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La República domingo, 12 de agosto de 2012

REPORTAJE

Retos presentes y futuros de República Dominicana

LOS AUTORES DE ESTE TRABAJO, JAVIER VALDIVIA Y JORGE CRUZ, CONVIVIERON UNA SEMANA CON LOS HABITANTES DESABANA REAL, UN PUEBLO FRONTERIZO CUYA VIDA ESTÁ LIGADA IRREMEDIABLEMENTE AL DESTINO DE UNA CARRETERA

  • Retos presentes y futuros de República Dominicana
    Carretera. El conductor de una motocicleta circula por la carretera La Descubierta-Hondo Valle, en el tramo donde se ubica el paraje Sabana Real, enclavado en las montañas de la Sierra de Neiba.
  • Retos presentes y futuros de República Dominicana
  • Retos presentes y futuros de República Dominicana
Javier Valdivia
[email protected]
Sabana Real, provincia Independencia, a 2 kilómetros de la frontera con Haití

La carretera está allí, a la vista de todos, insinuándose en la última línea del asfalto, tan insignificante que nadie que no sea de por aquí daría un peso por saber a dónde lleva. ¿Quién diría que por este lugar pasó un presidente y que el último visitante digno de ser nombrado fue el político dominicano más popular del siglo XX? Pocos saben que cientos de hombres labraron este pequeño tramo por orden del dictador, que nunca se llegó a terminar y que personas de las que ahora nada se sabe aparecieron un buen día dando la impresión de que terminarían el camino.

Al principio es como una grieta que marca el lugar donde nacen las montañas y acaba la planicie; después un trayecto que el tiempo fue condenando al olvido.

Una ruta que se abre paso entre colinas que bordea como una inmensa serpiente, mientras va dejando atrás nubes y barrancos y un lago milenario que reclama sus tierras.

La historia inconclusa de este sendero es, en parte, la propia historia de República Dominicana y el que todos hemos recorrido, la cuestión permanente sobre la nación y sobre nuestra identidad: ¿Qué somos? ¿A dónde vamos?; la discusión constante sobre el papel del Estado y su cuota de responsabilidad en el desarrollo al que todos aspiramos. La vivencia de un país reflejada en el vínculo visceral entre una carretera y decenas de familias dominicanas que se establecieron aquí en busca de un mejor destino. El último bastión dominicano Para llegar a Sabana Real hay que pasar primero por La Descubierta, adonde se llega desde Jimaní a través de un camino rodeado solamente de tierra, guayacanes y bayahondas. En realidad es una trocha solitaria y polvorienta, de unos pocos kilómetros de longitud, que tuvo que ser habilitada después de que las aguas incontenibles del lago Enriquillo inundaron en los últimos dos años parte de la carretera original, igual que los campos sembrados de Boca de Cachón, el poblado casi fantasma que también hay que cruzar y que sufre más que ningún otro las consecuencias de la crecida.

Sabana Real ni siquiera aparece en el mapa. Fundado hace casi cincuenta años, este pueblo enclavado a sólo dos kilómetros de la frontera con Haití, cerca del hito 210 que se levantó en 1929, es un paraje de la sección Ángel Féliz, que sí fue registrado por el Instituto Cartográfico Militar, ed. 4-ICM, febrero 2002, del municipio La Descubierta, de la provincia Independencia, a unos 270 kilómetros al oeste de Santo Domingo y a 1,280 metros sobre el nivel del mar.

En La Descubierta hay que tomar el transporte en la plaza principal. En un mal día la espera puede durar hasta cuatro horas en lo que el chofer del camión completa la capacidad del vehículo: con él sólo dos más en la cabina, cien pesos por persona, y por lo menos nueve atrás, además de los bultos que se van colocando en la cama del camión desde temprano.

En un buen día salen hasta cuatro camiones; si hay prisa, una motocicleta puede llevar a uno o dos pasajeros por cuatrocientos o quinientos pesos cada uno, pero casi nadie puede darse ese lujo.

Apenas iniciado el viaje empieza una pendiente que se pronuncia conforme avanza el camino. Hasta aquí hay unos 20 kilómetros recorridos desde Jimaní y otros 280 kilómetros desde Santo Domingo: faltan 25 kilómetros más para llegar a Sabana Real, aunque primero hay que pasar por Los Pinos del Edén y Ángel Féliz. Habría que ser un experto para conducir por aquí, pero algunos choferes no pasan de los 22 años. Es una ruta estrecha y pedregosa, repleta de surcos que la lluvia y el tiempo van formando, y de rocas que los derrumbes desprenden cada tanto.

Luego de dos horas de trayecto, Sabana Real aparece por fin en un cruce enlodado: a la izquierda, Haití, el mercado haitiano de los miércoles, pero antes la fortaleza militar dominicana; a la derecha, la misma ruta casi inservible que a lo largo de 36 kilómetros de carretera internacional conduce a Hondo Valle, San Juan de la Maguana y Azua, pero también a Elías Piña, y al resto de la Línea.

