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La República viernes, 30 de octubre de 2020

voEnfoque

Sistema electoral de EU: una eterna paradoja

  • Sistema electoral de EU: una eterna paradoja
Virgilio Malagón y Álvarez, PHD.
Santo Domingo, RD

Ante la inminente ocurren­cia del próximo torneo elec­toral, he querido esbozar, de una manera sucinta, las ra­zones del porqué, en los Es­tados Unidos de Norteamé­rica (EE.UU.), se prefiere utilizar el mecanismo de los colegios electorales, en vez del voto popular; este es un tema que apasiona y produ­ce gran curiosidad entre los analistas políticos e investi­gadores sociales.

Las eleccio­nes presidenciales de 2020 se celebrarán el martes 3 de noviembre de 2020, y se­rán las No.59.ava elecciones presidenciales en Estados Unidos. Los votantes elegi­rán a los compromisarios que a su vez deberán esco­ger al nuevo presidente y vi­cepresidente a través del Co­legio Electoral.

En los EE.UU., el Colegio Electoral (CE) se mantiene vigente desde hace más de dos siglos después de que los redactores de su Constitu­ción lo empoderaron para la selección de sus presidentes. A pesar de sus imperfeccio­nes, este sistema electoral ha sido relativamente exitoso, a los ojos del norteamericano común.

Muchos norteamerica­nos no asimilan, en su to­talidad, el hecho de que cuando emiten su voto en una urna, para seleccio­nar a su presidente, lo que realmente está ocurriendo es que están emitiendo un voto para establecer UN vo­to colegiado a favor de un representante del Colegio Electoral.

Estos representantes son designados y nombrados por el poder legislativo es­tatal y equivale al núme­ro de senadores y diputa­dos que cada Estado de la Unión tenga en el Congre­so. Inclusive, este mecanis­mo está muy bien especifica­do en la Constitución de los EUA, en su Artículo II, Sec­ción 1, Cláusula No.2.

Para elegir a un candida­to a la Presidencia y Vicepre­sidencia, se necesitan 270 votos del Colegio Electoral, de un total de 538, o sea el 50.19%, que en términos lai­cos seria el 50% más un vo­to. La votación se efectúa el lunes siguiente al segundo miércoles del mes de No­viembre, inmediatamente después del cierre de las vo­taciones de este año.

Trasfondo histórico

Ahora bien, cabe pregun­tar: ¿Cuáles son las causales que ampararon este sistema de votación? Veamos.

1-El paradigma principal que amparó la creación del Colegio Electoral fue elimi­nar los riesgos que podrían surgir del accionar de la ma­yoría, sin tener en cuenta los derechos de las minorías.

2-Los Fundadores de la Constitución Norteameri­cana pensaron que una en­tronización de ¨La Dictadu­ra de las mayorías¨ atentaba al régimen político, de corte Federalista, que establece su Constitución.

Casos como los de las elecciones del 1824, 1876, 1888 y las del 2000 pudie­ran justificar la existencia del Colegio Electoral, ya que en estas elecciones la volun­tad popular no pudo elegir al presidente de los EUA y en­tonces se establecieron los ganadores a través de este mecanismo del CE.

Es más, este paradigma constitucional prevé que en caso de que el voto popular favoreciera a un criminal o antisocial, entonces el Cole­gio Electoral puede revertir este desaguisado y optar por un candidato con mejores virtudes y propósitos.

3-Estos fundadores ha­bían sido testigos de los co­lapsos de otras repúblicas debido a procesos electora­les abortivos y sangrientos, por la imposición de las ma­yorías. Obviamente, que esta imposición atentaba contra el régimen democrático con­cebido por ellos en base a los postulados federalistas.

4-Estos postulados hacían énfasis en el poder de los es­tados de la Unión ante el vo­to popular universal. De es­ta forma, ellos pueden elegir miembros del Colegio Elec­toral, que verdaderamente represente los intereses de cada estado; verbigracia, los industriales, agropecuarios, tecnológicos, financieros, turísticos, etc.

