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La República sábado, 13 de abril de 2019

Enfoque

La democracia reclama de nuestra protección

  • La democracia reclama de nuestra protección
Rafael G. Guzmán Fermín
fuerzadelta3@gmail.com

“Hay una diferencia sencilla entre un dictador y un demócrata: si el demócrata no tiene oposición, su deber es crearla, mientras que el sueño del dictador es eliminar toda oposición.”
(
Óscar Arias)

La reciente embestida del máximo representante de uno de los poderes del Estado en contra de una entidad autónoma dentro de la estructura de las Altas Cortes, como lo es el Tribunal Superior Electoral (TSE), constituye una peligrosa violación a la sagrada independencia de poderes del Estado, siendo este uno de los más importantes principios políticos del sistema democrático, consagrados en el artículo 7 de nuestra Constitución.

Si a esta grave amenaza se le suman otras, tales como las decenas de miles de intercepciones telefónicas, que de manera ilegal y en violación a la intimidad y privacidad como derecho fundamental y constitucional tenemos los ciudadanos bajo un régimen social y democrático de derecho (Art 44 numeral 3); junto a la intimidación de funcionarios del Gobierno a empleados públicos como medio de control social; una prensa amordazada por el oro corruptor y denunciadas amenazas a la libertad de expresión; y las noticias que circulan sobre el acobardamiento de empresarios que no responden a las esferas de poder utilizando el “cuco” de aduanas y la DGII, son estas claras “alertas tempranas” de que en la democracia dominicana se está incubando el germen del autoritarismo, que según lo que vemos en nuestro entorno, podría degenerar en una tiranía igual como ha ocurrido en Venezuela, Bolivia y Nicaragua.

Es preciso advertir, que en cada uno de esos países donde hoy sus mandatarios son dictadores, todos ellos accedieron al poder por elecciones libres y dentro de un régimen democrático, “vestidos” con ropas de demócratas, pero sin que la sociedad se diera cuenta, poco a poco, y a pesar de estas mismas “alertas tempranas” que he mencionado, han caído sigilosamente en la oprobiosa tiranía, la anarquía, pérdida de libertades y el colapso económico.

Para ciudadanos como nosotros, que conocemos bien lo que son los poderes del Estado por haber ejercido diversas funciones dentro de sus estructuras de poder por más de treinta años, no se nos escapa este hachazo a la institucionalidad e independencia de los mismos, pero sí puede pasar peligrosamente inadvertida para la mayoría del pueblo por la triste ignorancia que padece, pues no está en la capacidad de discernir; o en la miseria que sufre, pues esta lo ata a la dependencia de las humillantes “canastas” o nominillas de un supuesto Estado “solidario”.

En este contexto, es necesario recordar lo que pensaba el filósofo y jurista francés Montesquieu, uno de los padres precursores de la democracia, en la articulación de la separación de poderes, cito: “Todo hombre que tiene poder se inclina a abusar del mismo; él va hasta que encuentra límites. Para que no se pueda abusar del poder hace falta que, por la disposición de las cosas, el poder detenga al poder”.

Es por ello que la doctrina básica para que una democracia funcione bien, sea sana y robusta, será donde exista un equilibrio de poderes, es decir, generar la confianza y madurez política para que exista una vigilancia, control y capacidad de detener los excesos entre los tres poderes, de suerte y manera, que ninguno de ellos predomine sobre el otro, ya sea por propia ambición de sus mandantes o factores oscuros que atenten contra los principios democráticos.

Es preciso señalar, que con la misma lealtad ciudadana y patriótica con la que juramos por nuestro honor, ante Dios y la Patria, cumplir y hacer cumplir la Constitución y leyes de la República desde la honrosa carrera policial por más de tres décadas, hoy, desde la honorable trinchera del retiro, analizamos y expresamos nuestros pareceres ante situaciones del acontecer nacional e internacional amparados en nuestros derechos constitucionales consagrados en los artículos 7 y 8 de la Constitución, especialmente los artículos 38, 39, 40, 44, 45, 46,47,48 y 49 de la Carta Magna.

Aclaro esto, porque pueda ser que en algunas mentes paranoicas, y observando las alertas tempranas del virus de la intolerancia y autoritarismo, puedan otra vez elucubrar y pensar en conspiraciones insensatas y ver fantasmas donde no hay.

¡Pues NO!, ya que aquellos hombres y mujeres que durante décadas servimos a la Patria con alta vocación de sacrificios de una carrera dominada por la virtud, la razón y la templanza severa; que pasamos por las más duras pruebas que hicieron templar nuestro carácter y moldearlo a la disciplina del espíritu; de hombres y mujeres capaces de arriesgar sus propias vidas para defender las vidas de las demás personas; de también tener que tragarnos los intentos infructuosos de descréditos y calumnias, no es verdad que en nuestros corazones resida la mezquindad de la traición o el germen miserable de la conspiración, pues todo lo que hemos aprendido es  consagrar nuestras vidas  a la protección y defensa de la Patria, la democracia y la libertad.

Esperamos que esos exabruptos, producto tal vez de la desesperación, y que buscan la intimidación de los otros jueces de los demás tribunales que amparan la democracia de la República, finalmente encuentren la sensatez, para el fortalecimiento del sistema democrático, y no tener que estar comparando a los dictadores con los demócratas, tal como advirtiera a toda la Nación el editorial de este Listín Diario del día 11 del presente mes, titulado: “Inadmisible abuso de poder”.

El autor es miembro del Círculo Delta.


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