“Esta es una comunidad abandonada”, dice Manuel Santana Encarnación, de 37 años, padre de cuatro niños y guardabosques desde el 2004. Cuenta que este año se perdió la cosecha, pero no es lo único que se pierde en el pueblo, también las clases: “Los maestros que vienen comienzan muy bien y después se dañan”, reclama.

La escuela la construyó Trujillo y fue reconstruida entre el 2003-2004, pero los maestros que llegan dictan clases sólo dos o tres veces por semana, empezando los martes. Sin acceso a internet, la única escuela de Sabana Real sólo llega a cuarto de básica, razón que obliga a sus habitantes a enviar a sus hijos a La Descubierta, lo que implica en muchos casos la separación familiar para que puedan terminar sus estudios.

Santana ha perdido un poco la fe casi en todo. A su compañero de trabajo, Daniel Díaz Montero, de 40 años, lo mataron hace más de nueve meses —el 9 de noviembre del 2011— de un tiro en la espalda cuando compraba café en el mercado haitiano. “La autoridad de aquí no puede hacer justicia allá”, afirma. A Díaz lo mataron en un lugar donde no hay dotación policial, ni juez de paz, aunque sí un alcalde pedáneo y otro nombrado por la autoridad pública. El mercado de Haití está en un lugar conocido como Sa Bon Bon, cerca de Matigué, más lejos de Tomasseau, como a 50 kilómetros, al otro lado de la frontera.

El banco de la frontera
A las 3:00 de la tarde, la Asociación La Bella de Ahorros y Préstamos da por iniciada su sesión semanal, como cada martes. Hay unos veinte asistentes de los 38 que forman la asociación, y entre ellos un registrador, dos contadores y el presidente, Francisco Rosario, 57 años, que lleva el orden del día. Primero lo primero.

Cada socio se acerca a la mesa principal y deja diez pesos para el fondo social, una suerte de caja chica para atender emergencias de la comunidad, y luego el proceso se repite para el fondo de ahorros.

Es un sistema básico parecido al de una cooperativa.

Los socios compran acciones por 50 pesos cada una para conformar un patrimonio que servirá para los préstamos que la misma asociación concederá a sus integrantes, a una tasa de interés del 5% mensual si se trata de préstamos individuales como el mejoramiento de tierras o asuntos personales, y de 2% para servicios como la adquisición de baterías, paneles solares o maquinaria. A final de año los socios se dividen el capital y reciben beneficios del pago de sus propios compromisos.

Cuando el banco más cercano está a 25 kilómetros del lugar, la asociación es la mejor alternativa del sistema financiero.

Rosario dice, como todos, que el principal obstáculo en la comunidad es el camino y que mucha gente ha emigrado por esa razón.

La asociación La Bella fue fundada en 1978 y es la más importante de las tres que existen en Sabana Real, en las que están inscritos en total 58 personas que son además potenciales clientes. Este martes entraron 280 pesos al fondo social, para hacer un total de 15,332 pesos, y 2,950 para el fondo de ahorros (750 de los cuales fueron por pago de préstamos) para un total de 81,453 pesos. Para un préstamo se puede solicitar por encima de la cantidad ahorrada multiplicada por tres; el comité de evaluación se reúne y ratifica la decisión.

Los solicitantes deben presentar garantía como el título de propiedad.

La asociación, que tiene 44,625 pesos prestados actualmente, también trata otros asuntos de la comunidad: el acueducto que proporciona agua potable desde un manantial necesita reparación, y se discute con empeño sobre las plantas de café que ofrece una ONG a precio simbólico, pero que no puede llevarla más allá del cruce por el mal estado de la carretera.

Las mujeres también tienen su asociación: el Grupo de Mujeres en Progreso con poco más de un año de creada, trece integrantes, 1,955 pesos de fondo social, 12,500 de fondo de ahorros y 30,000 pesos repartidos en préstamos que las salvó de quedar en la quiebra porque se robaron la caja del dinero con 50,000 pesos adentro.

Luego de arreglar cuentas se informa que los camiones que debían traer plantas de café para la siembra llegarán recién al día siguiente porque llegaron muy tarde a Padre de las Casas. También hablan de generar fondos para la asociación a través de un proyecto para la siembra de hortalizas: El plan consiste en preparar una cerca o habilitar espacios en cada propiedad de las integrantes para luego venderlas en el mercado. Otro punto de la agenda: formar una comisión para que visite el Ayuntamiento o a la representante de Visión Mundial para conseguir un local propio.

Los únicos que tienen sueldo o jornal no pasan de las quince personas, trabajan en la caseta de guardaparques, en la escuela y en el Ministerio de Medio Ambiente. La economía del pueblo gira en torno a la producción agrícola, fundamentalmente a la siembra de habichuelas negras y café, aunque se producen otros rubros pero en menor escala. Una tarea aquí cuesta entre 5,000 y 6,000 pesos. Para producir habichuelas en una tarea, por ejemplo, se requieren de al menos seis libras para sembrar, además de preparar el terreno por el que se paga unos 500 pesos por persona.

