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La República viernes, 29 de septiembre de 2017

EL TEMOR A QUE SE MUEVA

El país no está preparado para un gran terremoto

EXPERTOS EN SISMOLOGÍA MENCIONAN COMO ASPECTOS PREOCUPANTES LAS CONSTRUCCIONES SOBRE SUELOS BLANDOS QUE AMPLIFICAN EL ESPECTRO SÍSMICO Y LAS EDIFICACIONES INFORMALES LEVANTADAS SIN NINGUNA SUPERVISIÓN DEL ESTADO

Juan Salazar
juan.salazar@listindiario.com
Santo Domingo

Cuando se les pregunta a expertos en sismología si el país está preparado para enfrentar terremotos de gran magnitud, similares a los ocurridos recientemente en México, la respuesta es tajante: “Definitivamente, no”.

Sus principales argumentos son las construcciones sobre suelos débiles o blandos que amplifican el espectro sísmico, las edificaciones informales levantadas sin ninguna supervisión del Estado y el bajo presupuesto para mitigación de desastres frente a un inminente terremoto que podría tener consecuencias devastadoras.

“Si aquí ocurriese un terremoto como el del 4 de agosto de 1946, que fue de magnitud 8.1, nos dejaría tierra arrasada en muchas zonas importantes”, precisó el geólogo Osiris de León, quien explicó que los edificios que colapsaron con los recientes sismos en México y también con el terremoto del 12 de enero de 2010 en Haití, incluido el Palacio Nacional de esa nación, se debió a que estaban construidos en suelo arcilloso o blando.

Entre las zonas con edificaciones vulnerables citó a los sectores Los Prados, San Gerónimo, La Castellana, Los Alcarrizos, Santo Domingo Norte, Jardines del Norte y Los Ríos, en la capital, así como Santiago, La Vega, Bonao, San Francisco de Macorís, Salcedo, Tenares, Villa Tapia, Arenoso y Nagua, en la parte nordeste.

El experto indicó que los viejos edificios de la Zona Colonial de Santo Domingo siguen en pie, pese a que han soportado ocho grandes terremotos, porque están construidos sobre rocas calizas rígidas que atenúan el efecto sísmico.

Consideró que ese criterio no se está tomando en cuenta aquí a la hora de construir escuelas, iglesias, hospitales, estadios, torres residenciales y otros lugares que acogen a grandes cantidades de personas. “Después de haber visto el terremoto de Haití, los recientes en México y lo que pasó en Puerto Plata el 22 de septiembre de 2003, donde un temblor de 6.5 nos echó al suelo muchas edificaciones, deberíamos estar cambiando el criterio para las construcciones en el país”, agregó.

Sugirió al Estado tener diseños de construcción para los diferentes tipos de suelo y, en el caso de los blandos, obligar a los constructores a remover la capa superior de los suelos flexibles y a colocar un aislante sísmico entre la zapata  y la columna.

En la isla Española hay entre 12 o 14 fallas sísmicamente activas, y dos de ellas con potencial para producir terremotos de magnitud superior a 7 y maremotos: La Atlántica, que cruza al norte de Monte Cristi, Puerto Plata, Río San Juan y Samaná, y la Enriquillo, en el Sur, que recorre a Puerto Príncipe, Jimaní, Duvergé, Barahona, Azua, Baní, San Cristóbal, Santo Domingo, Higüey y la zona sur de Puerto Rico.

Otras dos fallas con alto potencial sísmico son las ubicadas en la Trinchera de los Muertos, que en una ocasión provocó un temblor que destruyó a Azua, y la de Ocoa, que ha generado sismos de hasta 6.5 en la escala de Richter. Desde 1562 hasta 2010, la isla Española ha sido estremecida por ocho grandes terremotos, siendo el de mayor intensidad el de 8.1 del 4 de agosto de 1946, en Nagua, donde también provocó un tsunami que inundó a la comunidad Matancitas.

El geólogo De León exhortó a realizar un estudio de vulnerabilidad en los edificios públicos, a nivel de suelo y de diseño estructural, tal y como dispuso en Estados Unidos el presidente Barack Obama mediante una orden ejecutiva, con el objetivo de reforzarlas y hacerlas sismo-resistentes.

“Cada día que pasa estamos más expuestos a que se repita un evento sísmico mayor como el del 4 de agosto de 1946”, advirtió De León, quien aclara que su intención no es alarmar, sino llamar la atención del gobierno, de los constructores de viviendas y del Colegio Dominicano de Ingenieros y Arquitectos (Codia), en su condición de asesor del Estado en esa materia, para que el país no continúe de espaldas ante el alto nivel de vulnerabilidad sísmica que prevalece en República Dominicana.  

Lamentó que no exista un régimen de consecuencias para someter a la justicia a los constructores de estructuras colapsadas o averiadas por cualquier evento menor, especialmente en edificaciones que albergan mucha gente, como escuelas, hospitales y estadios.

El experto propuso incluir en el currículo escolar la asignatura “Desastres Naturales” para instruir a los estudiantes desde los niveles básico y medio sobre cómo responder ante fenómenos como huracanes y terremotos.