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La República viernes, 24 de abril de 2015

NOVELISTA

Ángela Hernández: es  hora de establecer unas relaciones saludables  entre Haití y RD

“LA DEMOCRACIA NO ES POSIBLE CON FUNCIONARIOS SORDOS, INFATUADOS A MÁS NO PODER”

Néstor Medrano
Santo Domingo

Ángela Hernández es novelista, cuentista, poeta y sobre todas las cosas mujer de pensamiento que cree en la literatura dominicana, que confía en el ejercicio literario que se forja en República Dominicana y en los autores dominicanos de aquí y de la diáspora. 

Al hablar no tiene tabúes ni miedos, cree que es  hora de establecer unas relaciones saludables y fructíferas entre Haití y República Dominicana, entre sus dos pueblos. Unas relaciones tan buenas como nunca antes. Hacerlo con la mayor creatividad y buena fe. Dice que para ello, hay que dejar de ser esclavos de “la historia” y de los prejuicios.  

Lamenta que los intelectuales dominicanos y haitianos no hayan confluido en ese mundo fecundo de la creación de ambas naciones y tiene una percepción muy aguda del patriota: aquel que cumple con su responsabilidad, que hace su trabajo.

 “Por alguna profunda razón enterrada en el inconsciente colectivo, aquí se desdeña lo que nace en esta tierra. En lo que concierne a la materia que nos ocupa, nunca estamos lo suficientemente seguros de que nuestra tradición literaria (en cuento, poesía y novela) sea a todas luces importante”, dice.  

Ángela Hernández tiene muy claro cómo funcionan las cosas y cómo deben funcionar para que exista una mejor valoración del escritor y de la escritora, de creer en nuestros talentos sin desdeñar, pero, piensa  queel Presidente de la República, porque así es que esto funciona, debe sentar al ministro de Cultura y al de Educación a definir con él cómo se combinan las labores de estas dos instituciones”.

Es un juicio valioso en el que a seguidas a porta que, previamente, ambos ministerios deben de realizar una consulta participativa al respecto. ¿El tema no parece de envergadura? Pues lo es, ya que entraña, entre otras cosas, contenido de la educación, su calidad, y el papel de los libros (bibliotecas) en esto. Significa estudiar de manera inteligente cómo se aprovechan mejor los recursos con los que contamos. Cómo se alienta el despliegue de creatividad y pensamiento que hoy solo es potencialidad.

A continuación la entrevista:

Ángela Hernández es una escritora que nada en las aguas de la poesía y la narrativa, con una obra terminada y una trayectoria que la coloca en los topes de mayor relevancia, lo que le confiere autoridad para valorar la literatura que se hace actualmente, ¿es de calidad el producto literario actual de República Dominicana?

Sí, hay calidad en la literatura dominicana actual. Obras creadas en Santo Domingo, en la diáspora, en las provincias; obras en las que se reflejan el dinamismo y la estupenda hibridez de nuestra cultura caribeña.

Contrario a lo que suele creerse, no se precisan miles de libros publicados para perfilar una literatura consistente. Basta que cada año surjan a la luz dos o tres obras bien escritas y bien editadas que digan algo nuevo o hagan un aporte a la manera de comunicarlo (valor de contenido y artístico).  

Sí, hay calidad en la literatura dominicana, pese a los indescriptibles obstáculos en el camino. Pero hay que añadir que podría haber infinitamente más calidad. Los libros podrían estar mejor situados; los escritores y el público, mejor formados; el medio, podría ser un poco más estimulante para creadores y creadoras. Los escritores, mujeres y hombres, ser dueños de un pensamiento más independiente…

Desde la aparición de las Mariposas no le temen a los cactus en 1985, Emergencia del silencio, Tizne y cristal, Telar de Rebeldía, Charamicos y Mudanza de los sentidos, cuál etapa de la creación dejó una huella indeleble en la autora?

Solo hay una etapa. Se inicia cuando se me cortó el aliento mirando, como a un metro, nunca lo toqué, el libro Los viajes de Marco Polo, sigue hoy mientras respondo a tus preguntas y continuará hasta mi muerte.

Creo, por otro lado, que aparte de Emergencia del silencio (1986), todo lo que escribí antes de 1989 forma parte de mi prehistoria literaria. Mi obra empieza con Alótropos (1990). 

Cuando hablamos de Ángela Hernández la cuentista, ¿de quién hablamos, de Bosch, de Horacio Quiroga, de Julio Cortázar, Hilma Contreras o de Ángela Hernández?

