LO QUE NO SE VE
2015 retos y aspiraciones
Terminó el 2014, y en su ocaso despuntan ya los rayos de luz de un 2015 raudo e impetuoso que, sin lugar a dudas, será un año mucho más desafiante e interesante, tanto para el Estado como para la sociedad, que el que acaba de extinguirse. En este momento del tiempo, es propicio reflexionar no solo acerca de los retos que nos traerá el año que viene, sino, además, sobre aquella cavilación aspiracional que acompaña la llegada de los eneros, y que versa sobre lo que quisiéramos ver o tener. En materia de políticas públicas, el Estado dominicano tendrá tareas importantes por delante. En lo que atañe al poder ejecutivo, quedan como puntos principales pendientes de negociación e implementación, el Pacto Eléctrico y el Pacto Fiscal. Por igual, será en 2015 cuando conoceremos los resultados finales de los planes Quisqueya Sin Miseria y Quisqueya Aprende Contigo, ambos medulares para la gestión del presidente Danilo Medina. Por otro lado, también para el año venidero, está programado retomar las negociaciones con la mesa de dialogo tripartito para la reforma y la modernización de nuestro código laboral, resultado que luego tendrá que ser convertido en ley por el poder legislativo. Pero estos, y otros temas más que aguardan al ejecutivo, tendrán que ser depurados a través del implacable tamiz que supone un año preelectoral. Es por todos conocido que las decisiones políticas siempre generan un costo político, solo variando en magnitudes dependiendo del hecho que se trate. Sin embargo, en la antesala de un proceso electoral, esta dinámica adquiere mayor sensibilidad, condicionando acciones de toda índole, a las proyecciones de los distintos escenarios electorales. Pero, ¿tendría el presidente Medina que preocuparse por esta dinámica, aún cuando la reelección no le está permitida? La respuesta es un firme e invariable sí. De cara a las elecciones de 2016, según las últimas mediciones, el PLD casi triplica en simpatías e intención de voto al partido que se encuentra en un distante segundo lugar, el PRD. Adicionalmente, el presidente Medina, de manera personal, conserva cotas de popularidad inusualmente altas para un presidente que ya pasa el ecuador de su mandato. En estas condiciones incuestionablemente favorables, y tomando en cuenta el precedente sentado por su ascensión a la presidencia en 2012, cuando como peledeista relevó del despacho presidencial a otro peledeísta, constituirá sin lugar a dudas, elemento fundamental de la vara con la que será medida su éxito, la capacidad que tenga de replicar aquello que logró con él su antecesor el expresidente Leonel Fernández. Y esto anterior, sin tomar en consideración la posibilidad de que al presidente Medina le interese intentar regresar al Palacio Nacional en las elecciones de 2020. Si así fuere, lo explicado precedentemente adquiere mucho más sentido e importancia, y por ende, sería esencial proceder con mucha cautela, preservando capital político en sus decisiones del venidero año preelectoral. En el ámbito legislativo, quedan prorrogadas para el año que viene ---ojalá--- la ley de reordenamiento territorial, la tan importante ley de aguas, y la célebre ley de partidos políticos, aunque es preciso indicar que esta última no ha podido ser conocida por desacuerdos en las direcciones de al menos dos de los principales partidos políticos del sistema. Pero los legisladores también encararán un proceso electoral en 2016, y la dinámica que aplica al poder ejecutivo, en lo referente al costo político de sus decisiones, también podría aplicar a los legisladores, lo que indudablemente los llevará a sortear los temas que resulten muy controversiales o polémicos. Por esta razón entendemos que la discusión en torno a una ley especial que tendrá por objetivo normar la terminación del embarazo en casos de incesto o violación y por malformaciones del feto, probablemente sea aplazada para después de las elecciones de 2016. En el orden económico, la sociedad continuará beneficiándose de las bondades que en un corto plazo representa la caída del precio del petróleo, al tiempo que la desgravación arancelaria prevista en el DR-CAFTA para 2015, probablemente signifique mayor variedad y mejores precios en muchos artículos de consumo. Sin embargo, también habrán algunos aspectos negativos, como lo será la ampliación del ITBIS, de una tasa del 11% al 13%, para productos como el azúcar y el café; y la decisión, ante la imposibilidad de alcanzar la meta fiscal en lo referente a las recaudaciones, de mantener en un 18% la tasa de ITBIS que, como consecuencia de la reforma fiscal de 2012, ya pagan muchos productos. La discusión del Pacto Fiscal tendría que contemplar la estructuración de otra reforma fiscal, toda vez que la Estrategia Nacional de Desarrollo indica que para 2015 la presión tributaria debe alcanzar el 16% del PIB. También el Pacto Eléctrico, si el mismo fuera en procura de garantizar la sostenibilidad del sistema, tendrá que examinar el desmonte del subsidio, lo que representaría para algunos, aumentos en la tarifa eléctrica. Naturalmente, tal como hemos indicado con anterioridad, estas decisiones serán sometidas a la lógica decisoria que impera en los años preelectorales, y solo si los obstáculos de ese cedazo pueden ser eludidos, serían estas implementadas. Ahora bien ¿tiene alguna consecuencia política-electoral el cortoplacismo que representa un mecanismo de toma de decisiones que condiciona sus acciones a proyecciones electorales? No. Ninguna. Y esto no es nuevo, ni exclusivo de ningún partido, ni exclusivo de ningún país. Los electores también son cortoplacistas, y salvo contadas excepciones, los mismos elaboran sus cálculos electorales en función de los frutos en mano hoy, y no en función de los que con los sacrificios de hoy podríamos cosechar mañana. De ahí que el reto de quienes detenten el poder político por vocación y verdadera convicción, siempre será cómo gobernar pensando en las próximas generaciones, sin perder de vista las próximas elecciones. ((Lo aspiracional En 2015 se perderá la perspectiva de lo importante. A partir de mediados de enero, cuando inicie la vorágine política que desatará la selección de los candidatos que competirán por todas las plazas electivas que componen el Estado dominicano, todo se leerá en clave política; todo se hará en función de posicionamiento electoral; las rivalidades a lo interno de los partidos arreciarán; los asuntos de Estado cederán ante los asuntos políticos. Ante esta realidad, aspiramos a que en este 2015 nos aboquemos a un camino de racionalidad, por el que transitemos desde nuestro estado colectivo de sociedad de habitantes, hacia un nuevo estado colectivo de sociedad de ciudadanos, donde entendamos que no solo de derechos vive la democracia, sino también de deberes. Y que ya no solo hablamos del deber de votar, pilar de las democracias del siglo XX, sino del deber de estar informados, del deber de asumir la participación política como instrumento ejercido con responsabilidad para lograr lo que se espera o se quiere de la clase gobernante. En las sociedades de estos tiempos, cada vez más horizontalizadas y donde la democracia representativa parece estar cediendo terreno a una especie de democracia directa, la participación política no termina en la queja, la denuncia o las lamentaciones, sino en la propuesta para la acción y en el involucramiento en la ejecución. Si así lo hiciéramos, fuéramos una sociedad con mayores niveles de profesionalización política, más vigilante y activa. Pero más importante aún; una sociedad con menos corrupción pública y privada, menos vulnerable a las manipulaciones políticas, y simplemente, más en control de su destino. Que el 2015 marque un paso decisivo en esa dirección. EL AUTOR ES ECONOMISTA Y POLITÓLOGO

