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La República sábado, 11 de mayo de 2019

Lo que no se ve

El “Efecto Rashomon” y la pretendida reforma constitucional

  • El “Efecto Rashomon” y la pretendida reforma constitucional
Ricardo Pérez Fernández
@Ricardoperezfdez
Santo Domingo

Sabemos a ciencia cierta, y lo reconfirmamos a diario, que discurren los tiempos  de la Posverdad. Desde que el internet, con la masificación y democratización de los canales de comunicación y el acceso a la información, nos regaló la posibilidad de vivir en nuestras propias burbujas cognitivas, el entendimiento entre quienes piensan distinto va siendo, cada vez más, una rareza.

Ahora, encerrados en un silo informativo hecho a la medida, donde solo leemos y vemos aquello que confirme nuestras creencias previas, y donde por lo general reflexionamos y discutimos únicamente con quienes piensan como nosotros, el entendimiento de la realidad objetiva va marchando hacia lo imposible. Con la nueva facilidad que nos brindan los tiempos actuales de poder argumentar desde los “datos” -no importa si verdaderos o falsos- que den sustento a las ideas de las que ya nos convencimos, a veces sin saber nada del tema, la intolerancia ante el disentimiento ha desplazado en espacio a la racionalidad, y en consecuencia, el “Efecto Rashomon” se ha visto exacerbado.

¿Qué plantea este mencionado efecto, visto desde la antropología, sobre nuestra habilidad de interpretar hechos y realidades? El profesor Robert Anderson, quien define epistemológicamente este fenómeno conductual, bautizó como tal al proceso analítico y dialéctico que nos lleva como entes sociales a interpretar realidades distintas a partir de un mismo hecho. El “Efecto Rashomon”, que se origina en el título de una película homónima que data de 1950, pretende significar la importancia de las perspectivas a la hora de asimilar una realidad, dinámica esta que se ha visto híperafectada por lo que nos ha traído la época de la Posverdad: hechos y datos a la medida, para llegar a las conclusiones que más nos satisfagan.

En la actualidad, sucede algo en nuestro país que ilustra muy elocuentemente esto del “Efecto Rashomon”, y cómo la Posverdad ha contribuido a que algunos actores se aíslen más radicalmente en sus silos informativos hechos a la medida.

La verdad objetiva sobre la pretendida reforma constitucional.

Para nadie es secreto que desde la facción peledeísta que encabeza el presidente Danilo Medina, se emprende un esfuerzo para impulsar una segunda reforma constitucional dirigida, tal como sucedió en la de 2015, a un único propósito: que el presidente Medina pueda continuar siendo Presidente por los próximos cuatro años, para sumar al menos 12 años consecutivos en el cargo. Sobre esta pretensión, por haberse convertido en el tema político nacional de mayor relevancia, se han hecho una serie de levantamientos con el objetivo de medir las preferencias y opiniones de la sociedad sobre este particular. Desde el mes de marzo de 2017, distintas firmas encuestadoras han venido sondeando a la sociedad dominicana sobre esta nueva pretensión de modificar la Constitución, por segunda vez en 4 años, para permitir la repostulación del presidente Medina, y los resultados son contundentes. En los últimos 25 meses se han publicado 16 estudios de opinión pública, de los cuales 14 indican un rechazo de más de un 60% a esta pretensión. Pero, si es tan evidente la realidad recabada en los mismos estudios de opinión pública que justificaron  la reforma de 2015, ¿por qué existe ahora la intención manifiesta de ignorar y minimizar lo que está a ojos vista? Porque conviene y se puede.

Quienes son adeptos del presidente Medina, e impulsores de la pretendida reforma, ahora hacen gimnasia interpretativa para intentar explicar la “verdadera verdad”. No es que haya resistencia a la reelección de Danilo, sino únicamente al tema de la reforma, dicen algunos. Otros, tal y como sugiere el “Efecto Rashomon” hacen valer la premisa de la perspectiva para pretender reducir una discusión tan delicada y de carácter nacional, a un simple choque en el PLD; a un asunto de egos entre quien quiere seguir y el que pretende volver; a una simple lucha por la candidatura presidencial de un partido; o incluso, argumentos más creativos que señalan que de lo que se trata es de una lucha por la paridad en el servicio a la nación, donde si uno fue presidente tres veces, el otro debería serlo por igual. Pero en realidad no trata de nada de eso.

De lo que se trata es de pretender cambiar las reglas del juego para favorecer al protagonista del juego. Y es comprensible que una parte de la sociedad no advierta el peligro en esto, por entender que este es un tema meramente político, pero no lo es. Hoy es solo para habilitar la reelección del presidente de turno, pero mañana puede ser para limitar lo que podemos ver y leer; o para modificar normas existentes que den al traste con la confianza de los inversionistas extranjeros; o para limitar nuestras opciones políticas, o quien sabe para qué más. Y no es que estemos sugiriendo que todo lo anterior forme parte de un plan ya establecido, porque eso no nos consta, pero el peligro de sentar el precedente de que se puede cambiar la ley de leyes para favorecer únicamente a la persona más poderosa del país, abre las puertas a que entendamos esto como normal -que jamás lo será-, y que mañana no ofrezcamos resistencia a otro que intente hacerlo con objetivos más aviesos y perversos. La historia reciente de Venezuela, Bolivia y Nicaragua, por solo mencionar algunos de la región, está ahí para validar la advertencia.

¿Por qué hemos dicho que quienes impulsan esta nueva reelección pueden ignorar la realidad de su rechazo? Por lo que establece el “Efecto Rashomon” ampliado por una Posverdad hija del internet masificado.

Ahora, las perspectivas parten de “datos” buscados, inventados o acomodaticiamente interpretados, que combinado con el cedazo de la relatividad al que sometemos todo en estos días, permite un producto final empaquetado como “la verdad”, pero contentivo de opiniones que confunden la realidad con el deseo de quien la sustenta.

Sin embargo, algo no ha cambiado a pesar de la ampliación y radicalización que ha impreso la Posverdad al “Efecto Rashomon”: las consecuencias que desencadenarían el curso de acción decidido. Una pretendida modificación constitucional sin respaldo popular, como es el caso tratado, representaría para sus protagonistas una catástrofe.

Ojalá y reflexionen.