De todos ellos y de muchísimos más. Los narradores rusos y los franceses del siglo XIX fueron mi primera escuela (cuando aún ni me pasaba por la cabeza convertirme en escritora) porque, por puro azar, se me facilitaron sus obras en la adolescencia. Después siguieron los latinoamericanos, caribeños y norteamericanos. Por mucho tiempo, preferí la lectura de novelas. El primer cuento que me impresionó vivamente fue “El gabán”, de Nicolai Gogol. Los dos primeros libros de cuento de dominicanos que adquirí y cuya lectura me dejó enganchada a sus autores fueron Cuentos escritos en el exilio de Juan Bosch e Infancia feliz de Armando Almánzar. Posteriormente, iría descubriendo el tesoro que poseemos en el país en este género. Nuestra tradición en cuanto a esto se equipara a las mejores. (En un momento, me encariñé con autores españoles, disfruté sus novelas pero en cuento encontré poco. Creo que eso ha variado. Me asombró que un extraordinario novelista fuera un pobre cuentista).

En distintos momentos de mi vida, han llegado a mí autores y autoras de narrativa breve para quedarse en mi memoria. A veces, de un autor, es solo un cuento lo que me ha conquistado:

Guy de Maupassant,  Felisberto Hernández, Anton Chéjov, J. L. Borges, Clarice Lispector, Herman Melville, Franz Kafka, Horacio Quiroga, Marguerite Yourcenar, Oscar Wilde, Juan Rulfo, J. D. Salinger, Katherine Mansfield,  Rudyard Kipling, Ana María Matute, Lydia Cabrera, Roberto Arlt, Juan Carlos Onetti, Reinaldo Arenas…  Juan Bosch, Tomás Hernández Franco, Sanz Lajara,  Hilma Contreras, Delia Weber, José Alcántara, Pedro Peix, Virgilio Alcántara, Manuel Rueda, Diógenes Valdez… Las mil y una noche.

(En varios de estos escritores, he preferido un cuento a sus novelas).

Quiero agregar que en Haití hay una cuentística extraordinaria, la cual comienza con fabulosos cuentos folklóricos. 

Si le pedimos una definición del cuento, la novela y la poesía a partir de los planteamientos estéticos de la cuentista, la novelista y la poeta Ángela Hernández, tendríamos algo nuevo o se mantienen preceptos clásicos?

Todos los géneros mencionados (al que sumo la fotografía) se originan en lo mismo, que no podría explicar. Él árbol con las características de producir frutos distintos en sus ramas. Él árbol único de los frutos plurales. Cada tipo de fruto se asocia a un tipo de percepción y observación, a un estado del ser, del alma, a un tanteo, a una específica aventura en la que el lenguaje es fuente y es pregunta, es nudo y soluciones, es comunicación y es silencio absoluto.

En mi literatura, de conjunto, pueden observarse dos corrientes de creación distintas. Una de ellas responde en buena parte a los preceptos clásicos, en la segunda prepondera la libertad, el otear posibilidades del lenguaje, en los nexos entre sueño y vigilia, imaginación y pensamiento. La primera se acomoda en el centro; la segunda, en los bordes, en las germinantes fronteras. Esta segunda obedece a una voz, encantadora pero apenas audible; brillante en su tenuidad. Muestra de la primera: Charamicos, de la segunda: Metáfora del cuerpo en fuga. Ambas comprenden dolor y celebración.

Sabemos de sus puntos de vista de mujer intelectual, de poeta, de mujer de pensamiento con posiciones conocidas que observa y vive la realidad de su país, ¿qué le falta al país para completar su proceso democrático, es viable la democracia en un sistema donde existen trabas sistémicas y falta de oportunidades para los pobres?

Los libros crean democracia. Son el imprescindible y secreto aliado de la misma. Quiero empezar por decir esto. En la historia personal de los que han resistido a tiranías  siempre encontraremos libros.  Minerva Mirabal forjó su capacidad de pensar, su idea de libertad, a través de la lectura. Era una gran lectora. Nacida en un pequeño campo del Cibao, su imaginación alcanzó a percibir los perfumes de todos los prados, mares y desiertos del mundo; el perfume de la libertad. La democracia debería tomar como símbolo un libro abierto. En cada figura asociada al avance humano hay un libro cardinal, una puerta por la que accedió al universo compartido de la condición humana.

La democracia es una abstracción para quienes al empezar el día no tienen asegurado lo que comerán o para el enfermo que carece de medicina o para la mujer entrampada en un circuito de violencia doméstica o para el que encierran durante años por locura o por robar una lata de leche. 

Todo tipo de relatividades ciñen a la democracia cuando las instituciones que deben de garantizarla se corrompen.

Así y todo, la dictadura es lo peor. Lo sabemos, y de ello se aprovechan los que a cuenta de la democracia se inflan de poder y ventajas de todo tipo.