La cosecha, que se realiza dos veces por año, puede rendir entre 80 y 100 libras en una sola tarea, de las cuales 20 libras se quedan con el productor (para consumo) y el resto se vende. El precio en el mercado de 80 libras es actualmente de unos 1,600 pesos. El proceso de producción se da de la siguiente manera: en diciembre se cosechan las habichuelas; se preparan las tierras y se siembra de nuevo en marzo para cosechar otra vez en julio, para preparar y sembrar otra vez a finales de agosto.

En Sabana Real casi todos tienen por lo menos 10 tareas (algunos, inclusive, se acercan o pasan de las cien y otros hasta un centenar de vacas). A gran escala, la comunidad podría cosechar —en un buen año— 200 quintales de habichuelas negras, a las que hay que descontarle la mitad que es producto del trabajo de los que la recogen, y que por lo regular se manda a Haití, lo que deja una producción de 100 quintales para una ganancia total de 200,000 pesos por cosecha, y de 400,000 pesos al año.

En el caso del café, el pueblo produjo el año pasado 100 quintales para una ganancia de 700,000 pesos (a los que hay que descontar al menos el 30% para cubrir los gastos de la siembra). Este año sólo se esperan entre 20 y 30 quintales debido a la sequía. Algunos dicen que el volumen de café es mejor que el de habichuela y que con ésta, este año, ni siquiera lo que se sembró se podrá recuperar.

El café es más difícil de perderse: se producen entre siete y ocho quintales en un mal año. En cambio, la habichuela es hasta perjudicial: ya no hay capa vegetal debido al trato que se le ha dado a la tierra en los últimos 20 a 25 años. Se siembra en la parte alta con pico deshierbando el terreno.

Algunos pocos manejan negocios.

Anílside Medina Vargas, de 43 años, esposa de Juan Duval Trinidad, de 42, tiene uno de los cuatro colmados que hay en el pueblo. Tres en el Cruce y uno en la carretera rumbo al Noreste. Medina empezó con 60,000 pesos para surtir su colmado, luego de comprar la propiedad que actualmente ocupa y donde vende sal, azúcar y harina.

No le ha ido muy bien: “Lo que uno gana —dice— tiene que gastarlo en el camión”, y el asunto se complica cuando hay un derrumbe.

El origen de todo
La historia de Sabana Real se limita a su fundación, que es relativamente nueva.

El pasado más lejano se encuentra en la llanura, en un lugar próximo al lago Enriquillo conocido como Las Caritas, donde varios petroglifos testifican la presencia de la especie humana, y en otro llamado Gantibier, a varios kilómetros al oeste, en el actual Haití, donde existen yacimientos de sílex de hace 4,000 años, tiempo aproximado de la llegada del hombre a la isla, que se formó hace 28 millones de años.

La segunda oleada de seres humanos llegó en el año 500 AC, pero no fue hasta el 800 DC cuando se desarrolló la principal cultura prehispánica de la isla, la taína, que convivió hacia su etapa final con otros grupos como los macorijes y ciguayos (y caribes como mencionan algunos historiadores), y que fue encontrada por los españoles a la llegada de Cristóbal Colón en 1492.

Además de ser un hecho fundamental en la historia de la humanidad, el encuentro fue un momento crucial para el futuro de República Dominicana, al punto de que iría moldeando parte de nuestra propia identidad y marcaría las bases de nuestra actual economía.

La producción de sustento pasó a otra de naturaleza esclavista y ya en el siglo XVI, cuando fueron traídos los primeros negros, a una de carácter azucarera y ganadera basada en la exportación que, sin embargo, fue decayendo en el siglo XVII.

La derrota del poder francés y la ocupación haitiana, episodios que ocurren de 1801 a 1844, distinguen a la economía local antes de la independencia, que se caracterizaría por la migración a otras islas, la bancarrota de la economía ganadera, la desaparición del renglón minero, la fuga de recursos y la transformación de la agricultura al modelo de subsistencia, según resume el economista Manuel Linares, en su “Análisis básico de la economía dominicana”, Santo Domingo, 2002.

La era republicana, agrega Linares, se inició con varias taras que hoy todavía pagamos como la desproporción entre la importación de mercancías extranjeras y la miserable exportación nacional, los gastos mayores a las entradas de las arcas del Estado, y la excesiva emisión de papel moneda que terminó devaluándola, a lo que Linares suma el permanente estado de guerra que vivía el país.

A partir de 1868 la economía conocerá un repunte temporal de la industria azucarera y un aumento en las exportaciones de tabaco para llegar el siglo XX más o menos bien parada, aunque las luchas internas provocarán un declive económico que se acentuará con la Gran Depresión de 1929, un año antes del inicio de la Era de Trujillo, que además de la falta de equidad, se caracterizó por la austeridad, la autonomía financiera, la sustitución de importaciones y el empuje económico que se vería interrumpido a finales de la dictadura por una fase recesiva.

