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La República domingo, 01 de junio de 2014

TOCANDO LA TECLA

Se desmembra la Convergencia

LA LUCHA EN EL PRD ES AHORA MAYOR QUE CUANDO TODOS SE DISPUTABAN JUNTOS LAS SIGLAS Y LOS SÍMBOLOS

  • Se desmembra la Convergencia
    Pugnas. Los voceros de prensa del sector disidente del PRD se han ocupado de poner distancia entre Mejía y Luis Abinader, que evidentemente marcha cada uno por su lado tratando de ocupar el mismo espacio, estimulados por los resultados de las últimas encuestas que los emparejan en la carrera por el poder.
César Medina
Especial para Listín Diario
Madrid, España

El viejo adagio español “éramos muchos en casa... y parió la abuela” parece acoplarse con precisión a la crisis del Partido Revolucionario Dominicano con la determinación de Hipólito Mejía de presentarse como candidato presidencial de una Convergencia que no acaba de nacer, pero ya está dividida en dos pedazos.

Más errónea aún resulta la estrategia de seguir descalificándose entre ellos sin prever la posibilidad de que tengan que encontrarse en una segunda vuelta electoral para reciprocarse apoyo y poder vencer al candidato del Partido de la Liberación Dominicana y del gobierno, tarea algo menos que imposible si continúan separados.

Esta misma semana los voceros de prensa del sector disidente del PRD se ocuparon de poner distancia entre Mejía y Luis Abinader, que evidentemente marcha cada uno por su lado tratando de ocupar el mismo espacio estimulados por los resultados de las últimas encuestas que los emparejan en la carrera por el poder.

En tanto, el sector institucional que encabeza Miguel Vargas, prevalido de las siglas y los símbolos partidarios, se encamina a completar el proceso convencional que culminará con su elección como candidato presidencial con la esperanza de juntarse con sus compañeros Mejía y Abinader en un eventual balotaje que no se prevé en ninguna encuesta.

Hipólito el impredecible
Hipólito Mejía leyó unas palabras en televisión la semana pasada posterior a una campaña de expectativas que montaron sus seguidores conjuntamente con Luis Abinader y sus voceros pensando que anunciaría su retiro de la carrera por la candidatura presidencial del dieciséis.

Pero resultó todo lo contrario. Las declaraciones del ex presidente crearon mucho más confusión al referir que su destino electoral dependía de las circunstancias y que los convergentes que se marchan del PRD tendrán la oportunidad de escoger al candidato en una elección abierta donde se imponga la mayoría.

El pasado martes, sin embargo, improvisó unas declaraciones en medio de un protocolo diplomático en la embajada de Israel para anunciar que La Convergencia se constituiría en un partido político y que las listas de adherentes estaban listas para ponerle nombre y solicitar reconocimiento en la Junta Central Electoral.

Es la misma Junta Central Electoral que él descalificó en sus declaraciones previas ante el Grupo Corripio al señalar que adolece de parcialidad y que es necesario recomponer su membrecía lo mismo que el Tribunal Superior Electoral.

En su columna diaria del Listín Diario del pasado jueves, el periodista Orlando Gil-- considerado el articulista de mayor notoriedad y credibilidad de la prensa dominicana--, adelantaba que Mejía descalificó a la JCE cuando le colocó la banderilla que precede a la estocada del buen matador, “de manera que con terror de por medio” a ese organismo no le quede más remedio que validar el nuevo partido político aún en el caso de que no satisfaga todas las exigencias de la ley.

La lucha de principalía en el PRD es ahora mayor que cuando estaban todos juntos disputándose las siglas y los símbolos del partido. Entonces había dos grupos claramente definidos, el de Miguel y el de Hipólito. Ahora existen por lo menos cuatro, si se incluye el grupo de Guido que se mueve a lo interno con singular malicia.

Cuando reina el desaliento
La insurgencia perredeista luce desalentada después que Hipólito anunció su decisión de continuar en la carrera por el poder cuando se suponía daría un paso al costado para que Luis Abinader asumiera la candidatura de ese sector.

Esta semana los medios de comunicación electrónicos del pepehachismo-- en particular su vocero nodriza de la mañana--, lagrimeaban a raudales por los nuevos inconvenientes en el sector disidente perredeista que marcha casi seguro hacia la bifurcación electoral.

Mejía ya ha anunciado que La Convergencia se convertirá en partido político para acudir a las elecciones, y Abinader también tiene su partido, la Alianza Social Dominicana, una vieja entidad partidaria minoritaria fundada por su padre cuando en circunstancias parecidas se marchó del PRD de Peña Gómez hace más de 30 años.

Por si le faltara más, el pequeño partido PDI, de Ismael Reyes Cruz-- que desde su creación hace dos década salta de un lado a otro buscando a quién arrimarse--, anunció también que se adhiere a Abinader después que firmó hace tres meses un acuerdo con Vargas Maldonado para apoyar el llamado “Pacto de La Esperanza” y a pesar de sus vínculos políticos con Hatuey de Camps y su pasado respaldo al PRSD.

