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La República domingo, 17 de enero de 2021

Enfoque: Historia

‘Era la noche’: Memoria, dolor y fuegos fatuos

  • ‘Era la noche’: Memoria, dolor y fuegos fatuos
  • ‘Era la noche’: Memoria, dolor y fuegos fatuos
  • ‘Era la noche’: Memoria, dolor y fuegos fatuos
Esther Andradi
Tomado de “La Jornada Semanal”

 Pedro Martín, el último sobrevi­viente español del campo de concentración de Sachsenhausen, a 40 ki­lómetros de Berlín, donde estuvieron confinadas más de 200 mil personas, murió en abril de 2020 a la edad de noventa y cinco años. Pedro, hijo de obreros es­pañoles migrantes en la pe­riferia de París, vivió para contarlo. ‘Era la noche’, su testimonio en francés, aca­ba de ser publicado en es­pañol.

El 22 de abril por la tar­de, era domingo, todavía se escuchaban los combates que se libraban a nuestro alrededor. Unos estruendos tremendos. Entonces des­de, la cama de la enferme­ría, yo podía ver la puerta principal del campo en dia­gonal, y de repente la puer­ta se abre y veo que apare­ce un ruso con la metralleta en la mano… entonces se le acercan algunos prisione­ros, auténticos fantasmas, esqueletos vestidos con ha­rapos a rayas. Al tenernos delante, nos miró, y se le ca­yó la ametralladora al suelo. De rodillas, rompió a llorar. Y nosotros, también.”

Así recuerda Pedro Mar­tín el día de la llegada del Ejército Rojo al campo de concentración de Sachs­enhausen adonde había si­do deportado desde Fran­cia en 1943, a los diecisiete años. Obligado a trabajos forzados, soportó un confi­namiento infernal, de gol­pes, muertes, torturas, ham­brunas. Antes de abandonar ese infierno, vio “una sa­la llena de cadáveres hasta el techo. Ya los hornos cre­matorios no funcionaban y los cuerpos llevaban días amontonados. Salía un olor hediondo. Pestilente. Esa fue la última imagen que tuvimos de Sachso antes de partir”

Después de la libera­ción, pasó tres meses deba­tiéndose entre la vida y la muerte pero logró sobre­vivir, reinsertarse en la so­ciedad y crear una fami­lia en Normandía, Francia. Su testimonio Era la noche (C´était la nuit, en el origi­nal en francés) es el resul­tado de un año y medio de conversaciones con el histo­riador Jean-Pascal Auvray que cuando conoció a Pedro Martín le propuso la escritu­ra del libro.

“Estuvo un año y medio respondiendo preguntas, gracias a una relación muy especial que se dio con el historiador, y ese tiempo fue realmente muy difícil para Pedro, fue como volver a re­vivir el trauma por todo lo sufrido”, cuenta Hugo Sán­chez Rey, traductor al espa­ñol y editor del libro de más de trescientas páginas.

En la biblioteca del Me­morial, el autor se encontró con el testimonio de C´était la nuit: Pedro Martín, hi­jo de inmigrantes españo­les en el distrito de Auber­villiers, famoso “cinturón rojo” de París por su histo­ria obrera, luchador desde muy joven en la Resisten­cia Francesa contra la ocu­pación alemana, arrestado por la Gestapo y deportado a Sachensausen.

–¿Qué fue lo que motivó su decisión de traducir al español y difundir el tes­timonio de Pedro Martín?

El principal motivo fue que me encontraba an­te uno de los testimonios más completos y valien­tes que había leído nun­ca (quitando a los clásicos claro, como Primo Levy o Jean Améry), y que reco­rría el arco completo de  una vida, desde su naci­miento hasta la reinser­ción en la sociedad. Y lo más importante, Pedro no se calla nada, lo cuen­ta todo en su crudeza. La mayoría de los testimo­nios que existen se que­dan en la superficie, el su­perviviente no se atreve a ir más allá (por motivos más que evidentes). Du­rante el año y medio que duró la entrevista de Jean-Pascal Auvray, Pedro pe­gó un bajón físico y moral tremendo, hizo un esfuer­zo descomunal para que esta historia no cayese en el olvido.

Cuando finalmente usted conoció a Pedro Martín quedó deslumbrado con su personalidad, ¿cómo  fue ese encuentro?

Lo que me impresio­nó de Pedro fue que me recibiera (tenía noventa y tres años) y que a pe­sar de todo conservase un sentido del humor en­vidiable. Hablaba de sus experiencias en el campo esbozando una sonrisa. “¿De que se ríe, Pedro?”, le pregunté. “Es que des­pués de haber sobrevi­vido a todo esto es como para morirse de risa”, me contestó.

–Era la noche es un tes­timonio muy completo pa­ra la historia de Europa del sglo xx: la migración de una familia trabajadora de Es­paña a Francia, la resisten­cia antifascista, el campo de concentración, ¿cómo  se recibe en España? ¿Y en Alemania, existe alguna po­sibilidad de traducción al alemán?

–Será que no he sabido mover bien los hilos, pe­ro el testimonio de Pedro Martín es totalmente desco­nocido en España. Traduc­ción al alemán no lo sé, es­taría bien que se encargase la editorial Metropol. Se lo propondré, aunque sé de antemano que sin ningún contacto mi petición caerá en saco roto.

El 28 de abril, y en medio del confinamiento por la pandemia, murió Pedro Martín, el protagonis­ta de Era la noche. ¿Qué sintió usted con la des­aparición física de esa voz de denuncia tan va­liente?

Yo lo llamé el día del 75 aniversario de la liberación del campo, apenas podía ar­ticular palabra, pero aún así me dio ánimos para seguir difundiendo su legado, y en esas estamos, en el compro­miso de que su voz no se ex­tinga.

Recuerdo con angustia mi visita al campo de Sa­chsenhausen, es como si el aire devolviese el sufri­miento de las más de 200 mil personas que estu­vieron encarceladas allí, en condiciones infrahu­manas. ¿Qué se siente al trabajar como guía en el campo?

Tras ocho años hacien­do visitas guiadas sigo aprendiendo, sigo inten­tando exponer claramen­te la vulnerabilidad del ser humano, cómo sencillos padres de familia se con­virtieron en asesinos y có­mo prisioneros al borde de la muerte consiguen orga­nizar la resistencia. El aba­nico de comportamientos dentro del campo es infi­nito, se dan todos los dile­mas y todos las situaciones dramáticas de la existen­cia. A pesar de todo es una escuela de vida si se consi­gue transmitir en toda su complejidad.

“Los libros son fuegos fa­tuos”, dice en la presen­tación de la editorial del mismo nombre que usted ha creado y cuyo primer libro es Era la noche. Fue­gos y libros, una combina­ción explosiva, ¿no cree?

Desde luego, los bue­nos libros nos iluminan por dentro...


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