La caída de Trujillo trajo una etapa de bienestar y expansión económica que, otra vez, se vio afectada por el aumento exagerado de las importaciones y el gasto público, el mal manejo de las recaudaciones y la caída de las reservas, sin contar con las devastadoras consecuencias de la guerra de 1965, a lo que siguió una reorganización entre 1966 y 1968, una expansión entre 1969 y 1973, y una nueva desaceleración entre 1974 y 1978.

En los 80’s, agrega Linares, se profundizó el déficit fiscal y la economía estuvo marcada por altas y bajas, pero en los 90’s (salvo en el primer año) el PIB creció, bajó la inflación y la macroeconomía se mantuvo estable mientras “se consolidaron los servicios sobre la producción de bienes y la economía se asentó en las zonas francas, el turismo y las remesas”.

Pero la pobreza aumentó porque los beneficios del crecimiento no fueron distribuidos equitativamente. Y así nos encontró el nuevo siglo.

Las quince casas de Trujillo
Nadie sabe en Sabana Real que este paraje le debe su nombre a una batalla decisiva de la historia, Sabana Real de Limonade, que se luchó contra el Santo Domingo Francés y consolidó la frontera norte en la época de la colonia.

Lo que la gente sí sabe es que el poblado fue creado por Trujillo como una forma de contener la penetración haitiana en la frontera, y que en esos años, el dictador mandó a construir quince casas para ser habitadas por dominicanos. Hay un lugar que se llama “La vuelta del 15”, que confirma el número inicial de viviendas, y todavía existe un muro con una placa de bronce con la inscripción del nombre del Generalísimo.

Antes de tener su nombre actual, el pueblo fue conocido como Sabana Borne, pero fue cambiado definitivamente mediante la ley 339, del 24 de julio de 1943, y publicada en la Gaceta Oficial No. 5953 del 4 de agosto del mismo año como consta en un peculiar libro, “Historia de los cambios de nombres de pueblos en República Dominicana”, Werner Darío Feliz, Santo Domingo, 2007, que conserva el Archivo General de la Nación.

Según lo que recuerdan sus actuales pobladores, no fue un acto de patriotismo lo que trajo a los primeros colonos; fueron personas, algunas de ellas del Cibao, arrancadas a la fuerza de sus predios, que en ciertos casos hasta se arriesgaron a regresar a sus lugares de origen (y luego vueltos a traer) por las dificultades que encontraron.

En 1950, en el proceso que llevó a cabo la dictadura para poblar la línea fronteriza, fue construido este tramo de la carretera internacional, y más adelante, gente de Hondo Valle, sobre todo, se fue afincando en este paraje, dividió sus tierras y desmontó sus colinas para convertirlo en la Sabana Real que es hoy este pueblo olvidado de la sierra de Neiba.

Silvio Vicente Encarnación, de 48 años, es el alcalde de Sabana Real, elegido por la comunidad, tan respetado que tiene 13 años en el cargo.

En “buenas condiciones tendríamos salida”, dice sobre la carretera, “hasta para ir a la clínica porque la más cercana está en Los Pinos”.

También habla del acueducto que, construido en el 2005, bombea menos agua cuando deja de llover. Funciona con un inversor para mover la bomba y con 40 paneles que alguna vez fueron robados, aunque los repusieron con ayuda de Visión Mundial. Tuvieron que poner una caseta. Por el robo Nación. Arriba izquierda: Diosmairy, una niña de 4 años, escribe cerca de su casa en Sabana Real.

Izquierda: Alfredo D'Oleo (centro) echa habichuelas negras en un saco, producto de la venta que acaba de hacer. Arriba: El nuevo túnel de la UASD, inaugurado recientemente.

duraron casi todo el 2008 sin agua, que viene de un manantial subterráneo, que se almacena y que luego se distribuye por gravedad. La asociación La Bella invirtió 120,000 pesos para la reposición y Visión Mundial le pagó al técnico. Los vecinos recuerdan con orgullo que les dieron tres meses para hacer el canal por donde debía pasar la tubería y lo hicieron en 30 días.

Vicente comenta que muchos han emigrado a La Descubierta, como su papá, que llegó de Hondo Valle, con él de 4 años. Dice que aparte de la asociación, Sabana Real no tiene ayuda de nadie, salvo de ciertas organizaciones como GTZ, Visión Mundial y Floresta.

“El Ministerio de Agricultura no aparece desde los Doce Años de Balaguer cuando ayudaban con más frecuencia”, recuerda, como la vez que llegaron a medir las parcelas para dar títulos de propiedad, pero no acabaron el trabajo y nunca más volvieron, aunque no importa.

“Cada uno sabe lo que es suyo”, dice Vicente.

