Listin Diario Logo
10 de julio 2020, actualizado a las 02:04 p.m.
Login | Registrate
Suscribete al Listin Diario - News Letter
La República martes, 03 de marzo de 2020

Ensayo

La explotación del éxito

  • La explotación del éxito
Leonte Brea
Santo Domingo, RD

Génesis ¿Por qué Aníbal  tras asestar  una aplastante derrota a los    romanos en  Cannas  no    traspasó  los muros de Roma  para arrasarla  como lo hicieron posteriormente los romanos con Cartago? Acción que, de haberla realizado, hubiera cambiado el curso de la cultura y  la  historia.

Se han barajado  tres razones para  explicar la actitud asumida por Aníbal tras su legendaria  victoria (Posteguillo, Roselló, Fernau).  La primera se refiere a que el general cartaginés  llegó a Roma con una tropa diezmada, cansada, con miles de heridos,  carente de medios   –  torres, catapultas, escorpiones – para penetrar  los muros que la protegían y  sin la seguridad de que Cartago le suministrara tropas  para reponer las pérdidas sufridas en Cannas. La segunda apunta a una consideración de carácter estratégico político: prefería realizar   alianzas con los demás pueblos itálicos, dominar la región y así mantener aislada  a Roma del resto de Italia para convertirla en una especie de provincia. Y, por último,   la  concepción romántica, la cual  entiende que el general cartaginés  no devastó  a Roma  porque “no era un destructor”.

 Sostenemos que Tito Livio, al relatar  de manera novelada este acontecimiento, dejó traslucir la emergencia de una nueva táctica militar. Resulta,   siguiendo al historiador romano,  que cuando Aníbal logró triunfar en Cannas ordenó  de inmediato el descanso de sus fatigadas tropas. Decisión que disgustó  profundamente al comandante númida Maharbal, quien, sin pensarlo dos veces,  se  atrevió a señalarle,   con ese entusiasmo febril  que suelen tener los vencedores, que hiciera todo lo contrario. Que continuara la marcha trepidante  hacia Roma porque, de seguir ese camino  “dentro de cinco días celebrarás un banquete en el Capitolio”. Mas,  al observar que esa no era la decisión de su comandante, lo increpó, no sin un dejo de amargura, con estas sabias palabras: “La verdad es que los dioses no se lo conceden todo a una misma persona. Sabes vencer, Aníbal, pero no sabes aprovechar la victoria”.

La explotación del éxito
No cabe duda de que, con esta  admonición premonitoria  puesta en boca de Maharbal, Tito Livio  estaba aproximándose  al concepto de explotación del éxito. Falta saber si los resultados de la batalla de Cannas, más  lo acontecido en Tesino, Trebia y Trasimeno, satisfacen los criterios   para llevar a cabo   esta  maniobra. Si se  cumplen sin que  Aníbal la pusiera en marcha, seguramente habría  cometido  un error táctico  de graves consecuencias históricas.   Si no se cumplen,  podemos afirmar que la borrasca emocional que envolvió el ambiente tras batalla victoriosa obnubiló la mente de  Maharbal al punto de incapacitarlo para  ver la realidad.

El planteamiento anterior nos lleva  a la definición de la explotación  del éxito, a establecer sus componentes y  determinar la importancia de cada uno de ellos  en el entramado de una maniobra  que sólo puede realizarse bajo ciertas condiciones. Tal deslinde nos permitirá    valorar las visiones tan diferentes de la realidad que tuvieron estos grandes guerreros.

En fin,  la explotación del éxito constituye  la fase final de lucha entre dos o más contendores, en el que uno de ellos,  luego de lograr el dominio  en el campo de  batalla  o  en el escenario político,  toma la decisión –  ante un enemigo desmoralizado, en retirada, desorganizado, desguarnecido,  carente de narrativa ,  sin muchos efectivos ni iniciativa –  de ampliar el triunfo sin que esto implique un gran riesgo o  mucho esfuerzo. 

Consecuencias
Conlleva  generalmente la persecución del derrotado, la toma de posiciones no previstas, la fractura de sus canales  logísticos y el empleo de ciertos mecanismos psicológicos  con la finalidad de: a) Desmoralizarlo, es decir, de destruir su confianza , crear una sensación de derrota  e indefensión; b) Dividirlo de tal manera que crezcan  en su seno las contradicciones internas y  se debilite cualquier forma de cohesión grupal;  c)  Cooptarle parte de su fuerza,  neutralizarla o inhibirla ;  d) Restarle   credibilidad tanto entre sus seguidores como en la población; e)  Sustraerles aliados que, ante la  derrota inminente, tienden a pasarse al bando del potencial ganador para evitar castigos, conseguir protección y canonjías; y f) Construir una  narrativa de la realidad lo suficientemente hegemónica  con el fin de desplazar  la sustentada por el poder en declinación  y de crear la percepción de que el nuevo relato  proyecta  la realidad misma.

Pero no siempre se puede visualizar objetivamente la realidad  y, por lo mismo, determinar cuando están dadas las condiciones para emprender una maniobra de esta envergadura. De todas formas, y  sin restarle importancia al planteamiento de Clausewitz sobre la opacidad en que se presenta  la realidad  y el carácter especulativo con que el estratega aborda algunos de  sus contenidos, el concepto explotación del éxito es en sí mismo complejo. Lo es,  porque tiene varios componentes que no siempre  se presentan  en una misma situación  y con  igual intensidad. Quizás  por eso,   Maharbal veía la  oportunidad  para ejecutarla, mientras Aníbal no la  percibía. En otras palabras,  es posible que por ponerse en marcha sin estar dadas las condiciones se fracase.  O, por el contrario, que no se realice cuando se  presentes tales  condiciones y se pierda la ocasión  para  conseguir la victoria.

Son muchos los factores que pueden llevar al estratega a cometer cualquiera de estos dos errores básicos. Entre otros, destacamos: 1) La falta de información  o la abundancia de desinformación; 2) La personalidad del estratega.  Los temerarios tienden a ejecutarla con un mínimo de condiciones, los prudentes intentan obtener  la máxima información  antes de llevarla a cabo,  los irresolutos y temerosos probablemente nunca la  ponen  en acción aunque estén dadas  las condiciones y lo soberbios podrían perder tiempo para realizarla por sentirse autosuficientes; y 3) Ciertas patologías   que genera el poder en la dinámica grupal.  Entre varias, el pensamiento grupal, el cual tiende, conscientemente a  distorsionar  la realidad.

En fin, todo parece indicar que tanto en la política como en la guerra, quienes han tomado correctamente esta decisión nunca se arrepintieron de haberlo hecho  y quienes no la tomaron teniendo  las condiciones favorables para hacerlo, terminaron pagando un alto precio por su error: persecución, cárcel, descrédito y empobrecimiento.


Más en La República