La democracia es concepto huero si no va acompañada de una “mentalidad democrática”, lo que implica capacidad y disposición para respetar las diferencias, así como conciencia de los derechos individuales y los colectivos. Poseer “mentalidad democrática” significa saber ponerse en el lugar del otro. Sentir lo que este siente. Lo que incluye, sentir hambre y asfixia, desesperación, como las que originan no contar con ingresos, con un trabajo, con medio de vida.

La democracia no puede ser real mientras quienes deben de fortalecerla, por la posición en que se encuentran, se envician en la retórica vana y tienden a extraviar todo sentido de sinceridad y, a veces, hasta de decencia espiritual.

La democracia no es posible con funcionarios sordos, con funcionarios y funcionarias infatuados a más no poder.

¿Qué se puede esperar de una sociedad en la que la persona honesta sufre desasosiego y teme al aislamiento y pérdida de oportunidades precisamente por proceder con decencia, mientras a los vivos (avivatos) y oportunistas, muy campantes ellos, se les abren puertas aquí y allá?

¿Cómo puede avanzar la democracia cuando cotidianamente se abusa de la paciencia del pueblo, de la  resiliencia de los pobres?

Democracia y Justicia han de ir de la mano. No veo cómo pueda afirmarse una democracia en medio de privaciones materiales y manipulaciones. 

La buena noticia es que el pueblo dominicano posee una increíble reserva moral y unas capacidades heroicas para salir adelante. A ello se debe que, aun en las más deplorables condiciones, siempre surgen personas, organizaciones, voces que rescatan la esperanza, fortalecen la confianza en nosotros mismos y luchan con honestidad por el bien común. 

Yo nunca pierdo la fe. Fe en Dios. Fe en las personas. No hay un día en que no me tope con una razón de maravillamiento

Muchos consideran que es usted una de las poetas de mayor importancia en el país, ¿sirve para algo esa consideración, en un país con tantas taras sistémicas en el entorno cultural?

Cada día, yo trato de pensar y convencerme de que estoy empezando a escribir, que todo lo anterior no fue más que ensayo. Lo que implica aligerarme de los equipajes pesados, que son tan del gusto del ego. No sé si lo logro, pero trato. 

Cada verso logrado me hace feliz. Lo equiparo a un cogollo, a un lazo oculto que se vuelve visible. Incluso si resuma desconcierto, incluso si es hermético. Sé que en el verso hay un movimiento de vida. Sentido y vida.

Si se le acercara alguien, un niño de diez años, un adolescente de catorce, un joven de veinte o un adulto joven de 40, qué libro de su autoría le recomendaría?

Al joven, Mudanza de los sentidos; al adulto mis otros libros, según su gusto.

¿Sigue siendo República Dominicana un país de poetas y cuentistas, o la novela rompió esos esquemas?

Hoy día, estos géneros tienden a marchar a la par. Con frecuencia se entreveran o fusionan.

Por otro lado, pienso que las generalizaciones sobre nuestra literatura suelen ocultar la verdad. Es fácil repetir lo dicho, sin el esfuerzo de confirmarlo. Así se crean estereotipos e interpretaciones unilaterales, que a lo mejor ajustan a un periodo y en el siguiente ya no. Es difícil sacar conclusiones, sobre todo porque no se ha estudiado lo suficiente nuestra literatura. Llama la atención que desde el extranjero se le haya prestado más atención a la narrativa que a la poesía. Eso me parece, a partir de las numerosas tesis para grado de maestría y doctorales sobre novelas y cuentos dominicanos. Académicos de sólida formación de diversos lares se interesan por nuestra narrativa.

¿Hace falta una crítica literaria seria y objetiva o estamos bien a la libre, sin que nadie enfile los cañones hacia la literatura dominicana?

Contamos con críticos serios, mujeres y hombres. Unos viven aquí, otros pertenecen a la diáspora y trabajan en universidades de distintos países, en particular de Estados Unidos, Canadá y Puerto Rico. 

Mas, es mucho lo que nos falta en este terreno. Obras van y vienen, sin merecer una nota crítica ni ser leídas. Solo un pequeño puñado de personas ha leído con sentido crítico y mente abierta a los escritores y escritoras (estas se leen mucho menos) que ha dado la República Dominicana. Mucho menos son los que posan su mirada sobre los que están forjándose.

Yo me pregunto, ¿qué se está haciendo en las universidades dominicanas en cuanto a la literatura del país? La crítica, la valoración que recrea y atrae la atención sobre un libro es casi inexistente. Los estudios humanísticos, lejos de crecer, decaen, pierden importancia ante los ojos indiferentes o inseguros de todos.