“Al principio había mucha pobreza; todo era montañas que la gente comenzó a trabajar… Si hoy hay quienes tienen cincuenta, cien hectáreas, fue porque sus padres las trabajaron”, agrega el alcalde.

Por eso dice que cuando la gente del campo se queja de que es pobre es porque no tiene fuentes de trabajo o está a merced del tiempo, la lluvia y la seca. En este lugar también los trabajadores haitianos recogen habichuelas y que por cada lata cobran cuatro pesos. Cuatro pesos y medio es un gourde. “El dinero de Haití vale más que el de nosotros”, dice Vicente.

El rumbo de la economía
El nuevo siglo llegó a Sabana Real sin bombos ni platillos, afectada como el resto del país por el aumento de la factura petrolera que en el año 2000 “provocó el final del período de bonanza económica” de la década anterior, según el economista y ex gobernador del Banco Central, Carlos Despradel, en “40 años de economía dominicana”, Santo Domingo, 2012, a lo que el autor suma la desaceleración del ritmo de crecimiento económico de Estados Unidos en el 2001.

A aquellos “choques externos”, como los llama Despradel, que afectaron al país recién iniciada la primera década del siglo XXI se agregaron los atentados del 11 de Septiembre, que redujeron los ingresos por turismo, y la desastrosa crisis bancaria del 2003 que hundió la economía dominicana a niveles insospechados (20% del PIB según el Fondo Monetario Internacional), provocó una fuga de capitales sin precedentes, disparó la inflación y llevó a la pobreza a un millón y medio de dominicanos.

El economista agrega que la situación empezó a revertirse a partir del 2005, con la confianza creada alrededor de la llegada de un nuevo gobierno, la repatriación de capitales, el desempeño de las finanzas públicas gracias a una reforma tributaria, la reactivación de las importaciones, el control de la emisión monetaria y la disponibilidad de divisas, por un superávit en cuenta corriente de casi 1,400 millones de pesos.

En la actualidad, República Dominicana se mantiene estable en medio de una crisis mundial que estalló en Estados Unidos a finales del 2007 y principios del 2008, agudizada en Europa los dos últimos años, y que según Despradel se ha podido sortear por dos vías: el financiamiento de las inversiones extranjeras y el endeudamiento público, sobre todo externo.

“Se ha mantenido la confianza, y la confianza ha producido inversiones”, dice el experto.

Pero el endeudamiento ha crecido desmesuradamente para llevar a 17,331 millones de dólares el monto actual de la deuda del Sector Público no Financiero hasta mayo pasado, y a 250,000 millones de pesos el del Banco Central, lo que según Despradel representa el 43% del PIB.

“El gran problema es que la sociedad dominicana se ha convertido en una sociedad de consumo”, afirma el economista, pero el consumo sólo viene de una parte de la población. “El modelo actual plantea contradicciones sociales”, dijo a LISTÍN DIARIO.

Despradel agrega que para corregir el rumbo de la economía dominicana es necesario apuntar al aumento de la producción, a la innovación tecnológica, al control del “gasto dispendioso” (gravarlo hasta donde sea prudente) y a disminuir la pobreza destinando una parte considerable de los ingresos fiscales a los más necesitados.

Valerie Julliand, coordinadora residente en República Dominicana de la Organización de las Naciones Unidas, dijo a LISTÍN DIARIO que el país ha experimentado un gran crecimiento económico en los últimos años y ha mejorado la situación de pobreza de miles de personas al alcanzar los niveles que existían en el 2000 (34%), igual que el de indigencia de 17% a 10%-11%, y señala que para lograrlo, los programas de asistencia social aplicados por el gobierno han sido fundamentales.

Tiene razón. El gobierno dijo recientemente que un total de 893,394 personas (9.5% de la población dominicana) fue beneficiada a través de los nueve programas que coordina la Administradora de Subsidios Sociales (ADESS) con un monto total de 34,141 millones de pesos entre septiembre del 2004 y diciembre del 2011.

Sin embargo, Julliand considera que el éxito registrado en la reducción del número de pobres contrasta con la ausencia de sostenibilidad en las políticas de desarrollo, la gran desigualdad existente y la falta de oportunidades “que también es una forma de pobreza”.

“Hay miles de maneras de ser pobre”, afirma la representante de la ONU. “En República Dominicana no hay gente que se muera de hambre, pero sí de desnutrición crónica; tiene un gran nivel de desarrollo en las telecomunicaciones, pero entre el 11% y el 13% de los dominicanos son analfabetos: Es un país de paradojas”.

Lo que dicen Julliand se refleja en otras áreas: hay más personas en el sistema de seguridad social, pero la atención no es la más adecuada; ha disminuido el empleo pero más de la mitad de los dominicanos trabajan en el sector informal...

Desde hace veinte años, la ONU mide la pobreza desde un enfoque multidimensional, es decir, sin limitarse al PIB como único referente de riqueza o bienestar, y agregando el aspecto vinculado a los derechos. “La pobreza es también no poder vivir en dignidad o, siendo padres, no poder garantizar el futuro de sus hijos”, dice Julliand al referirse a los pobladores de Sabana Real.

