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La República lunes, 30 de marzo de 2020

Retrato

La gente apela a creativas formas de convivencia

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Santo Domingo, RD

 Cada noche y curso del día, ciuda­des y comarcas rurales del país están reflejando el impacto y du­ro trance que encaran con pesa­dumbre los vecindarios, por las amenazas a la salud y sus vidas que ha des­encadenado el coronavirus, un mal que tiene ahora de rodillas al mundo, trastornando aquí la vida de familias enteras comprimidas por la angustia.

Los vecindarios experimentan una ambien­te de soledad y aislamiento implacable que arroja sobre estos un cobertor de sombras, ha­ciendo de sus espacios un entorno espeso, pe­numbroso y casi fantasmal desde que entra en efecto el toque de queda, desde las 5:00 de la tarde hasta las 6:00 de la mañana.

Cuando aflora el nuevo día, que habrá de seguirá las predicciones del anterior, volve­rá a lucirse un pasaje con iguales afinidades: el mutismo de la ciudad, con sus calles deso­ladas, vecinos recogidos en sus viviendas bajo puertas cerradas, mientras en su interior fluye una fluctuación de emociones, desde desespe­ración hasta esperanza, miedo y valor, aunque siempre un hálito de consuelo, una pilastra de fe, una increíble entrega a la oración y, sobre un gran pedestal imaginario, la mirada hacia Dios omnipresente.

Y es que allá, afuera o dentro del hogar, deambulando por los aires, atrancado e invi­sible, este coronavirus está listo para atacar a truncar vidas.

Los estilos de vida y convivencia dominicana han cambiado de raíz. Así, inesperadamente, tan increíblemente rápido, de golpe y porra­zo, este virus ha forzado al encierro, ha alte­rado los lazos de armonía social y ha privado hasta la comunicación próxima y directa entre los ciudadanos.

Un equipo de periodistas de Listín Diario cuenta aquí como se desenvuelve la vida en vecindarios de la capital:

La vida en Los Álamos

Dalton Herrera informa que el Covid-19 “ha transformado el estilo de vida de todos, y eso incluye a los residentes del Residencial Felipe III”, en el sector Los Álamos, de Santo Domin­go Oeste.

Ya los niños no salen a correr por el parqueo como lo hacían antes. Ahora son los adultos que se han adueñado de ese espacio para hacer ejer­cicios y transitar con bicicletas en círculos para el evitar contacto con el mayor número de extraños. Otros aprovechan el techo del condominio para trotar en círculo sin importar que en horas de la tar­de el sol sea el amo absoluto de los cielos.

El conglomerado de vecinos siempre se han comunicado mediante WhasApp y, ahora, más que nunca, lo hacen. Desde ahí se hacen cade­nas de oraciones y comparten informaciones de las redes sociales para que los vecinos estén al tanto de los daños o avances que ha tenido el Covid-19 en República Dominicana.

Una de las medidas que se tomaron como gru­po fue la prohibición de entrada a todo foraste­ro del edificio que entre sin guantes y sin mas­carillas, sobre todo la de los “deliverys”. Nadie quiere verse contagiado del también llamado coronavirus.

El drama en las escaleras

Jhenery Ramírez cuenta también que en Los Álamos El coronavirus ha alejado a la gente. Encontrarse a la vecina en la escalera es como sentir que uno ha salido de una cárcel o sufre de una extraña enfermedad, porque esta deno­ta, visto en sus gestos, desagrado por tener que compartir este espacio con alguien.

En este residencial, de cuatro edificios de cua­tro niveles, a diferencia de la normalidad, los ca­rros permanecen en sus parqueos todas las no­ches. “Aquí, el intercom ha perdido su misión en la última semana porque se prohibió la entrada del delivery. Cuando se pide algún producto al colmado o una comida preparada a un restau­rante, o hasta un medicamento a la farmacia, los moradores deben bajar a buscarlos, no im­porta si estás en la tercera o la cuarta”, dice Ra­mírez

Ejemplo de buena vecindad

Deyanira Polanco resalta la convivencia de bue­nos vecinos que se conserva en un vecindario de uno de los proyectos de Brisa Oriental, en Santo Domingo Este.pese a distanciamiento social por COVID19.

