Listin Diario Logo
12 de agosto 2020, actualizado a las 12:27 a.m.
Login | Registrate
Suscribete al Listin Diario - News Letter
La República domingo, 12 de julio de 2020

Años de formación: Escritos políticos de vanguardia, un libro de Leonel Fernández

  • Años de formación: Escritos políticos de vanguardia, un libro de Leonel Fernández

    Bosch y Leonel en Nueva York

  • Años de formación: Escritos políticos de vanguardia, un libro de Leonel Fernández
  • Años de formación: Escritos políticos de vanguardia, un libro de Leonel Fernández
Rafael Julián

Sorprende que un joven militante político, con una edad de apenas una veintena de años, sea el autor de artículos como los que componen el libro Años de Formación, cuya importancia se debe a más de un motivo. 

En primer lugar, esos textos siguen un mismo modelo formal: son artículos de periodismo político, y en tanto tales tienen como propósito rendir cuentas de acontecimientos que están en marcha en diversos países y regiones del planeta. Consisten, pues, en una especie de informes razonados sobre el curso de la actualidad, en este caso, de la actualidad internacional, que era el área particular de trabajo del novel analista en el semanario peledeísta “Vanguardia del Pueblo”.

En segundo lugar, llama la atención la jerarquía de los problemas y eventos examinados. Pertenecen al más alto rango de la política mundial, algunos de los cuales han continuado abiertos hasta nuestros días, como es el caso del diferendo entre Estados Unidos e Irán, por sólo citar uno de ellos. 

En tercer lugar, es admirable que en esos escritos su autor se centre, con todo rigor, esto es, sin desvío alguno, en los asuntos objeto de su análisis. Por ejemplo, al tratar, en varias entregas, la política de derechos humanos del presidente Jimmy Carter, ha podido creer necesario o simplemente enriquecedor referirse a aspectos biográficos del mandatario norteamericano. Señalar, digamos, que era oriundo del Sur de los Estados Unidos, miembro de una familia propietaria de plantaciones de maní, y cosas por el estilo. Pero, Leonel Fernández se abstiene de hacer algo así. Sabía que no convenía ninguna distracción. Había en él una conciencia aguda de lo que se llama en el moderno análisis textual el nivel de pertinencia, esto es, el plano singular y abstracto en que debía focalizarse su investigación. Ya identificado conceptualmente ese nivel, 
Leonel Fernández no lo abandonará ni por un segundo. Entiende que no debe hacerlo si quiere que sus estudios tengan la eficacia que busca, los efectos de sentido que estima prioritarios, e incluso indispensables. Es consciente de que su discurso funciona como una máquina de guerra cuando se cumple la condición de construir adecuadamente su objeto de conocimiento, el problema-objeto que debe quedar delimitado, producido por la fuerza concentrada del análisis y transmitido al lector para que quede penetrado por la justeza, claridad y peso de su argumentación. 

En cuarto lugar, ya dijimos que el joven político examina acontecimientos, sucesos, crisis que estaban en desarrollo en distintas partes del globo en el momento en que él escribía, pero lo resaltante es que no los toma como hechos o eventos aislados, sino como realizaciones de un patrón que define, en este caso, la política exterior de una gran potencia, los Estados Unidos. Sólo un análisis dotado de una matriz conceptual, es decir, de una teoría subyacente permite enlazar los hechos, conectarlos entre sí, darles unidad y situarlos en un marco general en que se podrá ver y aprehender su significación realtotal. Juzgar los hechos políticos sin teoría, equivale  casi fatalmente a tomarlos por lo que no son, condenarse a no entender nada y, por supuesto, a no poder explicar nada. Sin teoría vemos eventos aislados, fragmentarios, dispersos, sin nexos entre sí. Leonel Fernández, por el contrario, pone a decir a los hechos que examina lo que ellos ocultan, recupera el sentido velado, o mejor, lo construye. Un político e investigador serio y competente no puede actuar de otro modo, pues de lo primero que ha adquirido conciencia es de que la política constituye el terreno por excelencia de la opacidad. Recordemos lo que señalaba Juan Bosch: en política casi siempre es más importante lo que no se ve que lo que se ve. En el ámbito específico de la política internacional, a pesar de darse allí sistemáticamente la violencia ilegal más atropellante, en principio inocultable por su flagrancia, sus protagonistas tampoco cesan en su intento por encubrirla con la mentira, la hipocresía, la distorsión y el engaño, protegidos tras un parapeto retórico erigido a fuerza de pomposas palabras como libertad, democracia, derechos humanos, progreso, ciencia, civilización, figuras laicas del Dios cristiano movilizadas como Razón imperial. 