Para suplir esas carencias bajan a La Descubierta, asegura quien conoce bien la zona: Adela Matos, responsable de Visión Mundial (dedicaba básicamente a la infancia, pero también al desarrollo), en la provincia Independencia, una de las más pobres de República Dominicana.

“Es un sitio abandonado”, dice Matos, con problemas de seguridad alimentaria, de cobertura educativa, de pobreza extrema (8,000 niños de la provincia viven en esa condición), de desempleo y, como si no fuera poco, hasta de prostitución infantil, “adonde lo que más ha llevado el Estado son militares” que protegen una frontera “sin control ni regulación”.

La historia de una carretera
Cuando amanece en Sabana Real, las luces del sol se reflejan en las nubes que cubren las colinas. Es lo primero que se ve; luego la carretera.

No se sabe con certeza si Trujillo, que la mandó a construir, pasó por aquí, o si la defensa de la soberanía sucumbió a la necesidad que tenía el dictador de sacar la madera que se producía en un aserradero suyo en esta misma zona.

Lo cierto es que el único presidente de la República que pasó por Sabana Real fue Salvador Jorge Blanco, a principios de su gobierno (1982-1986), cuando decidió hacer un recorrido por la frontera. Los que estuvieron en el pueblo y que no se han marchado recuerdan que el gobernante vino de paso a La Descubierta desde Hondo Valle y que se detuvo un momento frente a la escuela. En esa ocasión su avanzada rellenó el camino como nadie lo había hecho en más de tres décadas.

Adolfo Montero, de 82 años, es el hombre más viejo del pueblo. Vino a Sabana Real en 1965 cuando ya el gobierno había hecho casas entonces, recuerda. Vivía gente hasta del Cibao. Vino cuando era joven, desde El Cercado, “buscando ambiente con la familia”. Montero cuenta, sentado en el interior de una choza, que trabajó en la construcción de la carretera en 1950. “Así como está, así la dejaron”, dice. La hicieron a punta de dinamita, pico y pala. Le pagaban un peso por día y la ruta se hizo con un solo buldozer, a lo largo de tres años, y “con gente como no habrá otra vez”.

De Sabana Real se fueron igual porque al principio no había nada. Montero dice que el gobierno les pagaba cincuenta pesos que no alcanzaban y que ahora igual hace falta de todo. “Este año pensaba conseguir un par de pesos pero no llovió”, dice el anciano que tiene la tarjeta Solidaridad, pero no seguro médico, ni educación, ni otro lugar adónde ir. Lo que sí le queda es la dignidad intacta: “Yo soy un buen dominicano aunque el gobierno no me ayude”, asegura.

Otro personaje que también pasó por Sabana Real fue el líder del PRD, José Francisco Peña Gómez, que vino en campaña a Sabana Real en 1989 y hasta bailó con una embarazada de la comunidad, Juana Carrasco Encarnación, ahora de 38 años, que por supuesto no olvida el episodio. Después de Peña y Jorge Blanco nadie, salvo dos ilustres desconocidos que ayudaron a crear el mito en torno a la carretera: Ocurrió entre octubre y noviembre del año pasado.

“La iban a comenzar en mayo”, asegura Jesús Encarnación, agricultor de 58 años, agricultor. “Midieron desde La Descubierta”.

Se dice que eran dos ingenieros que vinieron a medir el camino; que era una compañía brasileña interesada en el café de la zona y que hasta otro ingeniero apareció para concentrarse en la búsqueda de fuentes de agua.

La expectativa fue tan grande que se llegó a asegurar que ya estaban trabajando en el tramo La Descubierta- 204 (En el 204 se encuentra el borne con esa numeración y el límite entre las provincias Independencia y Elías Piña), y que otros dos ingenieros estaban midiendo desde Hondo Valle hasta la 204.

Es cierto que hasta pintaron de rojo algunos puntos marcando el kilometraje porque las marcas aún permanecen y que incluso alguno de los pobladores conserva el teléfono de uno de ellos —y que todavía se llaman—, pero nunca nadie puso un pie por la comunidad con la intención de hacer algo en el camino que esos “desconocidos”, según uno de los dirigentes de la comunidad, llegaron a tasar en unos 400 millones de dólares, lo mismo que costó hacer la autopista del Coral, en el este del país, aunque está tiene un kilómetros más y cuatro carriles.

Son en total son 60 kilómetros por asfaltar. De Sabana Real a La Descubierta 25 kilómetros (5 kilómetros hasta Ángel Feliz, el poblado más cercano al sur; 10 hasta Los Pinos del Edén y 10 kilómetros más desde este último lugar hasta La Descubierta).

Por el otro extremo, al noreste, de Sabana Real al 204, que es además el punto más alto de la ruta (1,780 msnm) son 12 kilómetros, y de allí 23 hasta Hondo Valle.