Lo interesante es que, pese al deprimido panorama descrito, no cesan de publicarse libros, de surgir escritores y escritoras, de dedicarse miles de horas de trabajo a la creación. Lo interesante es, por igual, que dominicanas y dominicanos, en un número nada pequeño, se fajan con la página en blanco con un fervor pasmoso y unas expectativas alucinadas, aunque en el fondo sepan que nada tienen seguro. Y más en la superficie, por obvio, estén conscientes de que con este trabajo no podrán pagar un seguro médico ni asegurarse una pensión en la vejez. Es maravilloso. Yo me inclino ante todos y todas los que se empeñan en crear versos y cuentos e historias que enriquecen el sentido de la vida y elaboran originales lazos comunicantes.

Me inclino ante Luis Alfredo Torres, el poeta de “Los días irreverentes” y de “Canto a Proserpina”. Ante Jacques Viau Renaud, el simidor antillano. Ante la valiente Carmen Natalia Martínez. Ante el “grano de polen” de Evangelina Rodríguez. Ante muchos otros y otras cuyas palabras se tejieron con costosa integridad. Esos y esas, figuras del dolor y del olvido.

Cuando me he puesto a estudiar a nuestras escritoras de finales del siglo XIX hasta el 1960 he sentido alegría y angustia. Porque confirmo su inteligencia y su rebeldía, a menudo solapada, y también la neblina, el olvido, en que yacen. 

 Pensando en estos temas, es imposible no reconocer a quienes han dedicado buen tiempo a estudiar y difundir la literatura dominicana, con una actitud y perspectiva que va más allá de lo académico. Una muestra: Miguel de Mena, con su Cielonaranja y José Rafael Lantigua con su “Biblioteca”. Más atrás, Mateo Morrison con el suplemento “Aquí”. Y extranjeros: Danilo Manera, Ester Gimbernat, Rita Maeseneer, Nina Bruni, Sara Rosell… 

¿Qué cree que falta en República Dominicana para que el escritor y la escritora real, quien trabaja en un ejercicio sincero, cuente con las herramientas que faciliten su ejercicio, tomando en cuenta un mercado editorial prácticamente complejo cuando no inexistente?

La meta yo no la enfocaría en el mercado editorial sino en la calidad de la escritura pues, creo en firme, que una buena obra encontrará a sus lectores, a la corta o a la larga.

Lo primero, insisto, acceso gratuito a la mejor literatura de todo el mundo y de todos los tiempos. Bibliotecas públicas bien equipadas y que presten los libros.

(¿Para qué ha servido la Ley del libro y bibliotecas?).

Un propósito cardinal que debería de teñir los planes del Ministerio de Cultura y del Ministerio de Educación es crear lectores y lectoras en un número creciente. Un florecimiento de la lectura.

Lo segundo, valorar nuestra literatura. Creer en ella. Respetar y amar nuestra tradición en este orden. Si nosotros no profesamos respeto por lo que producimos, si no somos capaces de estudiarlo a fondo, desentrañar sus valores, contextualizarlo en nuestra cultura, no esperemos que los otros,  los foráneos, lo hagan. Estés en París o en Beijing, si no muestras que conoces lo tuyo, tu cultura, sus obras fundamentales, no te respetarán. Una de las razones de mi admiración profunda por Octavio Paz radica en Poesía en movimiento y en sus ensayos sobre poetas de su tierra, su manera de elevar el poema “Primero sueño” de Sor Juana Inés, “Muerte sin fin de José Gorostiza, el  haiku de Juan José Tablada… Sin Octavio Paz, nunca me hubiesen cautivado de manera tan intensa. 

¿Puede República Dominicana presentar sin muchas dificultades a la comunidad internacional a un escritor con base sólida que califique para apostar por el Premio Cervantes, o el Nobel de Literatura? ¿En quién piensa?

En Marcio Veloz Maggiolo, para el Cervantes. 

El Nobel se complica por el tema de las traducciones, para empezar.

¿Qué opina del desdén que se muestra desde muchos ámbitos hacia los autores dominicanos y las preferencias de autores del exterior sobre nuestros escritores, es cierto que esto se debe a que tienen una mayor calidad o que se trata de una realidad impuesta por las propias deficiencias sistémicas del país?

Es común, nos resulta familiar a todos, que se emitan juicios definitivos sobre la obra de un autor o autora sin que medie un estudio sopesado del mismo y, con frecuencia, lo que resulta inaudito, sin haber leído sus libros.  Y esto se aplica por igual a los escritores del pasado lejano y de nuestra historia reciente. Se hacen unas simplificaciones que espantan. Se arman antologías a base de informaciones aisladas. Se descalifican periodos o promociones enteros. Se soslaya a las escritoras, en particular las del pasado. Se toma lo foráneo como horizonte de valor superior.