En quinto lugar, Leonel Fernández mira el mundo e interpreta la historia desde un lugar que no es meramente geográfico, sino político y geopolítico, cultural y geocultural. Es el lugar de la periferia, de los oprimidos (pero no vencidos), de los excluidos, de los explotados. Su perspectiva teórica es la de los pueblos y grupos dependientes que toman conciencia de su condición, se rebelan contra ella y se organizan para superarla. El propio quehacer intelectual y político de Leonel Fernández - aprendido de su maestro y líder Juan Bosch - es una contribución a esta liberación de la conciencia, a este viraje necesario en la historia de la cultura y de la historia a secas, indispensable para el surgimiento de los nuevos sujetos históricos. 

En sexto lugar, el análisis que Leonel Fernández efectúa es valioso y certero porque, más que de los personajes y del decorado fenoménico, se ocupa de las relaciones estructurales que están en la raíz de los sucesos históricos puntuales. Dirige su atención hacia las diferentes fuerzas económicas, sociales y políticas en movimiento, y sus relaciones de choque y alteridad. Se interesa, pues, por los conflictos que dimanan de las contradicciones y antagonismos. Su objeto de estudio vendría a ser, mediando los contextos espacio-temporales específicos y las figuras y temas que aparecen en la superficie y dotan a cada crisis de una encarnación humana y mundana, la conflictividad económico-social y filosófico-cultural que a nivel profundo se desplegaba entonces a escala planetaria. Esta conflictividad era la propia de la denominada Guerra Fría, que oponía a dos grandes bloques, el capitalista y el socialista. Su nombre remite al estado de guerra no directa en que permanecieron los Estados Unidos y la Unión Soviética, como efecto sobre todo de la disuasión nuclear, es decir, la certeza de que desatar una guerra atómica conllevaría la desaparición de ambos contendientes (“destrucción mutua asegurada”) y probablemente la de la humanidad en su conjunto. Así, tras la proclamación en 1947 de la doctrina Truman de “contención” al comunismo, lo que comenzó como un problema de seguridad localizado en Europa occidental, por consiguiente como un conflicto este-oeste, pronto se desplazó a la periferia del mundo capitalista y se convirtió en una confrontación norte-sur. Más que una mera guerra de contención, ha sido considerada un momento clave en la historia mundial contemporánea, aquél en que los países del Tercer Mundo, incluidos los recién descolonizados, resultaron estrangulados por la pugna entre capitalismo y socialismo, vale decir, enteramente absorbidos por ese conflicto. La construcción de una vida política, económica y cultural independiente se tornó imposible. Cualquier asunto pasó de inmediato a estar ligado a la lucha contra la Unión Soviética. La Guerra Fría se libró, pues, en los países subdesarrollados, y de “fría” no tuvo un pelo. Ha sido calificada, sin exageración alguna, como una tercera guerra mundial contra el Tercer Mundo, una guerra que sofocó y distorsionó tanto a los países emergentes como a los de existencia “independiente” más antigua. Esta guerra fue también parte de la nueva globalización en que nos hallamos actualmente, la de la alta tecnología y los sofisticados sistemas de comunicación, pero por igual la de la desregulación de los mercados, la deslocalización del trabajo y la cada vez mayor financiación del capital. En otras palabras, el reino de las corporaciones empresariales transnacionales, o lo que es lo mismo, la recolonización planetaria por parte de los imperios industriales y financieros privados de Occidente.