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La República sábado, 18 de junio de 2011

EL PODER DEL NARCOTRÁFICO

Fundador de la DNCD dice que si regresa la destruye

RECLAMA SEAN MÁS DRÁSTICOS, ACTUAR A TIEMPO Y CON DETERMINACIÓN CONTRA EL NARCOTRÁFICO

  • Fundador de la DNCD dice que si regresa la destruye
    Oportunidad. El ex general de brigada Freddy González Estrada inició muy joven su carrera en los cuerpos armados del país. Tenía entonces 19 años. Cuando rememora sus años y misiones en la rama militar, da máxima prioridad a su empeño y servicio en el CICC.
Guillermo Pérez
Santo Domingo

El mismo oficial que hace tres décadas fue ideólogo, y casi un lustro después creó el primer andamiaje instituido hoy como Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD), integró a policías y militares al combate contra ese flagelo, descifró el mapa de rutas e identificó el uso de naves a través de cielo, mar y tierra por el narcotráfico, hoy se revela contra su obra, decidido a revertirlo todo si regresara a ella, aunque ahora para “destruirla”, a cambio de una agencia con oficiales académicos que juren reivindicar su nombre.

El ex general de brigada Freddy González Estrada, miembro de una generación de oficiales jóvenes de las ramas militares y de la Policía que acariciaron con fervor ese compromiso, manifiesta ahora su desilusión por los escándalos internos que han lastimado la imagen de la DNCD, muchos de cuyos integrantes que le juraron lealtad terminaron sirviéndole al crimen organizado a cambio de dinero, drogas, propiedades, o matando a ciudadanos, incluyendo a sus propios compañeros.

“Así como la hice, la destruyo”, respondió Estrada, sin titubeos, a la pregunta sobre que cambiaría para reconquistar el prestigio de la agencia antinarcóticos, y afi anzar su trabajo, ante la eventualidad de un regreso a ella.

“Siempre he dicho que si tengo que volver la desarmo entera; no me quedaría siquiera con la que limpia”, anotó.

Estrada, quien dejó sus estudios en Estados Unidos y regresó al país para ingresar a la academia militar, a los 19 años, trabajó en un proyecto para enfrentar la lucha contra el naciente narcotráfi co, sacando de ahí el Centro de Información y Coordinación Conjunta (CICC), que empezó a trabajar “en secreto” desde 1982 hasta 1986, cuando quedó instituida la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD).

Para esa ocasión, en el país se hacía poca referencia a drogas, las calles eran menos peligrosas, los ciudadanos tenían mayores opciones de esparcimiento, había menos temor a un ataque y mayores garantías para sus vidas.

Puente para el tráfico
Sin embargo, sobre mares, montañas y poblados dominicanos, el mundo del narcotráfi co había construido, bajo una cubierta de silencio, un puente a través del cual transportada toneladas de drogas hacia Estados Unidos y Europa, con asistencia de conexiones locales que recibían pago en efectivo para despejar las vías al trasiego de esa mercancía ilícita.

“Aquí no se quedaba nada o se quedaba muy poco; por eso no la sentíamos aquí”, dice el ex general Estrada, que para esos tiempos se desvelaba tejiendo planes para crear un organismo del Estado que combatiera ese mal.

El narcotráfi co creó, desde su inicio, una enorme red de asociados dominicanos, muchos de ellos relacionados en el ambiente social como personalidades de bien y orden.

“Durante esos años el narco era impune aquí”, declaró Estrada.

“A partir de los años 80 todo empezó a cambiar cuando los jefes del negocio de drogas cambiaron su forma de pago en dinero por mercancía pura”, apuntó.

Entonces, dice Estrada, esa mercancía empezó a llegar al mercado local, “convirtiéndonos así en un gran centro de consumidores de drogas que nos ha dejado un saldo de miles de muertos, heridos, desaparecidos, enfermos por adicción, cientos de familias destruidas y una lucha permanente del Estado por no sucumbir, y que se lleva parte de los tributos nacionales consignados en el Presupuesto de la Nación”.

Fundación del CICC
“Cuando surgimos aquí se hablaba poco de drogas; el país vivía a oscuras sobre lo que estaba ocurriendo, con un creciente tráfi co que no se veía, con gente distinguida en el ámbito social y económico, policial y militar ligada a este negocio, pero la sociedad lo ignoraba”, explica el ex general Estrada.

“La idea se me ocurrió al recurrir mentalmente a los tiempos de Trujillo, cuando existían las patrullas mixtas; se ponía un miembro de cada institución para que no pudieran ponerse de acuerdo”, dijo.

“Yo me dije: si aplico eso a un organismo antidrogas puede funcionar”, recordó, indicando que para entonces, era el ofi cial de enlace, con rango de segundo teniente, entre la Fuerzas Armadas Dominicanas y la embajada de Estados Unidos; trabajaba directamente con el Cuerpo de Asesores Militares (MAGG), cuyo jefe era el coronel Joseph Strea.