 Este mensaje lo dice todo: “Pido a Jehová que nuestra vecindad esté bajo su cobertura”, es un mensaje que le envió una maestra que tie­ne más de un año enfrentando un cáncer, a una vecina periodista, a quien previamente había llamado para pedirle que se cuidara cuando se reportaron los primeros casos de coronavirus en República Dominicana.

Convivencia en momento crítico

Deyanira Polanco resalta la convivencia de bue­nos vecinos que se conserva en un vecindario de uno de los proyectos de Brisa Oriental, en Santo Domingo Este.pese a distanciamiento social por COVID19.

Este mensaje lo dice todo: “Pido a Jehová que nuestra vecindad esté bajo su cobertura”, es un mensaje que le envió una maestra que tie­ne más de un año enfrentando un cáncer, a una vecina periodista, a quien previamente había llamado para pedirle que se cuidara cuando se reportaron los primeros casos de coronavirus en República Dominicana.

Comunicación por whatsApp y balcones

Wanda Méndez aporta su experiencia en su vecindario de Gascue. Esto dice ella: Vivo con mi familia, esposo y dos hijos, en el segundo nivel de un edificio de 5 apartamentos. He visto a pocas personas salir de su apartamen­to durante la cuarentena y quien lo ha hecho ha sido por motivos laborales o para adqui­rir alimentos. Con quién mi familia ha tenido más interacción durante el año que llevo vi­viendo allí, es con una pareja, ambos de más de 65 años, que también viven en el segundo piso, en el ala contigua.

Estos días, ellos reciben a nadie en casa, ni si­quiera a sus hijos. Nosotros tampoco.

Encierro total en Villa Faro

Lilian Tejada comenta la vida de los vecinos del Residencial Isabel II, en Villa Faro, quienes lim­pian aceras y contenes con agua y escobillas, con ace y cloro. Casi todos los vecinos perma­necen en sus casas y, como en toda comunidad, un pequeño grupo hace la diferencia y se reúne como siempre a beber cervezas y ron y a jugar dominó en la galería de una casa del vecinda­rio, desoyendo las recomendaciones de Salud Pública de no reunirse para realizar actividades sociales.

El bullicio acaba a las 10 de la noche cuando se retiran a sus casas, luego de horas en esa ac­tividad bajo discusiones por una ficha y la inob­servancia de la policía que pasa realizando pa­trullas para que las gente cumplan el horario de toque de queda para evitar aglomeraciones y re­ducir el impacto del brote viral.

“No he visto a mis vecinos…”

Patria Reyes comenta que en su sector, Herrera,”la gente ha optado por encerrarse. No vivo en condo­minio, vivo en casa individual, y casi no he visto a mis vecinos desde que empezó la cuarentena, qui­zás también porque salimos poco a la galería, escu­cho las haitianas que pasan por el frente de la casa vendiendo aguacate y guineo maduro y de mane­ra muy esporádicas a las guaguas plataneras”.

Música contra el aislamiento

Sergio Cid dice que cada habitante de la urbani­zación Cancino Segundo vive su aislamiento so­cial amenizado con música de todo tipo. “Con el inicio del toque de queda, la urbanización pare­ce entrar en un sueño. Solo se escuchan las aves y el crujir de los árboles que son movidos por la acostumbrada brisa de cuaresma”, agrega.

“En Benhiana, recogimiento total

El periodista Ramón Rodríguez reporta que en el residencial benhiana, de la avenida paseo de los reyes católicos, arroyo hondo, de cinco edifi­cios y ocho apartamentos cada uno, la cuarente­na se ha vivido “con un recogimiento tota”.

Y añade: “Los condómines se mantienen en sus respectivos apartamentos, no reciben visitas de personas no residentes y apenas salen a depositar la basura en el lugar dispuesto. Los deliveris que lle­gan al residencial se quedan en el portón principal, pues los accesos están cerrados y los condómines deben salir hasta allí a recoger sus pedidos. Lo ha­cen bien protegidos”.

(Contribuyeron para este reportaje los perio­distas Wanda Méndez, Jhenery Ramírez, Patria Reyes, Lilian Tejeda, Maritza Morillo, Deyani­ra Polanco, Cándida Acosta, Paul Mathiasen, Sergio Cid, Ramón Rodríguez, Dalton Herrera y Guillermo Pérez).vv


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