Hace dos años hubo doce derrumbes en distintos puntos de la carretera y el pueblo duró 31 días incomunicado, ocho de los cuales duró el buldozer que consiguieron para quitar los escombros.

En octubre del 2011 hubo otro derrumbe.

La cuestión de la identidad
Con todo, Sabana Real sigue en pie con los pocos dominicanos que quedan, quizá habitando en el último bastión nacional al igual que otros pueblos de la frontera.

Junto con la pobreza surge aquí la cuestión de la identidad, que según el escritor Manuel Matos Moquete, en nuestro caso es muy débil y difusa, permeable a la influencia externa y sin raíces claras, tanto que el dominicano necesita intensificar el culto a los héroes, “no para endiosarlos, sino para poder identificarlos con el contenido de sus propias hazañas”.

“Nosotros tenemos un concepto muy dudoso de nación”, dijo Matos Moquete a LISTÍN DIARIO, autor de más de treinta títulos entre novelas y ensayos. “Tan dudoso que muchos dominicanos todavía ponen en duda la figura de Juan Pablo Duarte en la independencia nacional”.

El escritor Marcio Veloz Maggiolo, en “La cultura dominicana, momentos formativos, Santo Domingo, 2012, dice que el sentido de identidad empezó a definirse entre los siglos XVII y XVIII, a partir de las Devastaciones de Osorio.

Veloz Maggiolo dice que ya en 1800, una nueva conciencia comienza a gestarse en busca de otro camino para la parte oriental, que recoge además costumbres heredadas de los aborígenes que habitaban la isla a la llegada de los españoles y, con mayor profusión, de los negros que fueron traídos de África.

La teoría del prolífico autor es respaldada por el sociólogo y especialista en antropología Carlos Andújar, quien en “Meditaciones de cultura: laberintos de la dominicanidad” (Santo Domingo, 2012) señala que bajo la premisa de que el principio de alteridad (“yo en relación con el otro”) es la base de la identidad, los primeros sentimientos de diferenciación comenzaron después de 1630, cuando las “cincuentenas” (pelotones de cincuenta hombres que defendieron el espacio ocupado en la parte este de la isla) fueron los primeros en luchar por ese territorio, por encima del escaso interés español.

“Sólo se defiende aquello con lo que uno se identifica”, dice Andújar.

En lo que todos coinciden es en el hecho de que la identidad se forja con el tiempo y no se limita a un acontecimiento, tal como lo planteó el intelectual Pedro Henríquez Ureña, al establecer tres momentos fundamentales en el caso dominicano: la independencia efímera de 1821, la declaración de la independencia de 1844, y la formación del movimiento intelectual hostosiano en 1873.

Pero José Guerrero, director del Instituto de Investigaciones Antropológicas (INDIA) de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, llega más lejos y asegura que para entender al dominicano hoy, hay que remitirse a la ocupación de 1916, cuando la nación se unifica por primera vez.

Guerrero dijo a LISTÍ DIARIO que la pregunta que debemos hacernos no es si tenemos identidad, si no si tenemos complejos, cuando el criollo dominicano osciló desde un principio entre lo español y lo africano con el que no quería identificarse, y la “ambigu¨edad entre la atracción por lo foráneo y la defensa de lo nuestro”.

“La historia se escribe desde el presente. El presente le da sustento al pasado”, dice Guerrero. “La dominicanidad está más cerca de lo moderno que del propio pasado”.

No obstante, agrega el director del INDIA, no se puede percibir un Estado nacional mientras exista pobreza y marginalidad: pobres-marginales viviendo hacinados y expectantes en una sociedad consumista a la que no tienen acceso, y servicios a los que sí pueden llegar por la amplitud de la cobertura, pero débiles en calidad, igual que la educación, “que es parte fundamental del problema”.

La modernidad se quedó en La Descubierta
Miguel Vicente Encarnación, de 44 años, es el otro alcalde de Sabana Real, éste puesto por el ayuntamiento de La Descubierta. Va a cumplir cuatro años en el cargo y no recibe sueldo fijo. Asegura que Sabana Real tiene muchos problemas, pero para el funcionario, el mayor es el de los ingresos “Queremos trabajo, pero no tenemos recursos”, dice Vicente, y agrega que antes había facilidades que hace tiempo no llegan. “Tenemos tierras, pero no sabemos cómo usarlas”, comenta.

En Sabana Real la mayoría es católica, pero no hay iglesia y tampoco cementerio.

El más cercano está en Los Pinos, pero es muy pequeño.

Luego está el de La Descubierta. Sin iglesia, el cura viene más cuando están los misioneros claretianos.

Tampoco hay patronales y los acontecimientos más importantes de la comunidad fueron la instalación de los paneles para la energía solar, la inauguración de la remodelación de la escuela y la construcción del acueducto.

Para divertirse, muy poco: el pueblo tiene una sola mesa de billar y no hay cerveza fría que se venda porque no hay refrigeradoras. La gente toma Bacará, un ron haitiano.

