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La República sábado, 01 de agosto de 2020

Reporteros en el centro de la tragedia

  • Reporteros en el centro de la tragedia

    Muros que quedaron en pie de la Catedral de Notre-Dame en Haití. JORGE CRUZ. 

  • Reporteros en el centro de la tragedia
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  • Reporteros en el centro de la tragedia
Carmen Guzmán
carmen.guzman2@listindiario.com
Santo Domingo, RD

 El martes 12 de enero de 2010 está presente en la vida de todo aquel que pudo presenciar, leer o escuchar sobre el terrible terremo­to que sacudió la ciudad de Puerto Príncipe, Haití. Dos reporteros del Listín estuvie­ron allí no precisamente en espera de que esta tragedia ocurriera.

Luego de concluir un re­corrido por algunas institu­ciones gubernamentales del vecino país, y con suficien­tes apuntes en la libreta co­mo para redactar el artículo objeto de su investigación, aquel día se encontraban en el vehículo el periodista Javier Valdivia, el fotógrafo Jorge Cruz y quien les ser­vía de guía, entonces empe­zó una inesperada función: personas corriendo de páni­co, miedo, desorden, temor y el tambaleo secuela de lo que ya Valdivia conocía a la perfección, estaba ocurrien­do un terremoto. A través de una crónica titulada “Escri­bí a la luz de una vela y an­te un cadáver”, el periodista dejó plasmado lo que vivió aquel día, dejando en evi­dencia su vena periodistíca.

“La gente caminaba des­ubicada y a cada paso una escena indescriptible. Esa noche y en la madrugada es­cribí con la luz de una vela mi primera crónica; frente a mí había un cadáver.

Creo que lo demás no tie­ne importancia. Minutos después del sismo Tony, nuestro acompañante, de­cidió dejarnos para ir a ver a su familia (una noche después supe que había muerto su esposa, su sue­gro y su cuñada, y que só­lo su hijo había sobrevivi­do no se sabe cómo). La vez que me lo dijo lo abracé y le di algo de dinero para com­bustible, y agua. Cuando se fue ya no pude contener­me: lloré por todo lo que había pasado, por su fami­lia, por el niño muerto que vi en un jardín de infancia mientras su padre pedía ayuda para él aunque ya no se podía hacer nada; por el anciano que no se movía de entre los escombros del ho­tel Montana porque su es­posa estaba viva pero no ha­bía forma de sacarla...”.

“…abro la puerta y empiezo a tirar fotos”

Para Jorge Cruz el instinto fotográfico se activó desde que escuchó la palabra te­rremoto.

En el artículo “Un día simple que se convirtió en tragedia: Haití desde el len­te de un fotógrafo”, publi­cado en Listín Diario el 13 de enero de este año, con motivo de conmemorarse una década de aquel fatí­dico día, el periodista Sau­lo Mota cuenta parte de la experiencia que vivió Cruz. Alrededor de las cinco de la tarde, y en medio de un embotellamiento en Pe­tion Ville, Jorge sintió por primera vez los tenebro­sos movimientos sísmicos característicos de un terre­moto.

“Mi compañero Valdivia sí se da cuenta y me lo di­jo inmediatamente: Jorgito cuídate que es un terremo­to. Cuando oigo la palabra terremoto lo que hago es que abro la puerta y empie­zo a tirar fotos”, narra re­memorando ese día.

Ambos continuaron con su trayecto de vuelta al ho­tel donde se hospedan, en­contrándose con cadáveres, hombres, mujeres y niños mutilados y personas so­corriendo a conocidos y a extraños por igual. En el camino seguían con sus res­pectivos trabajos, Valdivia buscando información, da­tos e historias, y Jorge cap­tando imágenes de la trage­dia.

Los días siguientes

Luego de lo ocurrido el pe­riódico publicó una nota ex­plicando que sus reporteros se encontraban en buen es­tado a pesar de la situación. En respaldo de sus com­pañeros, llegaron al día si­guiente el periodista Ramón Pérez Reyes y el fotógrafo Leo Santiago; de igual forma empezó a sacar imágenes de todo cuanto veía a su alrede­dor.

“Nosotros llegamos a la frontera por Jimaní en la madrugada, fue muy tris­te para mí ver toda esa si­tuación. La gente caminaba que parecían zombis; cami­naban de arriba para abajo deambulando entre escom­bros, dolor y muertos”, expli­ca Santiago.

Mientras narra parte de lo vivido dice que sentía triste­za e impotencia, sin embar­go, su lente fotográfico logró captar todo lo que sus ojos veían.