesta ha ido ganando te­rreno, y el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y el Secretario General de las Naciones Uni­das (ONU), han recomenda­do aplicar un impuesto a los súper ricos para para hacer frente a los desafíos económi­cos y sociales postpandemia.

En este contexto, surge la pregunta: ¿cómo se define a los súper ricos? Existen dis­tintas maneras para identifi­carlos. Una de ellas fue pro­puesta por el economista británico Anthony Atkinson, que en 2007 señaló que los ri­cos son aquellos que pueden vivir con los intereses de su fortuna, mientras que los sú­per ricos pueden vivir con los intereses de los intereses de su patrimonio.

Para Atkinson, la deno­minación de rico se asocia a las personas cuyo patrimo­nio equivale a 30 veces el in­greso promedio de la econo­mía, mientras que los súper ricos concentran un patrimo­nio equivalente a 900 veces (30x30) ese ingreso. Incluso propuso una tercera catego­ría para los que detentan un patrimonio 27 mil veces más grande (30x30x30) que el in­greso promedio, y los llamó mega ricos.

A modo de ejemplo, asu­mamos un salario prome­dio de RD$25,000 y un tipo de cambio de RD$57 por dó­lar. Con estos parámetros, la tipología para la República Dominicana sería la siguien­te. Ricos, con un patrimonio de RD$750,000 (poco más de 13 mil dólares), súper ri­cos con RD$22,500,000 de patrimonio ($394,736 dó­lares) y los mega ricos con un patrimonio acumu­lado de RD$675,000,00 ($11,842,105 dólares).

Reconociendo que has­ta ahora los cambios tribu­tarios no han logrado redu­cir la desigualdad estructural que caracteriza a nuestra de­mocracia, se propone dise­ñar una reforma fiscal inte­gral sustentada en principios de equidad, eficiencia y pro­gresividad, que promueva la redistribución del ingreso y la riqueza en favor de las clases medias y bajas, y permita po­tenciar la recuperación de la economía, así como la agen­da de desarrollo social, con el aporte mayoritario de los más acaudalados. Sería inacepta­ble proponer ajustes tributa­rios que castiguen a los ho­gares más vulnerables y a los pobres.

En Argentina se sabe que el impuesto a los súper ri­cos recaudará $2,400 mi­llones de dólares, y en Chi­le se discute la manera en que los grandes patrimo­nios y las rentas más altas, incluyendo la del presiden­te, deben participar en el financiamiento del desa­rrollo. Se ha instalado en el mundo la necesidad de aplicar una tasa COVID pa­ra afrontar la lucha contra el coronavirus y la recupe­ración de la economía, ape­lando a la solidaridad de los que más tienen.

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