Por alguna profunda razón enterrada en el inconsciente colectivo, aquí se desdeña lo que nace en esta tierra. En lo que concierne a la materia que nos ocupa, nunca estamos lo suficientemente seguros de que nuestra tradición literaria (en cuento, poesía y novela) sea a todas luces importante. Esto sume a una en perplejidad, pues este desprecio o subestimación lo encarnan hasta los mismos creadores. Es una tontería, es el muro en torno nuestro, no levantado subrepticiamente por los otros, como en el famoso poema de Constantino Kavafis, sino creado, ladrillo a ladrillo, por nosotros mismos. Curioso, ¿no? Causa de desmoralización no solo para los escritores, hombres y mujeres, sino para todo el país, ya que la memoria, la historia, lo que somos como cultura, donde mejor se refleja, o se retrata, es en nuestras obras de ficción y en nuestra poesía y arte. Si esto menospreciamos, debería de recordarse que esto somos, en buena medida. Los del mundo tenderán a vernos a la misma escala de nuestra autoimagen.

¿Podemos competir desde nuestra realidad actual en un mundo editorial cada vez más cerrado y signado por poderosas casas editoriales, que en nuestros mundos literarios locales se rigen por el grupismo y la exclusión?

Pondría el énfasis en la formación de un alto número de lectores de nuestras obras en nuestro propio país y en fortalecer los procesos editoriales en República Dominicana.

A lo que agregaría: la gestión del Estado en la difusión de nuestro acervo literario en todo el mundo. Financiar traducciones. Asegurar que todos los agregados culturales de las embajadas tengan entre sus funciones primordiales colocar libros dominicanos en las bibliotecas de cada país, entre otras acciones que bien podrían llevar a cabo. Revisar, mejorar y aplicar la Ley del libro y bibliotecas. Integrar a escritoras y escritores de todo el país, e incluso los residentes en el extranjero, al sistema educativo. 

Creo que el Presidente de la República, porque así es que esto funciona, debe sentar al ministro de Cultura y al de Educación a definir con él cómo se combinan las labores de estas dos instituciones. Y que, previamente, ambos ministerios deben de realizar una consulta participativa al respecto. ¿El tema no parece de envergadura? Pues lo es, ya que entraña, entre otras cosas, contenido de la educación, su calidad, y el papel de los libros (bibliotecas) en esto. Significa estudiar de manera inteligente cómo se aprovechan mejor los recursos con los que contamos. Cómo se alienta el despliegue de creatividad y pensamiento que hoy solo es potencialidad.

¿Qué escritor o escritora dominicana la representa y por qué?

Nombrar solo uno o una no sería justo. Juan Bosch, Aída Cartagena… 

El primero por su integridad, disciplina, coraje para autoformarse. La escritura fue para él una opción ética. Y, a pesar de su experiencia cosmopolita, que empezó a los 19 años, nunca empequeñeció su origen, su cultura. No sacrificó lo que estimaba esencial en aras de congraciarse con críticos o enrolarse en una moda. 

Aída Cartagena porque, no obstante su entorno poco favorable para una mujer de conocimiento, fue lo que se propuso y quiso ser. Vivió con vitalidad, viajó, expresó lo que creía en cada caso, llevó a cabo cuantas labores culturales le apetecieron. Se ganó el respeto de todos con su inteligencia, con su obra, con su actitud. Una mujer desatada y centrada, de fieles amistades y poco dada a la complacencia y a las concesiones. 

¿Han sido responsables los intelectuales dominicanos con su realidad, sus valores o traidores como denuncia Manuel Núñez en su libro El Ocaso de la Nación Dominicana, al minimizar las luchas patrióticas de la Independencia contra las tropas haitianas?

Si algo ha de lamentarse en este terreno es que los intelectuales y escritores de República Dominicana y Haití no hemos contribuido de manera significativa a tender puentes entre las culturas y creaciones de los dos países. Nuestras obras, nuestras culturas, nuestros mitos y tradiciones deberían de encontrarse, dialogar, conocerse.  Este conocimiento recíproco, esta interacción, ayudaría a desvanecer prejuicios y malentendidos. Nos enriquecería. Lo que nos diferencia podría representar lo más atractivo para relacionarnos. Pero la triste realidad es que, en los dos países, muchos intelectuales encarnan duros prejuicios y son beligerantes en esto.

No hablamos de negar o minimizar los conflictos, los problemas, batallas y todo lo malo que ha habido entre Haití y República Dominicana. Pecados capitales, horrorosos, han cometido las élites políticas de los dos países. Pero a mucho de lo protervo hay que irle al fondo para observar los poderes que han estado en control en cada situación.  

Es importante conocer la historia, quién lo duda. No menos importante es mantener un juicio crítico de la historia pues lo que nos ofrecen es siempre parcial, cuando no sesgado. Y todavía más trascendente resulta no convertir la historia en la piedra de Sísifo. Nos corresponde comprender la realidad, sin descuidar todas las fuerzas que la modelan. Y actuar en esta realidad con la mayor sabiduría posible.

