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La República domingo, 24 de mayo de 2020

ESMIRNA PAREDES

La decadencia de los imperios

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  • La decadencia de los imperios
Esmirna Paredes

 El geógrafo y politó­logo sueco, Rudolf Kjellén, publica en el 1916 su libro: “El Estado como órga­no viviente”, es aquí donde por primera vez aparece realmen­te el término Estado y se le des­cribe “no como una entidad ju­rídica sino como un organismo dinámico y en continua transfor­mación para poder competir en la escena internacional”.

Si los Estados, al igual que los or­ganismos vivientes, nacen, se de­sarrollan y mueren, lo mismo pasa con los imperios, los cuales tienen tres etapas: la llegada, el apogeo y la decadencia. El objetivo del Esta­do mientras crece, es la conquista de su espacio vital o sea el espacio geográfico que necesita para vivir y satisfacer sus necesidades.

Una característica de todos los imperios es que están ahítos de placeres mundanos y pierden de vista el bien común. La historia nos enseña que la decadencia del Imperio Romano estuvo caracteri­zada por conflictos internos que aumentaron la debilidad de Ro­ma, esto causó una crisis, la cual llevó a la caída del mismo y a un cambio de época.

Actualmente, estamos vi­viendo una etapa de transi­ción, esto quiere decir que: ¿es­tamos asistiendo a la caída de la civilización occidental? Ha­ce quinientos años se impuso la modernidad en la época del Descubrimiento y la Conquista en la cual Europa comenzó su geo-cultura dominante, e impu­so el eurocentrismo.

 La democracia, que es la for­ma de gobierno de occidente, está siendo cada día más des­acreditada, al punto de pregun­tarnos si esta es realmente efec­tiva

Vemos una suseción de go­biernos democráticos que se desacreditan entre ellos y a to­da costa desean influenciar nuestras mentes. Esto nos aleja de proyectos a largo plazo y de tener una visión común de des­tino, cultivando el individualis­mo.

Según el profesor y espe­ cialista en temas internacio­nales Iván Gatón (2018), los occidentales han atentado contra la familia y los valores éticos que permiten la mejor coexistencia con la naturaleza y con el otro, ya que la ética nos permite saber diferenciar sobre el bien y el mal. Según el reconocido filosofo Enrique Dussel: “La ética ocupa ese lu­gar que el espíritu deja libre”.

El hombre, para poder existir, debe tener la familia como insti­tución fundamental y pilar para una vida equilibrada en medio de las estructuras insondables de las pasiones humanas.

Nuestra sociedad occidental está caracterizada por la elimi­nación de los límites. Todo está permitido, porque los referentes de virtudes, no son los valores morales en esta sociedad. Fui­mos educados por los medios de comunicación y por Hollywood, que apoya en todo tipo de liber­tinaje.

Cada día reclamamos más li­bertades, esto al parecer es uno  de los factores que ha llevado a occidente al colapso y a la de­cadencia. Vivimos en la civiliza­ción del espectáculo, donde no tenemos una vida privada; es por esto que Gabriel García Már­quez decía que: “tenemos tres vidas: una pública, una privada y una secreta” al día de hoy las tres son públicas.

Estamos viviendo una épo­ca de transición, de cambio he­gemónico, acompañada por una crisis de valores. Occiden­te perdió las virtudes, perdió el concepto de familia y esto fue un plan apoyado por el cine y por la educación que ha traído consecuencias muy negativas para nuestra sociedad.

Las series de televisión, las películas, los programas, predi­can la destrucción de los valo­res, moldean las mentes de los niños desde muy pequeños, de modo que cuando ellos quieren reaccionar ya es tarde, ya creen que pueden hacer lo que deseen.

Muchos padres se han dado la tarea de dejar a sus hijos a la suerte de la televisión y la es­cuela. Esto, como resultado ha formado una generación caren­te de conciencia crítica, sin vir­tudes, llena de influencers: per­sonas sin cualidades morales, artísticas, intelectuales, etc. To­do indica que vamos camino al colapso y lo peor es que esto pa­rece no importarnos. Estamos demasiados ocupados en nues­tros intereses personales. Debe­mos encontrar una solución al problema de nuestra sociedad, reivindicando la moral, lo cual debe ser tarea de todos; y los medios de comunicación deben ponerse al servicio de esta, antes de que sea muy tarde.vw