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La República viernes, 18 de septiembre de 2020

Enfoque

Inicio de clases: Un desafío multidimensional para la comunidad educativa

  • Inicio de clases: Un desafío multidimensional para la comunidad educativa
Rafael G. Guzmán Fermín

 Después de largas dis­cusiones y análisis de la situación por la crisis generada por la pandemia, al fin esta­mos en el umbral del inicio de clases en escuelas, cole­gios y universidades, cir­cunstancia que plantea un desafío multidimensional a la comunidad educati­va, especialmente al Esta­do, que debe enfrentar un asunto tan vital como lo es la educación, generadora del verdadero desarrollo humano y económico de la nación.

Desafío aun mayor da­da la errónea inversión plagada de corrupción del pasado gobierno que solo “invirtió” el 4% más en el negocio lucrativo de cons­trucción de infraestructu­ras que en las verdaderas áreas prioritarias, como son la de formación de la cali­dad de maestros, elevar el nivel educativo de compe­tencias en los alumnos, la invención e investigación científica y en la indispensa­ble preparación de nuestros jóvenes estudiantes libres para asumir sus vidas y que estén en capacidad de desa­rrollar la curiosidad de sus propios talentos para que al final aprendan oficios voca­cionales.

En el caso de los universi­tarios, es sabido que la gran mayoría va a estudiar enfo­cados en la idea de obtener un título universitario, por lo que la primera tarea de los profesores es hacer in­terpretar a aquellos que no asisten con ese propósito, que el estudio o la cultura es solo para obtener una ca­rrera, sino que sirven esen­cialmente para la formación de ciudadanos libres, en ca­pacidad de razonar con su propia cabeza, lograr la au­tonomía de vuelo de libre elección de sus vidas y así no estar “narigoneados” por la ignorancia, anzuelo pre­dilecto de los políticos ines­crupulosos y populistas.

Otro reto por enfrentar es la rapidez que la sociedad demanda en obtener lo que desea, sacrificando el bello y fiable proceso del lento aprendizaje por la celeridad de un “microondas” educa­tivo. Tenemos que aprender de la sabia naturaleza, que nunca da saltos sino que se maravilla en sus graduales procesos, como los hermo­sos amaneceres o atardece­res que transcurren entre el día y la noche.

Estamos sumergidos en una vida de prisas, de fáci­les e instantáneas recom­pensas, y es frecuente olvi­dar el camino, desdeñar el proceso, que es lo que más nos puede enseñar, apar­te de poder disfrutarlo. Por eso, la calidad de los maes­tros es fundamental, pues ellos, cuando son buenos, pueden cambiar la vida de sus estudiantes para siem­pre.

A modo de ilustración deseo invitar al lector a leer el poema ÍTACA, del poeta griego Constantino Cava­fis (1863-1933), en el cual nos enseña sobre la tras­cendencia de que el viaje es más importante que la meta y aprovechar ese recorrido para disfrutar del camino, y no solo estar añorando con prisa el objetivo. Esta metá­fora es aplicable a muchos procesos de nuestras vidas.

La educación no debe ser solo un negocio

Por tanto, el método de beneficio-velocidad están arruinando no solo a las es­cuelas y universidades, sino también el patrimonio artís­tico, la investigación cientí­fica y lamentablemente, las relaciones humanas. Todo lo ven desde el punto de vis­ta del mercado y gestionar a una universidad como una empresa en la búsqueda de beneficios, es un sistema nocivo que perjudica al ma­yor y mejor recurso de una nación: los seres humanos.

Para formar buenos pro­fesionales hay que dedicar­les tiempo y no meterles presión con las prisas; tie­nen que dejar de ser “fabri­cas” de diplomas en desme­dro del nivel académico, esto se refleja en un bajo ni­vel cultural, pues exigen el mínimo.