Es hora de establecer unas relaciones saludables y fructíferas entre Haití y República Dominicana, entre sus dos pueblos. Unas relaciones tan buenas como nunca antes. Hacerlo con la mayor creatividad y buena fe. Para ello, hay que dejar de ser esclavos de “la historia” y de los prejuicios.  

El patriotismo válido para mí se expresa en el trabajo honrado, la actitud honesta; en hacer las cosas lo mejor posible. Patriota es aquella persona que ama a su pueblo y lleva a cabo cuanto puede para que este pueblo viva mejor y pueda exhibir con orgullo y dignidad la denominación de “dominicano” o  “dominicana”. Y no conciba que se pueda amar al propio pueblo, a la propia patria, se ama a la humanidad, al planeta y a nuestros vecinos. Solidaridad es la clave.

Patriota es el maestro, la maestra, el médico, la escritora, el agricultor, la cuidadora, el periodista… todo aquel, toda aquella, que forma, que suma, que produce, que construye, aportando lo mejor de sí. 

¿Es usted nacionalista o las fronteras, en este mundo globalizado, no existen?

Las fronteras físicas existen. Acaso sean más fuertes las fronteras mentales. Con todo, como nunca antes, se tejen constantemente lazos entre la gente de todo el mundo. Es probable que con el paso del tiempo estos lazos pesen más que las fronteras entre naciones. Pero siempre coexistirán las dos tendencias, la local y la global, porque ambas juegan sus papeles y una no reemplaza a la otra. En realidad, no hay por qué contraponerlas, sino combinarlas. En un ensayo de la académica Ester Gimbernat González en el cual analizaba un poema breve, ella empleó el concepto “glocal”;  síntesis que me pareció muy adecuada para iluminar mucho de los procesos creativos de hoy.

Ya en la década de los ochenta Octavio Paz, en su ensayo Tiempo Nublado, analizaba el ascenso de lo que llamó “los particularismos”. Lo que vemos hoy es que las tendencias globalizantes generan sus fricciones y temores. Parecen provocar “los particularismos”.

Lo que se ha desatado con las tecnologías comunicacionales es indetenible. Sin embargo, ojo, eso nos obliga a mirar a escalas pequeñas. A revalorizar nuestro mundo inmediato y cotidiano, nuestra memoria compartida. A darle peso al concepto “diversidad”. En América hay lenguas que cuentan solo con un puñado de hablantes. ¿Son por esto menos importantes? Perderlas es perder un poco de la memoria humana. De lo que somos. 

De hecho, los seres humanos siempre hemos estado intrínsecamente vinculados (“globalizados”) por la sola condición de ser humanos, poseer lenguaje y amar, aunque todo esto se manifieste por caminos y formas my disímiles.  

¿Cómo repensar una República Dominicana en la coyuntura actual y desde la perspectiva de la cultura?

En nuestro país siguen pesando el autoritarismo y la más brutal desigualdad. Muchos serían tiranos de catálogo si las condiciones se lo permitieran.

Mejorar el país, tal y como están los valores éticos y de convivencia, es para valientes y responsables. 

-Acceso libre y gratuito al acervo cultural de la humanidad, en términos de pensamiento y conocimiento. O sea, acceso libre, gratuito, e incentivado de modo creativo, a los libros. Cuando haya una biblioteca en actividad en cada municipio y en cada barrio podremos decir que la democracia avanza.

-Respeto a la ciudadanía, a sus opiniones, a su inteligencia (hay quienes viven insultando a la ciudadanía). 

-Respeto, por parte de los gobiernos y políticos, a los recursos del pueblo. Que los funcionarios del gobierno central, de los municipios, de la Justicia y del Congreso entiendan su papel. Que los integrantes del gobierno sepan que se les confía la misión de administrar bien, y para lo mejor, los recursos y bienes públicos. No son de su propiedad. 

-Mayor equidad y justicia en la distribución de los bienes y los frutos del trabajo. 

Creeré que la democracia marcha cuando en la geografía nacional el número de escuelas y bibliotecas supere a los de banca de apuestas.

Creeré que la democracia marcha cuando la miseria y la ignorancia no conviertan a cantidad de dominicanas y dominicanas en masa manipulable por parte de políticos con dudosa ética.

¿Qué opina de la situación actual de los escritores dominicanos? ¿Quién es escritor, el que escribe o el que publica?

El tiempo se encarga de determinar quién es escritor o escritora. Entretanto, se impone escribir y vivir. La determinación y las aptitudes de cada persona se pondrán en juego. La vocación se pondrá a prueba más de una vez.

