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La República domingo, 24 de mayo de 2020

Enfoque: Periodismo

Coronavirus golpea al papel: Diarios y revistas se dejan de imprimir

  • Coronavirus golpea al papel: Diarios y revistas se dejan de imprimir

    En una situación de pandemia y aislamiento social, los anunciantes saben que los diarios impresos también están sin vender, por eso los ingresos de publicidad se han desplomado.

Consuelo Ferrer

Red Internacional de Periodistas
L
a última vez que el diario “La discusión” dejó de circular en Chillán, una ciudad de la zona centro-sur de Chile, fue en 1939, luego de que un terremoto de magni­tud 8.3 matara a casi 30.000 per­sonas en el país y destruyera la re­dacción. Fue la primera y única interrupción del segundo periódi­co más antiguo del país desde su fundación en 1870. Eso hasta que apareció el COVID-19.

El 24 de marzo, la portada del diario decía “el papel en pausa”. “La pandemia mundial del coro­navirus y su fuerte impacto en nuestra ciudad nos lleva a tomar una de las decisiones más difíciles de un medio periodístico impre­so: suspender la circulación de su edición de papel. Una medida ex­traordinaria, para una situación extraordinaria”, se leía.

Desde el inicio de la pandemia, Chillán se convirtió en una de las primeras ciudades con cuaren­tena total. “Eso fue significativo, porque no había circulación y la movilidad estaba limitada”, ex­plica el director de La Discusión, Francisco Martinic. “También teníamos el objetivo de cuidar la salud de todos nuestros cola­boradores. Ahora estamos eva­luando cuándo se va a retomar, pero no tenemos una fecha cier­ta”, dice.

Lo que pasó en La Discusión no es una excepción. En Chile se de­jó de imprimir el diario gratuito “Publimetro” a mediados de ma­yo y se informó el fin de la edición en papel de dos revistas de Gru­po DF: Capital, una publicación de negocios, y ED, una de decora­ción. En el Grupo Copesa se bara­jó la posibilidad de reducir las edi­ciones del diario “La Tercera” al fin de semana y de terminar con la edición impresa de “La Cuar­ta”, un periódico popular de gran lectoría. Finalmente la empresa se retractó.

“Pareciera que la COVID-19 ha adelantado el fin de los dia­rios impresos, pero se trata de una tendencia presente”, dice Pe­dro Aguiar, profesor de Periodis­mo Latinoamericano de la Uni­versidad Federal Fluminense de Brasil. “El formato periódico im­preso está en crisis hace ya dos décadas, pero se ha acentua­do en los últimos años, aun an­tes de explotar la pandemia. He­mos visto un número expansivo de cierres, pasajes al ‘solamente digital’ y dilataciones de periodi­cidad, sobre todo de diarios a se­manarios”, cuenta.

Ya antes del virus, muchas publi­caciones históricas de América La­tina habían desaparecido. En Bra­sil, cuenta Aguiar, en los últimos dos años se contabilizó el cierre de más de 20 diarios locales, mientras otros 14 dejaron de imprimirse para ope­rar solo en digital. Con la llegada del coronavirus, la situación recrudeció.

En Bolivia, tanto “Los tiempos de Cochabamba” como “Página Sie­te” de La Paz y “El deber” de Santa Cruz de La Sierra vieron afectadas sus ediciones en papel. “En una primera etapa suspendimos la im­presión totalmente, pero después volvimos con una edición semanal reforzada y el miércoles sacamos la sexta”, precisa la jefa de redac­ción del periódico cruceño, Móni­ca Salvatierra.

“La cuarentena total estaba prácticamente en puertas y ya ha­bían restricciones de circulación que hacían mucho más compli­cado el manejo de recursos hu­manos”, explica. “Ha sido un gol­pe duro, porque la publicidad que va en el impreso es la fuente más grande de ingresos. Al haberla suspendido por cuatro semanas, quedamos prácticamente sin in­gresos. Ahora estamos en una eta­pa de ascenso, con la esperanza de que pronto podamos volver a pu­blicar diariamente”.

En Uruguay, “El observador” Uruguay, redujo su periodici­dad desde el diario a una edi­ción ampliada de fin de semana. “Los tiempos extremos que vivi­mos nos llaman a adelantar esa transformación que imaginába­mos para fin de este año, de una forma más progresiva”, explicó el director Ricardo Peirano en un editorial. En Brasil, en tanto, se suspendió la impresión del dia­rio popular Aquí, de Recife, y la editora “Globo” dejó de impri­mir seis revistas mensuales. En Colombia también dejó de circu­lar “Publimetro” y en México “La crónica de hoy” paró tres edicio­nes locales en el CDMX, Guada­lajara y Pachuca de Soto.

Según Aguiar, esto es espe­cialmente difícil para los diarios populares y los de circulación gratuita, que generalmente no ofrecen suscripción y dependen de la venta en kioscos, la distri­bución en calles o el transpor­te público. “En una situación de pandemia y aislamiento social, no es difícil de imaginar que re­sulta casi imposible hacerlo. Los anunciantes lo saben, y también están sin vender, por eso los in­gresos con publicidad se desplo­maron”, acota.

“Con los deportivos es aún más complicado, ya que los eventos que componen su pau­ta diaria se han interrumpido del todo. Es como hacer un diario de playa en una edad de hielo. Acá el diario “Lancel”, que tiene edi­ciones para Río y São Paulo, sus­pendió el impreso desde marzo”, agrega. En México se dio fin a la edición en papel del deportivo “Récord”, lo que fue anunciado por el director de TVyNovelas, Gilberto Barrera, al informar que “comenzará un nuevo ciclo”.

Mientras algunas publicacio­nes como Récord y El Observa­dor aceleraron sus procesos de transformación y asumieron un cambio permanente, muchas otras aseguran que las suspen­siones son temporales. “Yo lo du­do”, opina Aguiar. “Creo que ca­si ningún diario que deje de salir en la pandemia va a volver des­pués”.

En las redacciones, lo que cir­cula es la sensación de que no se “volverá” a lo mismo de antes, principalmente porque ha habido una subida drástica en el tráfico online. En el caso de La Discusión de Chillán, pasaron de un total de 300.000 visitantes únicos al mes a más de 750.000. “Estábamos en un proceso de digitalización y esto hizo que se acelerara”, dice Martinic.

“Las visitas han subido en más de un 50%”, detalla por su parte Salvatierra desde El Deber. “Se­guramente va a haber un replan­teo de contenido, porque si aho­ra tenemos prácticamente todas las fuerzas volcadas a la web, tendremos que mantener ese ni­vel de exigencia. Eso va a signifi­car una reorganización de la re­dacción para seguir fortaleciendo la web sin descuidar lo otro”, dice. “Cuando volvamos, yo pienso que todo va a ser nuevo”.