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La República jueves, 19 de abril de 2018

ENFOQUE

Civismo y Compromiso

LA EDUCACIÓN CÍVICA TIENE EL PROPÓSITO DE GUIAR AL INDIVIDUO PARA QUE PUEDA OBTENER EL MÁXIMO DE UTILIDAD POSIBLE, PARA LO CUAL DEBE CAPACITARSE AL HOMBRE EN LA LUCHA POR LA VIDA

  • Civismo y Compromiso
Homero Luis Lajara Solá | HISTORIADOR
fuerzadelta3@gmail.com | www.homerolajara.net
Santo Domingo

“Solo hay un bien, el conocimiento Solo hay un mal, la ignorancia “
-Sócrates -

Cuando escribí sobre la Batalla Naval de Tortuguero, librada el 15 de abril de 1844 en las aguas costeras de Azua, entre la naciente marina militar dominicana, comandada por los almirantes Cambiaso y Maggiolo, y la entonces superior marina  haitiana; comentando  versiones erradas, según historiadores calificados, sobre  la participación de almirante Acosta en esa contienda naval, así como de las hazañas bélicas en la Batalla de las Carreras, efectuada el 21 de abril de 1849, bajo el mando de los generales Santana y Duvergé, recibí varios mensajes electrónicos (WhatsApp), de personas que expresaban su nostalgia por las desaparecidas clases de educación cívica que se impartían en los centros de estudio del país.

Uno  de esos mensajes hacía referencia al hecho de que en ocasiones se usan los periódicos para hacer públicos  temas ofensivos;  mientras que otro decía textualmente que: “Hay columnistas que desde que uno ve el nombre, cambia la página, ya que es más de lo mismo, nada que  aporte a la educación y al progreso”.

Similares a esos mensajes que cito, recibí muchos más, razón por la cual decidí dar en este nuevo aporte  unas pinceladas sobre  educación cívica y costumbres de convivencia en sociedad, no solo por respeto a los lectores que me honran leyendo mis ensayos, sino también  porque este tipo de conocimiento es parte esencial de mi formación personal y profesional.

Inicio con el esencial concepto de sociedad: Reunión permanente de personas, pueblos o naciones, que conviven y se relacionan bajo unas leyes comunes. Así como agrupación de individuos con el fin de cumplir mediante  la mutua cooperación, todos o algunos de los fines de  la vida.

Por su parte, la educación cívica tiene el propósito de guiar al individuo para que pueda obtener el máximo de utilidad posible, para lo cual debe capacitarse al hombre en la lucha por la vida, desarrollando en él las virtudes domésticas, cívicas y los dominios del arte.

El gran estagirita, Aristóteles,   fue  un propulsor de la educación cívica, formando en Macedonia ciudadanos tolerantes a las opiniones contrarias y respetuosos de sus deberes y derechos, así como de las autoridades.

Esta teoría educativa y formativa plantea que desde el claustro materno, el individuo debe ser educado con una formación integral en valores y principios, que le permitan concurrir con honor y dignidad a la vida pública de la nación. Con esa formación  intuye que actitudes como  el guardar silencio ante los atropellos físicos y morales de las autoridades, hace a las personas indiferentes y cómplices por omisión.

Pero también el ciudadano debe saber cuándo se pierden sus derechos constitucionales: Tomar las armas contra la República, atentar contra ella, ser condenado a una pena criminal y levantarse en armas contra el gobierno elegido por el voto popular.

En el caso particular de nuestro país, la República Dominicana, es preocupante ver cómo parece hoy navegar por mares revueltos y tormentosos, donde muchos  funcionarios públicos, por su falta de capacidad y vocación de trabajo, permanecen muy por debajo de lo que se espera de ellos, sin poder enfrentar las adversidades del milenio.

Estos  “servidores” públicos, por su elevadísimo nivel de intolerancia, con frecuencia dan a entender, incluso  en las redes sociales que  “el que no está con ellos, está entonces en su contra”, con lo que muestran las serias debilidades de formación y vocación para ejercer tales funciones.