Si miramos así las cosas, nos relajaremos, pondremos en un rincón la rivalidad perpetúa que nos entorpece y amarga y tal vez nos queden energías para practicar la solidaridad.

Escritores y escritoras organizados en una entidad que los represente y defienda estarían mucho mejor. Y quizás podrían convertirse en interlocutores de las instancias estatales. Y quizás podría abrirles puertas a sus obras en el mundo.

¿Existe una poesía y en términos generales una literatura dominicana? ¿Qué nos falta?

Desde luego que existen una poesía y una literatura dominicanas. Y es de lo mejor que ha originado este país. La literatura y la música.

Pero, ¡por Dios!, Manuel Rueda, Manuel del Cabral, Aída Cartagena, Marcio Veloz Maggiolo, José Alcántara, Jeannette Miller, por solo mencionar algunos nombres, ¿qué tienen de menos, comparados con grandes escritores del mundo? Los cuentos de Pedro Peix, para poner otro ejemplo, enriquecerían cualquier antología del género.

¿Qué es lo que falta? Leer a los autores y autoras; generar un alto número de lectores en el país. Discernir el grano de la paja, para lo cual se necesita una labor crítica desprejuiciada, alerta y bien fundamentada. Es preciso volver a releer nuestra literatura, nuestra historia, con nuevos ojos; profundizar en la obra misma. Desesquematizar la lectura. Descifrar los entramados de poder en que surgen y los diálogos tácitos con el mundo, desde la isla y, muchas veces, desde el retraimiento.

No todo está perdido: escritoras y escritores no cesan de explorar y escribir. Hay quien escucha, quien les lee. Las resonancias se dejan sentir. 

El pesimismo nunca me ha definido. Pero es difícil sostener una sonrisa cuando se contempla el paisaje cultural de los últimos veinte años. ¿Cuántas librerías han desaparecido? ¿Cuántos suplementos y revistas culturales? ¿Cuántas tertulias?

A mi juicio el más triste indicador es el precario acceso de la población a libros, que  equivale a decir, al conocimiento y al pensamiento. Es cierto que el analfabetismo o la baja escolaridad o la pobre calidad de la educación limitan fuertemente el número de lectores y lectoras. Pero no es menos cierto que la mayoría de quienes desearían leer, los potenciales lectores, no tienen acceso a la literatura de calidad, la que forma gusto y carácter, porque en República Dominicana las bibliotecas públicas, destinadas a ofrecer un servicio constante y gratuito, existen solo como excepción. Y en ninguna se prestan libros.

Sueño con una biblioteca pública en cada municipio, en cada barrio, siendo epicentro de la vida cultural comunitaria. Bibliotecas que no tienen que ser grandes ni ofrecer miles de volúmenes, sino los apropiados. Mil libros seleccionados con criterios apropiados componen un tesoro, si están circulando, palpándose, abriendo caminos en el entendimiento y la creatividad. 

Si somos exagerados a la hora de repartir títulos y rangos, ¿por qué la tacañería en bibliotecas?

Todos los números aquí son altos comparados con lo que se estila en otros lares: número de provincias, número de generales, número de integrantes de los comités centrales y de los comités políticos de los partidos, el número de canales de televisión y de emisoras de radio, el número de funcionarios en cada institución del Estado, etc. Ahora, cuente el número de bibliotecas que funcionan. Y de estas, las que prestan un servicio real al público, por ejemplo, prestarle libros, anote su respuesta y no se olvide contar el número de bancas de apuestas…

Es cierto que somos un país pobre (lo cual pongo en tela de juicio), o empobrecido (lo cual, para la mayoría, es una verdad como una montaña), pero no es para tanto. ¿Qué le cuesta a un municipio una biblioteca, no grande? ¿Qué les cuesta a los ministerios pertinentes y a los gobiernos locales ponerse de acuerdo en esto?

Internet, hay que gritarlo, no es suficiente. Necesitamos bibliotecas físicas. Libros que caminen de mano en mano. Campañas de promoción de la lectura unidas a bibliotecas en actividad.

¿Cómo se van a formar escritores y escritoras buenos, fuertes y valerosos con un precario acceso a los libros?

¿Cómo se quieren maestros y maestras bien formados y educación de calidad sin bibliotecas y planes encaminados a incentivar una relación permanente y grata con los libros?

¿Qué opina de los autores jóvenes dominicanos?

Hay una promoción con dotes excelentes, aquí y en la diáspora. Más en poesía y narrativa breve, menos en novela. Harán obras importantes, siempre que continúen formándose, trabajando; y no pierdan su tiempo echando pleitos o comparándose con unas generaciones reales o fantasmales. Siempre que escuchen su propia voz. 

