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La República lunes, 19 de abril de 2021

Enfoque

Democracia en déficit

  • Democracia en déficit
Hugo Guiliani Cury
Santo Domingo, RD

Estoy de regreso al país en forma definitiva. Fueron muchos años que viví en el exterior y en los quehaceres diplomáticos. Eso quizás me permite ver la realidad del país con un mayor grado de objetividad. Se nota un cambio en la población y en la forma en que viven. Existe una creciente clase media – urbana que tiene muchas expectativas de querer alcanzar un mejor futuro. Buscan lograrlo día a día y en el pasado cercano han hecho esfuerzos colectivos. Han participado en marchas cívicas para acabar con la corrupción y la impunidad, pero no están seguros de haberlo logrado.

Es esa interrogante, lo que me lleva a tener que afirmar que nuestro país no solo tiene buenas condiciones humanas. Pero también otras cualidades que permitiría a los dominicanos alcanzar una vida digna y sus hijos tener un futuro más promisorio. Pero esto no lo hemos logrado. Desde el 1966 hemos elegido gobiernos cada cuatro años y en ese período no hemos tenido interrupciones, es decir, golpes de estado en el ejercicio democrático que hemos llevado a cabo. Hemos sido junto a Costa Rica el de más larga duración en el hemisferio occidental. En eso hemos progresado. También hemos crecido económicamente, sin embargo, la pobreza y las desigualdades siguen siendo enormes. Estamos frente a un proceso de urbanización desorganizado y en el cual las desigualdades se han acentuado. Esas diferencias son más notorias en nuestra capital con los enormes y lujosos edificios y comercios que conviven con chozas, donde los que allí viven nada tienen. La falta de reglas, orden y autoridad han dado lugar a una ciudad caótica, peligrosa, sucia y enormemente fea. Su crecimiento urbano desordenado y creciente población han generado nuevas clases de personas, unas pobres y marginadas y a la vez otras muy ricas y ostentosas. Estas últimas exhiben autos, joyas y lujos que contrastan con la pobreza de las grandes mayorías. Esta es una realidad que hiere el corazón a cualquiera.

¿Por qué ha sucedido eso en un país rico en recursos naturales y de una población con una cultura bastante homogénea? No hay explicaciones fáciles. Sin embargo, la realidad está a la vista de todos. Aún dedicando un 4% del PIB, la educación es de las peores del mundo. Igualmente, la salud pública es deficiente, la cual unida a un sistema de seguridad social cuya meta es la masificación y no la calidad, dan como resultado una población que sufre de enfermedades, miseria y escasez en materia económica. Esto nos indica que cada vez más nos alejamos de ser un país productivo, eficiente y organizado. Importamos gran parte de nuestra comida y es poco lo que producimos para consumo local y para exportar. Aún con esos problemas, permitimos un flujo diario de inmigrantes haitianos, ese país, si así se pudiese llamar, es el más pobre del hemisferio. Ese flujo de personas crece, nada bueno nos trae y dentro de pocos años incidirán en la política y en la desaparición de nuestra identidad nacional. Al fallar en disminuir los niveles de pobreza y las desigualdades, estamos en déficit con nuestro pueblo. Creo que nuestra vibrante sociedad reconoce eso y busca encontrar soluciones. Pero ocurre que para lograrlo se necesita de un liderazgo inspirador, efectivo e ilustrado. En eso también hemos fallado. En todas estas décadas, la dirección pública, con raras excepciones, no ha contado con personas de una sólida formación ideológica y académica. Pero tampoco han tenido esas personas una larga experiencia en asuntos de estado. Es obvio que hay excepciones y hemos tenido presidentes y altos funcionarios de buena formación y experiencia. Pero todos, seis de ellos, desde Julio 1966 hasta Agosto 2020 han sido cautivados por el poder seductor de querer quedarse.

Es notorio que un número s igni f icat ivo de nuestra gente se va del país en busca de una mejor vida. Sus remesas son vitales para tener dólares e importar bienes que quizás no son necesarios en un país pobre como el nuestro. Esos dólares convertidos en pesos los reciben sus familiares aquí y muchos de ellos se han transformado en vagos y adictos a los juegos. Nos hemos convertido en grandes consumidores de artículos de lujo siendo un país pobre. En parte debido a que el diseño y aplicación de las políticas públicas no hayan sido las más adecuadas. El resultado no ha sido bueno, los sistemas de salud, protección social, seguridad ciudadana y educación son de los peores a nivel mundial.

Para mejorar, el país necesita de un liderazgo que inspire a la unión y que su accionar y administración sea el de un verdadero reformador de nuestras actuales estructuras políticas, económicas y sociales. Es necesario una reforma política de la administración pública y sus diferentes organismos. Pero todo debe comenzar en la forma equivocada en que se realizan las tareas que les corresponden al presidente, a sus ministros y partidos políticos. El tipo de democracia que hemos tenido ha sido conservadora y de pocos avances en la organización política y económica de la sociedad. Tenemos que preguntarnos sobre la mejor forma de avanzar en el futuro cercano. Debemos acelerar y conducir a esta sociedad hacia un proceso de reformas estructurales antes de que en el panorama político hagan presencia aquellos que prefieren los gobiernos autocráticos.


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