Muy por el contrario, así como el buen entrenador exige más y más a un atle­ta hasta llevarlo al máximo de sus capacidades físicas y en sus talentos hasta ser exi­toso, de la misma manera, las instituciones educativas deben de exigirle más a sus alumnos, pues en sus vidas ellos cosecharán las cosas que han cultivado.

Aquí les comparto una lección que solía decir el fi­lósofo, matemático y lin­güista austríaco Ludwig Wittgenstein: “Yo no estoy orgulloso de las cosas que he aprendido, ni de los li­bros que he escrito. Estoy orgulloso del esfuerzo que he hecho para aprender. Porque es este esfuerzo el que hoy me da el derecho a la palabra”.

El Estado debería en­focarse en evitar que los maestros y profesores uni­versitarios sean converti­dos en burócratas de los consejos de las facultades o en hombres de negocios, pues el énfasis debe de es­tar en que reorientar y pre­parar mejor académica­mente a los docentes para que puedan entusiasmar a sus estudiantes y alimentar sus vocaciones profesiona­les, para que se formen con pasión y amen su futuro tra­bajo dando el máximo ren­dimiento. Esto nos dará ex­celentes recursos humanos y ayudará a sus empresas a progresar empujando el desarrollo económico de la nación.

En esos centros educati­vos deberían enseñar a los estudiantes que los valores de la vida y felicidad no es­tán en lo monetario, pues se puede tener dinero y ser infeliz o puedes ser rico y nunca haber entendido lo que es la vida y vivir.

Los grandes valores no son esos, los inmensos va­lores son la solidaridad hu­mana, la democracia, los valores de justicia y el res­peto a la ley, son todo aque­llo que nos une como socie­dad en valores para el bien común.

Los buenos profesores

En esta época moder­na las tecnologías nos es­tán haciendo cada vez más dependientes de ellas, con mérito incuestionable, pe­ro nunca pueden pretender sustituir al maestro, pues el profesor debe de ser la pie­dra angular de los construc­tores de la sociedad de un país, pues a diferencia de las máquinas digitales, ellos transmiten su humanidad.

¿Por qué los buenos pro­fesores son los que constru­yen efectivamente la buena escuela? Porque esos bue­nos maestros nos ayudan a comprender las cosas de la vida, pues si un buen profe­sor hace comprender a sus estudiantes, aparte de sus materias académicas, que deben estudiar y poner todo el esfuerzo en aprender en todo lo que hagan en la vi­da, y que al final recogerán esos frutos, esos estudian­tes seguirán a su maestro; pues los estudiantes nece­sitan pensar que no se es­tudia solo para ir a traba­jar, sino que se estudia para metas más elevadas, que es hacer hombres y mujeres li­bres llenos de valores sanos para el presente y el futuro.

Papel de la educación en el desarrollo de la sociedad

Si hacemos un recorri­do por aquellos países que eran más subdesarrollados que el nuestro veremos que todos ellos invirtieron en educación, salud y políticas anticorrupción, pues el fu­turo de una sociedad se mi­de junto al nivel educativo.

¿Qué quiere decir es­to? Que el Estado está pro­porcionando la importan­cia vital de las columnas principales de la dignidad humana, que son el dere­cho a la vida (sanidad en general); el derecho al co­nocimiento, para una so­ciedad sana y en capacidad de aportar al desarrollo eco­nómico del país; y por últi­mo, combatir la ignorancia, fuente de los grandes males que nos aquejan como son la corrupción, la intoleran­cia y los antivalores.

Cambiemos el rumbo de la educación en nuestro país, fortalezcamos la de­mocracia, la libertad y la inclusión educativa; reco­nectemos con los valores tradicionales de la sociedad para no perder nuestra me­moria histórica y crear ciu­dadanos ignorantes de su pasado perdiendo nues­tra identidad como nación, pues si no saben qué ha ocurrido antes, no podrán comprender lo que sucede en su presente y, por vía de consecuencias, no tendrán la capacidad de poder pre­ver el futuro.

El autor es miembro del Círculo Delta fuerzadelta3@gmail.com