Abinader aparece muy bien situado en las encuestas entregadas las últimas semanas sobre posicionamiento electoral, y el pasado lunes anunció en Diario Libre que su candidatura es innegociable y que bajo ninguna circunstancia aceptaría ser candidato vicepresidencial “ni de Hipólito ni de nadie...”

Hipólito y Miguel aparecen en las mismas encuestas en empate técnico muy próximos a Abinader, lo que indica que la fuerza electoral perredeista está dividida en tres grupos de similar dimensión pero muy difícil de conciliar.

La ilusión de Hipólito...
El pepehachismo conserva la ilusión de un buen arreglo con Abinader para estructurar una boleta con posibilidad de forzar una segunda vuelta electoral y pasar al balotaje. Ese escenario, sin embargo, favorece más a Abinader que a Hipólito por tratarse de una candidatura fresca que podría concitar el apoyo de sectores decisivos en los comicios del 2016.

No obstante, Mejía nunca ha cerrado la posibilidad de un retorno al PRD a través de un acuerdo con Vargas en el entendido de que con ello se forzaría el apoyo de Abinader a través de una fórmula que le de participación en un eventual gobierno salido de esa alianza.

Esa eventualidad aumenta en la medida en que se encona la disputa por la candidatura presidencial en el sector disidente y se evidencia que ninguno de los cuatro grupos en que está dividido el PRD lograría derrotar al PLD sin importar el candidato que lleve a las próximas elecciones.

Vargas reitera con sus hechos que nada lo detendrá en su propósito de ser candidato presidencial de su partido, para lo cual cuenta con el prestigio y la tradición que le otorga la simbología perredeista, el arraigo de ese partido en los segmentos más pobres de la sociedad y su posicionamiento en municipios y provincias que se disputarán casi cinco mil puestos electivos.

De hecho, mientras el tiempo corre y los disidentes tratan de lanzar un nuevo partido e inician una lucha de principalía por la candidatura presidencial, los perredeistas están aspirando a posicionarse para su convención eleccionaria de julio y agosto y ganarse las candidaturas a senadores, diputados, síndicos y regidores.

El proceso convencional del PRD se ha detenido por un tecnicismo legal a propósito de una sentencia del Tribunal Superior Electoral que dispuso entregarle a la candidatura disidente de Gómez Mazara los padrones provinciales con suficiente tiempo para poder estructurar su campaña...

Ese inconveniente ha sido resuelto, aunque Gómez Mazara no acepta como válido el padrón estructurado por la dirección perredeista por considerarlo excluyente y consecuentemente viciado. Está claro que el tema terminará también en lo contencioso.

La ilusión de Abinader
Luis Abinader está ilusionado en la renunciación pura y simple de Hipólito Mejía... Como si el liderazgo político haya sido alguna vez materia de heredad. De serlo, habría él, Luis, heredado el liderazgo de su padre, el distinguido profesor José Rafael Abinader, no el de Hipólito.

Su razonamiento no alcanza a comprender que a su edad le queda un largo camino por recorrer, que cuando Hipólito tenía esos años comenzaba a hacer vida pública como secretario de Agricultura y que para entonces él, Luis, compartía aula de primaria en el colegio Loyola con Felipe, el tercer hijo de Mejía.

Su potencialidad política no puede medirse, pero en un mercado electoral de tanta precariedad, Luis Abinader tiene un futuro asegurado... Siempre que no se precipite y tire toda la carne al asador sin tener control del fuego.

La ilusión de Miguel
Miguel Vargas estaba preparado para la salida del grupo disidente. De hecho, los trabajos organizativos de la convención ha excluido por completo no sólo a la gente de Mejía sino también a los seguidores de Abinader.

Su ilusión es similar a la de Mejía en el sentido de que corriendo separados ambos podrían acumular suficiente apoyo individual como para forzar una segunda vuelta electoral en el dieciséis para confluir en un gran acuerdo que pueda derrotar a los peledeistas que probablemente desplegarán su mejor artillería con Leonel Fernández de candidato.

Ninguna encuesta conocida, sin embargo, plantea la posibilidad de una segunda vuelta electoral. Si el candidato fuera Leonel, ganaría a cualquiera de los tres aspirantes perredeistas... Y si fuera Danilo Medina en procura de continuar en el poder, la ventaja sería abrumadora a partir de su popularidad ascendente en los estratos más bajos de la población.

Al Partido Revolucionario Dominicano sólo le queda la alternativa de la unidad para ponerse al frente de un frente opositor de amplio espectro que haga nacer en la gente la ilusión de un cambio después de tres períodos seguidos de gobiernos peledeistas.

¡Pero tal posibilidad no deja de ser simplemente una ilusión...!


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