Crisis

Todavía no hay mediadores para crisis electoral

  • Las tensiones en el país para firmar un acuerdo giran en torno a la Junta Central Electoral.

Manuel Figueroa
Santo Domingo, RD

A once días del fracaso de las elecciones municipales y a poco más de dos semanas para la celebración de los comicios extraordinarios convocados por la Junta Central Electoral (JCE), no se vislumbraba anoche ningún encuentro concreto para la firma del pacto político propuesto por diferentes actores de la sociedad.

La advertencia sobre la necesidad de un acuerdo que establezca reglas de juego transparentes para las elecciones del 15 de marzo y el 17 de mayo es sostenida por trece partidos políticos de oposición, un grupo de casi cien organizaciones de la sociedad, las iglesias, el Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep), Participación Ciudadana, Coalición Democrática por la Regeneración Nacional y Coalición por la Defensa de la Corrupción, entre muchos otros.

El tranque hasta ahora parece resumirse en la dificultad para identificar interlocutores imparciales, que dirijan el debate en medio del descrédito que se atribuye a los funcionarios de la JCE, luego de  suspender las elecciones del 16 de este mes, tras el colapso del sistema del voto automatizado a cuatro horas de iniciarse los sufragios.

Se desata crisis

La crisis desatada en medio de este panorama de incertidumbre tomó un matiz inesperado, ya que miles de jóvenes se han lanzado a protestas en las calles de esta capital y las principales ciudades del país exigiendo respeto a la democracia, que se investigue lo sucedido y que renuncien los miembros de la Junta Electoral, mientras en barrios y sectores residenciales de clase media se organizan cacerolazos a cada momento.

En medio de estas presiones el presidente Danilo Medina solicitó a la Organización de Estados Americanos (OEA), el envío de una misión de técnicos para la realización de una auditoría al sistema de voto automatizado, lo cual fue aceptado por la JCE y los principales líderes políticos.

También se unieron a esta labor, aunque de manera independiente, la Fundación Internacional para Sistema Electorales (IFES) y la Unión Interamericana de Organismos Electorales (Uniore).

Los obstáculos

Las dificultades que tendría que vencer un diálogo en estas circunstancias son apremiantes. Una iniciativa titánica sería reunir al presidente Medina, al expresidente Leonel Fernández, candidato presidencial de la Fuerza del Pueblo tras la división del gobernante Partido de la Liberación Dominicana (PLD), al candidato de esta organización Gonzalo Castillo, y al líder de la oposición Luis Abinader, candidato del Partido Revolucionario Moderno (PRM).

Sus contradicciones surgen altamente irreconciliables, en virtud de que el partido oficial denunció el día 17 un sabotaje a las elecciones municipales propiciado por la oposición, que no quieren que le cuenten los votos. Pero igual criterio enarbolan los adversarios. También el PLD acusó a Abinader de obligar al presidente de la JCE, Julio César Castaños Guzmán, a suspender el proceso, mientras se ordenaba el apresamiento de su jefe de seguridad y un técnico de una empresa privada. Además culparon a Castaños Guzmán de actuar con irresponsabilidad.

Toda esta barahúda se produce cuando la Junta Central Electoral convocó a más de siete millones de votantes a nuevas elecciones municipales para el 15 de marzo, pero ahora utilizando un complejo sistema manual con los candidatos en boletas impresas.

Paralelamente la JCE está inmersa en la organización de las elecciones presidenciales y congresionales, otro reto mucho más complejo, porque tiene la obligación de cumplir una serie de plazos fatales, y porque según la Constitución no hay vuelta atrás, ya que tendrán que celebrarse el 17 de mayo próximo.

 Mientras tanto continúa en una nebulosa la propuesta de diálogo para el fortalecimiento de la democracia, respeto al derecho al voto, transparencia del proceso electoral y el establecimiento con meridiana claridad de lo ocurrido en los comicios del 16, única garantía, según los analistas, de que la sangre no llegue al río.