Entre los jóvenes, se comprende, algunos piensan que con la irreverencia, la negación de la literatura dominicana y la mezcla de español e inglés se construyen un puesto en las letras contemporáneas. Irán comprendiendo que todo lo anterior acaso pueda servirles, pero que el asunto no es tan sencillo. Se enterarán de la escasa ayuda que proporcionan las fórmulas. Cuestión de tiempo.

En general, tengo fe en los jóvenes. Conozco textos escritos por hombres y mujeres por debajo de los treinta que hablan de la amplitud de sus lecturas y de un sello característico, no desprovisto de crítica, humor e ironía.  Conozco algunos familiarizados con las obras de grandes maestros de la narrativa y con una cultura musical y cinematográfica admirable. Son pocos, eso sí, pero anuncian novedad. 

La red de talleres literarios auspiciado por el Ministerio de Cultura representa una de los mejores componentes del trabajo de esta institución. Un tiempo, porque a “un tiempo” debe restringirse, en uno de estos talleres ahorra traspiés a quien se inicia en la literatura.

¿Qué le parecen las intervenciones de los intelectuales dominicanos en las redes, se abusa de Facebook, los temas que tratan son frívolos, inducen al debate o deberían alejarse un poco?

La tecnología nos ha permitido rendir más, sacarle mayor provecho al tiempo. Para corregir, editar, vincularnos a colegas, compartir nuestras opiniones, informarnos.

Las redes sociales han roto el aislamiento de los escritores de países como el nuestro. Internet ha hecho posible que un escritor de Mao o de Tamayo haga consulta en el Instituto Cervantes o encuentre una referencia en la Biblioteca del Congreso, si es lo que busca. 

Democratiza la cultura. Aquí su luz.

¿Y la sombra de este progreso? En gran medida las “navegaciones” facilitadas por Internet transcurren por aguas superficiales.  Y no es poco común que la fascinación por todas las facilidades que se nos ofrecen vele los límites y lleve a la formación de un falso juicio sobre las propias capacidades.

Internet puede consumir un tiempo precioso. Hay escritores puramente de internet.

Internores. Duro que puedan llegar a puerto seguro en esa navegación. 

Esa es la sombra.

Internet no piensa por nosotros, ni medita por nosotros ni decide la profundidad y pertinencia de nuestras ideas. Como herramienta y apoyo, es de gran ayuda. Usado mal, puede devorar un tiempo precioso. Generalizar la mediocridad. El facilismo.

Finalmente, ¿Quién es  Ángela Hernández?, que los niños, los adolescentes y los jóvenes puedan entender las razones de su pensamiento y de sus actitudes intelectuales de escritora comprometida con la causa de su país, que mira su entorno y reflexiona como narrador.

¿Quién soy? Todo ser humano, en su infinita complejidad y en su infinita sencillez, en su fragilidad y en su fuerza, me luce indefinible. Oscar Wilde expresó que el misterio supremo es uno mismo. Pasa una la vida entera conociéndose. Y siempre la erupción de una pasión o un pensamiento o la creación misma consigue asombrarnos. O nos pasma lo que nos sacan a la superficie ciertas personas. En las relaciones nos evidenciamos. Es fascinante.

Así las cosas, solo mis actos, mis afectos y mis obras pueden manifestar algo de lo que soy.  ¿Una definición? Ya la he dicho muchos años atrás: Soy una campesina cosmopolita. Voy por el mundo con el verde a cuestas.

Pertenezco a Buenas Vista, a Santo Domingo, al Caribe, al planeta y al universo; no puedo evitarlo. Pertenezco al mundo de los libros, como pertenezco al mundo de las flores y los animales. El arte puede mudarse a la cocina o a una mirada. 

Biografía activa

Poeta, narradora, crítica literaria, investigadora. Nació en Buena Vista, Jarabacoa, el 6 de mayo de 1954. Estudió Ingeniería Química en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, donde se graduó con honores. Junto a la militancia política y la investigación de los problemas de la mujer dominicana, ha desarrollado también una prolífica labor en el campo de la poesía y el cuento. Con su libro Piedra de sacrificio obtuvo el premio Anual de Cuento 2000 de la Secretaría de Estado de Cultura.

Obras publicadas

Desafío (1985), Las mariposas no le temen a los cactus (1985), Emergencia del silencio. La mujer dominicana en la educación formal (1986), Tizne y cristal (1987), De críticos y creadoras (1988), Alótropos (1989), Libertad, creación e identidad, selección de ponencia Encuentro Mujer y Escritura (editora, 1991), Masticar una rosa (1993), Arca espejada (1994), Telar de rebeldía (1998), Piedra de sacrificio (2000), Mudanza de los sentidos (2001 y 2002), La escritura como opción ética (2002), Charamicos (2002). 


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