5-Después de más de 200 años de hacer cumplir y va­ler este sistema, algunos to­davía ven este mecanismo como peculiar y excluyen­te, que incluso favorece a los Estados de la Unión más pe­queños en detrimento de la ¨mayoría¨, al otorgarle un poder proporcionalmente mayor que a los Estados más grandes. Sin embargo, a pe­sar de las elucubraciones pa­ra su abolición, este sistema trabaja, aun con sus injusti­cias, como la que se cometió con Al Gore en el año 2000.

Como podrán apreciar, las elecciones norteamerica­nas se desarrollan en un am­biente muy peculiar, donde los intereses estatales están por encima de los del ciuda­dano común.

Cuando un ciudadano entra a una urna, en el día de las elecciones presiden­ciales y vicepresidenciales, la boleta tendrá los nomina­dos a estas candidaturas. Sin embargo, ese voto va directo a la pizarra de los Electores del Colegio Electoral, que apoyan a esos candidatos nominados.

Cada Estado tiene tantos miembros del colegio Elec­toral como senadores y di­putados tengan. De ahí que la representación estatal sea proporcionalmente igualita­ria al número de legislado­res.

Mecánica de ejecución

Cuando el gobernador de cada estado o el oficial eje­cutivo designado por este, certifica los resultados de la elección, también certifican la lista de electores del CE que votarán por los candi­datos que ganaron una ma­yoría en ese estado (Esto NO significa que el que sacó más votos arrase con los votos del CE).

Ahora bien, dentro de es­te esquema podría darse lo siguiente:

1-En primer lugar, debido a que los estados más peque­ños están sobrerrepresenta­dos en el Colegio Electoral y todos los estados excep­to dos (Maine y Nebraska) los acreditan sobre una base de “El ganador toma todo”, es posible que un candidato pierda el voto popular y, sin embargo, gane en el Colegio Electoral. Esto ha ocurrió en el 2000.

2-En segundo lugar, la Constitución Federalista asumió que los Electores del CE son poseedores de to­da la información sobre los candidatos, por lo tanto se consideran agentes libres, no como los delegados de un partido comprometido. De ahí que, no existe ningu­na restricción sobre por cual candidato elegible podría votar un Elector del CE.

Esto se debe a que NO existe una ley Federal que impida a un Elector del CE cambiar de opinión y vo­tar por alguien que no sea el candidato al que se compro­metió.

Si bien hay leyes en varios estados que vinculan a los Electores del CE con sus can­didatos, estos nunca han si­do encartados o condenados en las jurisdicciones federa­les o Estatales.

NOTA: Si para estas elec­ciones del 2020 la mayo­ría de los Electores del CE (ECE), aceptaran cambiar sus votos de la misma mane­ra, podríamos amanecer en enero y percatarnos de que éstos ECE habían acordado un candidato que nadie ha­bía considerado.

3-Finalmente, si ningún candidato obtiene la mayo­ría en estas elecciones, ya sea porque un candidato, ni Re­publicano ni Demócrata, ga­na suficientes votos electora­les o por un empate técnico (si ambos candidatos tradi­cionales principales gana­ran 268 de los 538 votos), las elecciones presidenciales serían referidas a la Cámara de Representantes, mientras que el escrutinio vicepresi­dencial sería referido al Se­nado.

De ahí que, los miembros de ambas Cámaras votarían, no como individuos, sino por Estado, con cada estado reci­biendo sólo un voto. Esto así, gracias a otro de esos com­promisos federalistas, entre la representación del pueblo y la representación de los Es­tados. Entonces, la Gran pa­radoja seria sería la siguien­te:

¿Votarían los miembros por los candidatos que ga­naron los votos más popula­res, o por los candidatos de su propio partido? Podría­mos terminar con un Presi­dente y un Vicepresidente de diferentes partidos, una si­tuación que no ha ocurrido desde 1796.

Para finalizar, así como el Colegio Electoral fue un compromiso entre diferentes requisitos y posiciones polí­ticas en 1787, hoy en día es un compromiso incómodo entre el diseño de 1787 y la idea de un voto popular que se utiliza para la mayoría de los otros cargos electos. Eli­minar el Colegio Electoral requeriría aprobar una en­mienda constitucional, en sí mismo un proceso complejo.

Se necesitaría una crisis para impulsar tal esfuerzo. Probablemente requerirá que la gente pierda la fe en el Colegio Electoral por com­pleto antes de que se haga un esfuerzo serio para elimi­narlo.