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La República domingo, 25 de abril de 2021

Enfoque: Política

Las ingenuas asesinas

El hermano del dictador norcoreano Kim Jong-un fue asesinado por Siti Aisyah y Doan Thi Huong. Asaltaron a la víctima en el aeropuerto de Kuala Lumpur y le restregaron una toxina mortal por el rostro. Ellas creían que todo formaba parte de una broma para un programa de televisión.

  • Las ingenuas asesinas

    La pareja de asesinas

JESAAMI CALKIN
TOMADO DE THE SUNDAY TIMES MAGAZINE

Nacida en 1992, Si­ti Aisyah creció en un pequeño pue­blo de Indonesia. De niña trabajó en una fábrica clandestina en con­diciones de explotación laboral. Pasado un tiempo se casó con el hijo del propietario, con quien tuvo un hijo. Siti tenía 17 años. En 2012 se divorciaron. Siti de­jó al pequeño con la familia de su exmarido y emigró a Kuala Lumpur con intención de pros­perar. Pero acabó prostituyén­dose y en 2017 siendo recluta­da por un taxista, John, para lo que ella creía era un programa de bromas en televisión.

Doan fue reclutada de for­ma más elaborada. Originaria de Vietnam, su padre era cam­pesino. Ella estudió contabili­dad en Hanói, pero no encontró empleo como contable y se pu­so a trabajar de camarera, con el sueño de ser actriz. Llegó a sa­lir brevemente en el programa Vietnam idol.

El 13 de febrero, se reunió con el señor Chang en una cafe­tería del aeropuerto. Su interlo­cutor explicó que otra mujer iba a sumarse a la broma del día. Le indicó que apartara la vista un momento y procedió a aplicarle una sustancia oleaginosa en las manos. A continuación señaló a un hombre que se hallaba en el vestíbulo. Kim Jong-nam. Si­ti fue hacia él y le cubrió la ca­ra con las manos. Un momento después, Doan hizo lo mismo que ella.

Las grabaciones de seguri­dad muestran que ambas mu­jeres se dirigieron a los servi­cios por separado, agitando las manos ligeramente, como si no quisieran tocar nada. La hipóte­sis es que lo que aplicaron a Kim Jong-nam en la cara era una versión modificada del agente nervioso VX, una versión disgre­gada en compuestos diferentes que tan solo resultaba efectiva al unirse y mezclarse otra vez. Es­to explicaría por qué Siti y Doan sobrevivieron al contacto con el producto químico.

Después del atentado, Siti volvió al Flamingo Hotel para trabajar. La Policía no tardó en detenerla. Doan fue detenida en el aeropuerto al día siguiente, donde el señor Chang la había vuelto a citar para practicar otra broma, aunque él no se presentó.

Siti y Doan desconocían quié­nes eran Kim Jong-un y Kim Jong-nam. Eso sí, tanto la una como la otra contaron con abogados de prestigio contratados por sus go­biernos nacionales respectivos, unos letrados que sacaron a relu­cir multitud de indicios que habla­ban de la inocencia de sus clientes. Por ejemplo, millares de mensajes de texto sin la menor indicación de que tuvieran conocimiento del asesinato.

Sin embargo, las cosas no pinta­ban bien cuando el juicio comen­zó, en octubre de 2017. La Fiscalía no estaba interesada en investigar a quienes denominaba «los otros cuatro sospechosos» que habían «adiestrado» a las acusadas.

Fue ese panorama, la posibili­dad de que las dos mujeres fuesen condenadas, lo que decidió a los directores del documental para comenzar su producción. Y ellos fueron los primeros sorprendidos por cómo se desarrolló el juicio. «Ni por asomo sospechábamos lo que iba a pasar. Nos quedamos con la boca abierta», explica Whi­te, el director de la película.

Una vez formulado el alega­to de la Fiscalía, el juez tenía dos opciones: absolver a las acusadas o escuchar los argumentos de la defensa. Sus comentarios sobre el caso venían a indicar que perso­nalmente las consideraba culpa­bles de asesinato. «Es un juez muy respetado», dice White. «Pero el caso tenía una clara vertiente po­lítica. Lo sucedido en suelo nacio­nal suponía una humillación pa­ra el Gobierno malayo. No podían dejar que un asesinato político co­metido en un aeropuerto bajo su jurisdicción quedara impune»..

El juez optó por escuchar a las defensas, pero la vista se fue pro­longando, con varios aplazamien­tos. Por fin iba a reanudarse a co­mienzos de 2019. Y, de repente y sin previo aviso, la Fiscalía pidió que fueran retirados los cargos contra Siti Aisyah.

No dieron ninguna explicación. Siti fue puesta en libertad y no tar­dó en estar a bordo de un avión con rumbo a Yakarta. Por lo vis­to, el Gobierno de Indonesia ha­bía presionado al Ejecutivo mala­yo para lograr su liberación.

A esas alturas, las mujeres lleva­ban dos años encarceladas y se ha­bían hecho amigas, eran vecinas de celda. Tras la puesta en libertad de su amiga, Doan se encontró tan sola como traumatizada. Su abo­gado solicitó el aplazamiento de la vista.

Y, en abril, otra sorpresa: la acu­sación de asesinato contra Doan fue retirada. El cargo ahora sim­plemente era de lesiones, del que Doan se declaró culpable. ¿Las ra­zones? Pues también la negocia­ción de su Gobierno, pero Viet­nam tiene una estrecha relación con Corea del Norte; por eso, su caso se resolvió más tarde. Doan fue liberada el 3 de mayo de 2019.

Kim Jong-nam vivía exiliado en Macao, pero el régimen controla­ba sus pasos… Y había intentado acabar con él un par de veces. No porque constituyera una amena­za efectiva, sino porque se había mostrado públicamente discon­forme con el régimen. También se especulaba que fuera un infor­mante de la CIA. Sea como fuere, acabó muerto en 2017 en el aero­puerto de Kuala Lumpur.


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