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La República domingo, 27 de septiembre de 2020

El MININT contra Claver-Carone

  •  El MININT contra Claver-Carone

    El nuevo presidente del BID, el cubano-americano Mauricio Claver-Carone

  •  El MININT contra Claver-Carone
Carlos Alberto Montaner

Las cosas no van bien para el Socialismo del Siglo XXI. Esa es otra mala noticia pa­ra Cuba. La estrate­gia contra Mauricio Claver-Ca­rone, el electo presidente del BID, fue formulada por los ex­perimentados operadores del Ministerio del Interior cubano, el tristemente famoso MININT. Querían castigarlo a cualquier costo.

Alberto Fernández, presiden­te de Argentina, y Andrés Ma­nuel López Obrador –AMLO pa­ra sus amigos y enemigos--, el mandamás de México, se pres­taron para ello. Quisieron dila­tar la elección del presidente del Banco Interamericano de Desa­rrollo (BID) para que no nom­braran al cubanoamericano Mauricio Claver-Carone.

No pudieron. Como ambos tienen buena información, su­ministrada por sus embajadas y por el MININT cubano, pen­saban que Joe Biden tenía unas buenas posibilidades de ganar las elecciones del 3 de noviem­bre. “Muerto el perro (Trump), terminaría la rabia washingto­niana pro Claver Carone”, solían decir los agentes sotto voce.

¿En qué se equivocaron?
Sencillo: el circuito La Habana-Caracas-Managua carece de re­cursos (se los han robado todo) y Lula da Silva, Evo Morales y Rafael Correa, los apóstoles del “Socialismo del Siglo XXI”, han sido condenados por peculado y fraude. En el caso del bolivia­no, además, pende sobre Evo la fea acusación de pedofilia y es­tupro.

Es una corriente de pensa­miento afortunadamente li­quidada o muy débil. Gustavo Béliz, el economista argentino que Alberto Fernández se ha­bía sacado de la manga tras pe­dírselo La Habana por medio de Cristina F. Kirchner, ni si­quiera tuvo el apoyo de los paí­ses del Mercosur. Brasil, Uru­guay y Paraguay votaron a favor del cubanoamericano, no sólo porque era un buen abo­gado con experiencia en la ban­ca internacional, sino porque les parecía ridículo el argumento de que “no era un latinoamerica­no”.

Era como oponerse a Luis Al­berto Moreno, el anterior pre­sidente del BID, porque había nacido y estudiado en Estados Unidos. O a Enrique Iglesias, un gran funcionario, porque nació en España (es asturiano) –tam­bién expresidente del BID- y os­tentaba la doble nacionalidad (uruguaya y española). Circuns­tancia que le fue muy útil para ocuparse de las “Cumbres Ibero­americanas” cuando abandonó la presidencia del BID y se radi­có en Madrid.

Lo asombroso es que cayeran en la trampa urdida por el MI­NINT dos políticos experimenta­dos como Patrick Leahy, senador de Vermont (un viejo conocido de los handlers cubanos), y Jo­sep Borrell, una especie de Mi­nistro de Relaciones Exteriores de la Unión Europea, miembro prominente del PSOE, antico­munista y antinacionalista de la cuerda de Felipe González.

El MININT le disparó todo su arsenal a Claver-Carone. Prime­ro, el senador Leahy,  vicepre­sidente del “Comité de Asigna­ciones del Senado”, amenazó veladamente en oponerse a en­tregar los fondos de capitaliza­ción que presta Estados Unidos por medio del BID. No surtió efecto.

Después los operadores del si­niestro organismo consiguieron que seis expresidentes iberoame­ricanos firmaran una carta feroz contra Claver-Carone, en la que se hablaba de la “dignidad” la­tinoamericana, supuestamente herida por ese nombramiento, y se pedía el aplazamiento hasta marzo de la selección del nuevo presidente del BID. Tampoco les hicieron caso.

Por último, lograron que Bo­rrell, que por lo demás, es un hombre sensato, involucrara a la Unión Europea -lo que no ca­yó nada bien en la Institución- en la estrategia para impedir que el cubanoamericano fuera elegido como presidente de la entidad clave en el desarrollo latinoame­ricano.

¿Por qué ese empeño del MININT en destruir a Claver-Carone?
Porque no le perdonan que uti­lizara sus destrezas de abogado bancario para ayudar a localizar a los ladrones venezolanos de fondos públicos. O que siguiera la pista de las desvergüenzas de Odebrecht en media América, in­cluido el Puerto de Mariel, donde se robaron y repartieron 201 mi­llones de dólares, más del 20% de la inversión brasileña desem­bolsada. Y, obviamente, porque lo señalan de ser el dedo acusador detrás de la cascada de sanciones que les han caído a numerosos pi­llos latinoamericanos.

Afortunadamente, si las elec­ciones las ganan los demócratas de Biden, como provisionalmen­te apuntan las encuestas, van a continuar las sanciones. Es, co­mo se supone que sea la políti­ca exterior: una estrategia bipar­tidista. No debe olvidarse que el 9 de marzo de 2015, el presiden­te Barack Obama comenzó la era de las sanciones cuando les revo­có la visa a siete funcionarios ve­nezolanos cercanos a Maduro.

En esa oportunidad Obama declaró que Venezuela era una “amenaza inusual”, sin adver­tir la incongruencia de, simultá­neamente, restablecer relaciones con Cuba, que era el poder detrás del trono. Venezuela sigue sien­do una amenaza inusual no só­lo para Estados Unidos sino pa­ra sus vecinos latinoamericanos, como no se cansan de denunciar los congresistas demócratas y re­publicanos del sur de la Florida. Continuará, pues, el acoso.

@CarlosAMontaner. CAM’s latest book is Sin ir más lejos (Memories). Published by Debate, a label of Penguin-Random House, the book is available through Amazon Books.