Volviendo a la importancia del sentido cívico, y reconociendo ser neófito en asuntos de  leyes electorales, específicamente los que como yo  hace poco   tenemos derecho al voto por nuestra condición pretérita de militares en servicio activo, nos confunde  la actuación de políticos oficialistas sobre aspectos como la Ley de Partidos y la inserción de las primarias abiertas, en vez de cerradas, es decir , que en la elección de sus candidatos, vote sin distinción todo el que está inscrito en el padrón electoral, pertenezca o no al partido en cuestión , minimizando la primacía de su militancia, que debería sustentase en ideologías determinadas y afines entre sus afiliados y simpatizantes.  Por eso  la confusión.

Esas maniobras partidistas,   más que fortalecer la democracia, debilitan el ya decadente y obsoleto sistema de partidos , donde hay personas que con tal de lograr sus propósitos  con ese tipo de acciones  impopulares, pueden  causar un torbellino peor que Caribdis y Escila en el estrecho de Mesina, retardando el tránsito de la “dominicracia”  a la democracia representativa  e institucionalidad.

En ese mismo orden, entiendo que también hay que ver con ojo cívico, teniendo como base nuestras leyes migratorias, el caso de los hijos de haitianos que   en  situación irregular recibieron sus  actas de nacimiento de una autoridad competente. Muchos somos los que esperamos que en este proceso se revise muy bien su estatus jurídico legal y que se haga sin presión foránea,  en función  a la ley de consenso No. 169-14,  y el Decreto No. 250-14, que crea su reglamento de aplicación, ya que la referida Ley 169-14,  cauterizó la necesaria herida que causó la Sentencia No. 169-13, del Honorable Tribunal Constitucional, trabucazo legal que había que disparar para despertar de la inercia que tenían las leyes migratorias nacionales.

Las imprevisiones legales de nuestra política migratoria y las debilidades del Registro Civil, que vienen de antaño y permitieron que personas nacidas en el país, con estatus real de extranjeros, recibieran  documentación al inscribirlos en esos  libros de Registro Civil  de forma irregular, se resuelven   con la  implementación de la Ley 169-14,  pero aplicada con la severidad de un sensor romano, según su espíritu y sus disposiciones.

Somos ya muchos, quizás mayoría, los que esperamos  que en este asunto prime el civismo, no el fanatismo ni el deseo de sacar provecho particular a algo tan serio, sin la necesidad de calificar a los nacionalistas como  nazis, ni mucho menos con el injusto calificativo de xenófobos, ni que el que no esté de acuerdo con ellos merezca ser insultado o acusado de lacayo de poderes oscuros, solo porque  tengan un concepto diferente y muchas veces  errado sobre los derechos humanos y el poder soberano de un país al aplicar sus leyes migratorias.

La forma como se aprueben y apliquen  leyes,  como es el caso de las  migratorias y ahora la Ley de Partidos,  aún en el Congreso, debe hacerse de manera que sean siempre  legales y justas y con la mira puesta en el interés nacional,  debiendo  resolverse estas situaciones  entre dominicanos capaces y sensatos que estén conscientes de que,  a pesar de todo,  hemos avanzado.  Sólo de esa forma, en este mes de abril,  honraremos el compromiso  con esos próceres  de  glorias inmarcesibles que en la Batalla Naval de   Tortuguero y en Las Carreras, venciendo las hordas invasoras haitianas en su intentona de desconocer la Independencia Dominicana, con el oportuno estruendo de nuestros cañones y el filo del machete ,  impidieron  al  invasor   dominar nuestras aguas sureñas y abrevar en las aguas del Río Ocoa , preservándose así  la nacionalidad dominicana. ¡Ellos sí que siempre dieron muestras de compromiso y civismo!

El autor es miembro fundador del Círculo Delta


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