La idea era crear una unidad mixta, hoy fuerza de tarea conjunta, que luego fue presentada por la jefatura del MAGG y la embajada estadounidense al presidente Salvador Jorge Blanco, quien la aprobó. Sus primeras tareas fueron el fi chado de barcos, aeronaves y gente que tenía capital dudoso. Todo estuvo concentrado en eso.

Durante dos años, el CICC no tuvo ningún tipo de operaciones.

“Los aviones que salían desde Herrera hacia Puerto Plata, sin control, iban a Colombia, cargaban y aterrizaban. Creamos documentos para que cada piloto que saliera fi rmara su destino.

Esto no gustó a los pilotos envueltos en el tráfi co de drogas”, dijo.

El equipo empezó a trabajar “en secreto” en 1982 y tres años después, el 4 de noviembre de 1985, fecha de creación del CICC, esa fuerza dio su primer golpe, con la captura del barco Island King, cuyo capitán era el “comandante Kent”. Recibieron un reporte sobre su salida desde Colombia, con 20 toneladas de marihuana. Al llegar aquí tuvo problemas cuando la hélice se pegó mucho de la costa y esta empezó a sonarle.

Diez haitianos formaban su tripulación. “Cuando llevamos la droga a la policía, donde solían guardarla en una cajita fuerte, ellos la pusieron en la escalera, parecía pasto de vaca; estuvo ahí dos meses. La policía hedía a marihuana”.

En 1986, el embajador de Estados Unidos manifestó a Estrada su temor de que usaran a esa unidad para fines políticos y le pidió que buscara un espacio fuera de la embajada.

“Sacamos al CICC de allí y nos mudamos al sótano de la Galería de Arte Moderno, en el Conservatorio Nacional de Música”.

La incautación de casi mil kilos de cocaína pura en Arroyo Barril y el caso del Helen Express, con 961 kilos, fueron dos golpes duros al narcotráfi co, en una época cuando el país era un puente para el transporte de drogas hacia Europa, Estados Unidos y Puerto Rico. El país no había iniciado como mercado de consumo, como ahora.

“Estuve cinco años al frente del CICC. Crecíamos bastante y buscamos otro nombre; pedí que fuera llevada a dirección. Balaguer aprobó el local de la Máximo Gómez y entonces yo salgo y me voy como jefe de operaciones del DNI”, agregó.

Todo ese sacrifico e ilusiones es recordado hoy con orgullo por Estrada, aunque no oculta su decepción por eventos que han afectado la credibilidad de la DNCD. Por eso insiste en que sería capaz de desmembrarla si volviera a sus fi las. “La destruyo, no tengas la menor duda; así como la hice, la destruyo”, dijo. “Si tengo que volver, la desarmo entera”, insistió.

“Lo que pido al saliente es que me deje la llave de la puerta; no quiero siquiera que (me) la abran”, anota.

Prefiere una DNCD depurada y empezar desde cero, con ofi ciales de academia, un concejo de notables que trace su política y metas, que se cure a los enfermos, se cambien las leyes sobre drogas y se dicten condenas a los narcos, peor si fuera un asesinato. Plantea legislaciones drásticas y actuar rápido. De la DNCD sostiene que el público le ha perdido confi anza, refi riendo los casos de algunos miembos que se vinculan con narcos.

Atribuye eso a que “la moralidad de los dominicanos, igual que los problemas sociales y la falta de educación, ha cambiado”.

“Es un problema complejo, la situación de la DNCD no es fácil”, dijo, recordando que los directores que intentaron hacer una limpieza, “terminaron con el mismo problema”.

(+)
ENTRENARON FUERZAS ANTIDROGAS DE HAITÍ

Su labor trascendió las barreras geográficas del país.

En los albores de la década del 90, jóvenes soldados y de las fuerzas de orden público de Haití fueron entrenados aquí y estos, posteriormente, se integraron al Centro de Información y Coordinación Conjunta (CICC) en esa nación, con las mismas siglas (en orden del francés), la constitución orgánica y sistema operativo del dominicano.

“Fuimos una fuente de inspiración en América Latina. Imagino que ya (el CICC) no debe existir (en Haití), pero hicieron un buen trabajo en principio”, expuso.

Por otra parte, dijo que se resiste a aceptar la excusa de que los bajos salarios que ganan los miembros de la DNCD los empuje a hacer nexos con el narcotráfico.

“Nosotros ganábamos bajos salarios y no éramos corruptos”, dijo.

“El salario que tú ganas no tiene que ver con tu moral, con tu condición de trabajo; la mayoría de la gente es pobre y no anda cometiendo hechos de corrupción”, agregó.