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La República domingo, 28 de febrero de 2021

LA ARRANCADA

Un militar vencido por sus crímenes

  • Un militar vencido por sus crímenes

    El guerrero que nunca se dio por vencido.
     

  • Un militar vencido por sus crímenes
  • Un militar vencido por sus crímenes
  • Un militar vencido por sus crímenes
  • Un militar vencido por sus crímenes
Fátima Uribarri
Tomado de XL Semanal

“Francia, el ejército, Josefina”… Dicen que esas fueron sus últimas palabras antes de morir, el 5 de mayo de 1821, en la isla de Santa Elena, donde estaba recluido. Dicen también que murió envenenado con arsénico. Eso dicen. «Como no se sabe la causa exacta de su muerte, abundan las leyendas».

Doscientos años después de su muerte, Napoleón Bonaparte continúa alimentando leyendas y pasiones. Para unos es un grande de la Historia, a la altura de Julio César; otros, sin embargo, lo equiparan con Hitler y Stalin. Coinciden todos, eso sí, en que era un hombre de una capacidad excepcional.

Despertó sentimientos encontrados ya en su tiempo. «Fue un ídolo en España -era nuestro aliado en Trafalgar- hasta que se quedó con la Corona. Eso sublevó a los españoles», cuenta Luis Sorando, presidente de la Asociación Napoleónica Española.

Bonaparte era capaz de compartir rancho con sus soldados antes de la batalla y de no mostrar el más mínimo sentimiento ante sus cadáveres. «Al traducir su correspondencia con Josefina, mi opinión sobre él empeoró. A veces escribe en el mismo párrafo ‘hemos tomado tantos cañones, hemos dejado miles de muertos, ay, cómo me gustaría entrar en tu jardín’. Hay en él una gran frialdad por las víctimas, de su bando y del enemigo. Era un psicópata», dice Ángeles Caso, autora de Napoleón y Josefina: cartas, en el amor y en la guerra. «Es un personaje de su época.

Emprende guerras, sí; ni más ni menos que el resto. No hay ningún país de Europa antes del siglo XIX que amplíe sus fronteras sin una guerra. Y es emperador porque tiene enfrente a otros emperadores», afirma, no obstante, Miguel del Rey.

Napoleón expandió reformas que terminaban con el sistema señorial, estimulaban el libre comercio y separaban los tribunales de la administración, entre otras cosas. Pero hubo sangre de por medio. «Para el Código Civil no era necesario degollar, mutilar y violar a millones de personas», manifiesta el eurodiputado Javier Nart, muy interesado en Bonaparte.

Napoleón hizo cosas terribles, pero era muy inteligente. Además de un gran lector, admirador de los clásicos griegos. Hay que analizarlo en su contexto histórico, a él y a cualquier figura de la Historia.

En su época había otra manera de pensar, había reyes con poder absoluto. A su manera supo llevar el imperio y sus hazañas bélicas con una inteligencia prodigiosa. Los franceses no han querido borrar su rastro, no hay más que visitar París. Es un personaje atractivo, no se justifica lo que hizo, pero es una de las figuras más importantes de la historia.

La degradación de Napoleón Bonaparte fue cuando se coronó emperador. Durante el consulado es admirado por la creación del Código Civil. Quiso establecer una unión europea a su manera, rescatar a países que estaban en decadencia y hacer una Europa más fuerte. Cuando empezó a poner a sus hermanos como reyes de otros países, se corrompió de alguna manera.

Fue un ilustrado. A Egipto, por ejemplo, se lleva científicos y arqueólogos a los que debemos el conocimiento de la civilización egipcia. Pero defrauda porque asume los valores de poder absoluto contra los que había luchado, se convierte en un dictador e instala monarquías vinculadas a su familia, esa es su gran contradicción. No solo se puede ver al Napoleón dictatorial, absoluto y totalitario. Tiene a sus espaldas la sangre de millones de personas y el error de la invasión de Rusia, donde mueren 500.000 franceses. Y su hermano José Bonaparte se llevó de España los mejores códices medievales… Es contradictorio, como todos los grandes de la Historia.

Cuando llega a París, es un militar corso y para los franceses, que son tan centralistas, venía como del fin del mundo. Además, llega con las suelas rotas y es muy pequeño: se lo conocía como ‘el alfeñique’. Cuando Josefina lo conoce, lo desprecia, incluso lo llama ‘perro mojado’ porque Napoleón tenía el pelo muy largo. Se casan y Napoleón empieza las campañas por Europa. Su correspondencia con Josefina es patética: él le pide que no se acueste con muchos hombres porque la quiere. Es un cornudo llorón. Ahí aflora un personaje distinto del de los libros de Historia. Con Josefina era un felpudo: ella era la que mandaba en esa relación. Tenía dos caras: es el gran emperador y es un hombre inseguro y, al principio, patético.

Era tal su ambición que le dio igual tener millones de muertos sobre su conciencia. Y también fue un expoliador. Su relación con su hermano José es interesante: se envidiaban mutuamente. Napoleón envidiaba a José porque tenía un éxito arrasador con las mujeres. Napoleón no tuvo tantas amantes; tenía sus ambiciones resueltas por otro lado.

Táctica militar”
Congeniaba con la tropa, se sabía el nombre de los soldados, comía con ellos y lo mismo que ellos. Lo sentían cercano y lo seguían adonde fuera. Antes a nadie le importaba un soldado herido, pero en su ejército nacieron las ambulancias.

Napoleón también se preocupó de que hubiera hospitales de campaña para los heridos. Se ocupó de la logística: impulsó el invento de las latas de conserva porque le preocupaba el abastecimiento de su ejército. Y en los avances de armamento estaba a la última. Fue un general majestuoso, revolucionó la táctica militar. Era muy concienzudo. Estudiaba al detalle el campo de batalla antes del combate, lo hacía de modo casi matemático. Y su ejército destacó sobre todo en la rapidez. Napoleón entrenaba a sus soldados para ser los más veloces, eran los primeros en llegar al campo de batalla, y eso contribuyó a sus victorias.

La caballería francesa también era la mejor entrenada. En la Grande Armée había soldados de distintos países, pero todos seguían la misma disciplina. Napoleón tenía al ejército a sus pies. Me llaman mucho la atención los uniformes, la estética de la época, ese colorido. La caballería del ejército de Napoleón era majestuosa, las chaquetas, los húsares… todo era como de ópera, con colores muy bonitos y llamativos. Siempre ha habido dolor y sufrimiento en la guerra, pero estéticamente es una de las épocas más hermosas en los uniformes.

Era un egocéntrico, un divo, eso fue lo que le perdió.