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La República lunes, 15 de abril de 2019
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OBSERVATORIO GLOBAL

Netanyahu y el fin a la solución de los dos estados

  • Netanyahu y el fin a la solución de los dos estados
Leonel Fernández
@leonelfernandez
Santo Domingo

Durante el periodo de campaña electoral predominó la incertidumbre de si podía salir victorioso una vez más. Benny Gantz, un ex general de tres estrellas, quien en varias ocasiones comandó tropas israelíes frente a insurgentes palestinos en Gaza, emergía como una inesperada amenaza. Varias acusaciones de corrupción parecían un muro infranqueable.

Sin embargo, por quinta vez y cuarta en forma consecutiva, Benjamín Netanyahu, se alzaba con el respaldo de la mayoría del electorado israelí. De esa manera, reafirmaba la hegemonía de los grupos de centro-derecha en la política de Israel, quienes han gobernado 30 de los últimos 41 años.

El triunfo de Netanyahu, esta vez, se ha debido a que durante sus 13 años de gobierno ha podido garantizarle al pueblo israelí prosperidad económica y seguridad, que son los dos factores fundamentales que mueven al electorado de ese país.

Ha logrado convertir a Israel en una nación con gran nivel de desarrollo tecnológico e innovación. Ha resuelto los problemas de acceso al agua potable; ha promovido la llamada agricultura de precisión; y ha estimulado el crecimiento, entre otras, de las industrias de aeronáutica, software, biotecnología, nanotecnología  y ciberseguridad.  

Pero además, Netanyahu, desde la perspectiva de la seguridad, construyó un muro para separar a las comunidades palestinas; instaló numerosos puntos de control; y sobre la base de la división de los palestinos, entre los grupos Fatah y Hamas, ha impedido que estos hayan avanzado en su petición de recuperar los territorios ocupados en la Guerra de los Seis Días de 1967.

A pesar de que en los últimos años se habían producido ataques de palestinos en Gaza a ciudadanos israelíes, con el uso de armas blancas, eso palidecía frente a la violencia previa desatada en la Primera Intifada o insurrección, que se extendió por más de cuatro años, entre 1987 y 1991.

A esa primera insurrección palestina, siguió una Segunda Intifada, a partir del 2000, que se inició por la visita de Ariel Sharon, quien llegaría a ser primer ministro de Israel, a la parte oriental de Jerusalén, considerada por los palestinos como su capital.

Del conflicto a la búsqueda de la paz
El conflicto entre Israel y Palestina, además de ser uno de los más prolongados, de carácter geopolítico, entre pueblos o naciones, resulta ser el más complejo. Esto así, porque se trata, al mismo tiempo de un conflicto de tipo territorial, de identidad nacional y existencial o de supervivencia.

Mientras que los palestinos proclaman que lo que es hoy el territorio ocupado por Israel, había sido, durante siglos, la tierra de sus ancestros, los israelíes, o más precisamente, los judíos, por su parte, alegan que desde los tiempos bíblicos, Jehová reveló a los tres patriarcas, Abraham, Isaac y Jacob, que Israel era la tierra prometida por Dios por toda la eternidad para el pueblo judío.

En principio, el conflicto entre los judíos y los palestinos parece limitarse al control de un determinado territorio, al asentamiento de una determinada población y al establecimiento de unos principios de autodeterminación.

Sin embargo, no es así. El conflicto también tiene otras dimensiones. Está el factor, aparentemente subjetivo, de identidad de cada pueblo; y junto a esa identidad, un factor religioso, ya que mientras  los judíos creen en el viejo testamento; los palestinos, en su inmensa mayoría, tienen su creencia fijada en el Islam.

Pero además de ser una disputa territorial y de identidad, el conflicto árabe-israelí es también uno de tipo existencial; y por lo tanto, de supervivencia como pueblo, en el que uno cree que no puede sobrevivir por la presencia del otro.

Ese conflicto se exacerbó luego de la Segunda Guerra Mundial, cuando el mundo descubrió con horror todo el sufrimiento experimentado por el pueblo judío por parte de los nazis alemanes en el Holocausto.

De esa manera,  en el 1947, las Naciones Unidas adoptó la resolución 181, en virtud de la cual estableció la partición del antiguo mandato de Gran Bretaña sobre Palestina en dos Estados: el judío y el árabe. Así mismo, indicó que la ciudad de Jerusalén se mantendría como una entidad separada, bajo control internacional y administración de las Naciones Unidas.

Esa decisión de partición de Palestina en dos Estados dio origen, inmediatamente, a las guerras de los árabes contra Israel de 1948; 1956; 1967, 1982; y las insurrecciones, o Intifadas de 1987 y 2000.

Frente a esos encuentros bélicos ha habido también diversos esfuerzos de paz, siendo los más relevantes la Conferencia de Ginebra, en 1973; la Conferencia de Madrid, en 1991; los Acuerdos de Oslo, en 1993; la Cumbre de Camp David, en 2000; la Iniciativa Árabe de Paz, en 2002; y finalmente la Iniciativa Kerry, del 2013.

Los desafíos del futuro
Si bien Benjamín Netanyahu ha logrado proveer cierto nivel de seguridad a Israel durante sus periodos de gobierno, no resulta tan claro, por las medidas adoptadas, cuan eficaz esto pueda resultar con miras al futuro.

En su libro, A Durable Peace: Israel and its Place Among the Nations (Una Paz Duradera: Israel y su Lugar entre las Naciones), el actual Primer Ministro israelí se manifestó en contra del proceso de paz de Oslo, el cual establecía las bases futuras para la conformación de dos Estados soberanos e independientes: Israel y Palestina.

En igual sentido, se expresó una resolución de las Naciones Unidas de 1974 que hacía un llamado a “la creación de dos Estados, Israel y Palestina, uno al lado del otro, dentro de fronteras seguras y reconocidas”.

Durante su trayectoria política, Netanyahu ha sido consistente con su postura. A pesar de que, en términos retóricos, no se opone a la solución del conflicto Israel-Palestina, mediante el reconocimiento de dos Estados,  en los hechos, sin embargo, estimula los asentamientos de judíos en los territorios palestinos ocupados desde la Guerra de los Seis Días, en 1967.

Ahora, con el gobierno del presidente norteamericano Donald Trump, el primer ministro israelí ha encontrado un gran aliado para su causa. Primero, fue el traslado de la embajada estadounidense de la ciudad de Tel Aviv a Jerusalén. Luego, en simbólico apoyo a la candidatura de Netanyahu, el reconocimiento de Israel sobre el control de las Alturas de Golán,  las cuales, en términos legales, corresponden a Siria.

Durante su reciente campaña electoral, Benjamín Netanyahu manifestó su disposición a proceder a la anexión de Cisjordania, es decir, de los territorios donde habitan 2 millones, 600 mil  palestinos, pero bajo estricto control y vigilancia de Israel.

De ser así, la posibilidad de crear dos Estados, Israel y Palestina, se habrá evaporado. Sin embargo, no así los conflictos. Estos continuarán, en razón de que se hará prácticamente imposible combinar un Estado judío y una sociedad democrática, en la cual, la mayoría de la población será predominantemente palestina, pero sin derecho al voto o al ejercicio de otros derechos fundamentales.

Esa es la disyuntiva que no encuentra solución estratégica en las tácticas del ahora cinco veces primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu.

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