Y no juega porque no hay bancas de apuestas y la más cercana está en Ángel Féliz.

Tampoco hay violencia de género, cuando más de cien mujeres han muerto en el resto del país en lo que va de año y el año pasado los asesinatos dejaron a 103 niños en la orfandad, sólo “peleas y trompones”, dice Olga Duval Encarnación, de 39 años, presidenta de la asociación de mujeres. Hay consenso entre casi todas en torno a que Sabana Real es un pueblo machista. Jocelin Mateo Díaz, también de 39, capataz de la Brigada No.

1 de Sabana Real, del Ministerio de Medio Ambiente, pone fin al tema con una sentencia que deja dudas: “No tenemos los mismos derechos, pero tenemos”.

En este paraje de 16 kilómetros cuadrados había como 84 familias en el 2000 y ahora quedan unas cuarenta, además de unas 50 familias haitianas y otras mixtas. Lo mismo que está sucediendo en toda la frontera, que sufre también el problema de la desforestación. Para contrarrestar el problema, Medio Ambiente y Floresta empezaron a reforestar la zona en el 2008 con 68,000 plantas de pino, y ahora siembran 127,000 entre pino, grabilea y corazón de paloma.

En Sabana Real hay más de 3,000 tareas sembradas con plantas maderables que en 10 ó 20 años ya estarán listos para la producción masiva, pero no es suficiente para que la gente se quede porque encuentra otros motivos.

Para llamar a Santo Domingo, o a cualquier otro punto del país, la gente del lugar debe marcar primero a Haití y luego el código de República Dominicana, que además se cobra en gourdes, la moneda de Haití.

También está la opción de caminar unos cuatro kilómetros al noreste, o unos dos kilómetros al sureste, para captar la señal de las dos compañías telefónicas con mayor cobertura nacional, menos en este paraje. Después del terremoto del 2010, una de ellas puso una antena para facilitar la comunicación en Haití, que redundó en beneficio de los dominicanos, pero un año y dos meses después se la llevaron.

No es todo: En cuarenta y nueve años de historia, Sabana Real tuvo luz por primera vez a principios de los noventa, y no por la instalación de tendido eléctrico, que sí hay en La Descubierta, sino porque hay una planta de generación en Los Pinos y paneles solares que al pueblo llegaron con Fundasur, pero fueron muy pocas las familias beneficiadas.

Luego la comunidad se unió, a través de Visión Mundial, a un programa de PPS, una organización no gubernamental que trabaja en el ámbito del medio ambiente.

Se beneficiaron más de 30 familias a un costo promedio de 12,000 pesos financiados en 4 años. Con la luz, que no dura mucho tiempo, llegó también la televisión, uno de los pocos privilegios que la modernidad prestó a Sabana Real. Pero la señal sólo alcanza para un canal, lo que hace que sea la radio el medio de comunicación más socorrido.

Con el agua al pueblo le ha ido mejor, pero también es reciente. No llega directamente a las casas y recorre el pueblo a través de un acueducto que construyó la propia comunidad en el 2005 y que inauguró en noviembre de ese mismo año. Tiene tres kilómetros de longitud y abastece a cuarenta familias; costó tres millones de pesos. Fundasur puso el material y Sabana Real la mano de obra no calificada.

Ya se sabe: aquí no hay una dotación policial —sólo un pequeño cuartel militar en la división con Haití— ni posta médica o centro de atención primario porque el más cercano está en Los Pinos, a 15 kilómetros de Sabana Real. Cuando estalló la epidemia del cólera, muchos dominicanos se contagiaron.

El primer caso fue el de Adolfo Montero, el más anciano del pueblo, a quien llevaron en mula a Ángel Féliz, y de allí en una motocicleta a La Descubierta, pero no murió nadie del lugar porque supieron cómo tratarlos.

La historia de este pueblo de la frontera es de alguna forma la de otras comunidades del país y de mucha gente que vive en las grandes ciudades.

En Sabana Real sólo hay cuatro casas de concreto; el resto es de madera y zinc y aún quedan algunas de las que mandó a construir Trujillo. Con todo, la pobreza extrema no existe en este pueblo porque las personas consiguen siempre algo para comer, según Nelson Montero Rosario, de 40 años, dirigente de la comunidad y supervisor de una brigada de Medio Ambiente, que nació en Sabana Real, se fue a la capital y volvió después para quedarse.

Montero dice que es posible que existan personas que quizá no tengan lo suficiente en este pueblo y que inclusive la mitad viva en condiciones de pobreza, pero que todo el que siembra habichuelas vive así: Cuando hay malas temporadas se endeuda, aunque seguro hay lugares donde la gente viva peor, en las ciudades.

“Puede que el gobierno ni sepa que existimos” —afirma—.

“Sabana Real es un paraje abandonado en pleno siglo XXI, metido en medio de la montaña y sin un camino” .