DAMNIFICADOS POR TORMENTA NOEL
Niños están inquietos en refugios y quieren regresar a sus hogares
SANTO DOMINGO.- En medio de las dificultades que padecen, damnificados de la tormenta Noel en el Liceo Ramón Emilio Jiménez, del municipio Este, aguardan se haga realidad la promesa del presidente Leonel Fernández de reubicarlos en un lugar que les brinde una mayor seguridad. Allí persisten las quejas de que apenas les está llegando un almuerzo pasadas las 3:00 y 4:00 de la tarde, mientras los niños se mantienen inquietos porque no les ofrecen ni desayuno ni cena. En la mañana de ayer, los refugiados degustaron con satisfacción leche y galletas donadas por Gloria Pérez, directora de la escuela Federico Llinás de Los Mina, quien junto a los estudiantes de ese centro llevó además aceite, harina, espaguetis, ropas y otros obsequios recolectados. Wellintong Berroa, miembro de la Defensa Civil, quien vela por ese albergue, reconoció que no llevan ni desayuno ni cena y que las ayudas van mermando en la medida en que pasan los días. Según el joven, los comedores económicos les hacen llegar diario 700 raciones alimenticias para un total de 389 afectados alojados provisionalmente en el plantel. Informó que ayer recibió órdenes superiores de que ninguna de esas personas debe retornar a la ribera del río Ozama, por lo que entiende se alejará la posibilidad de que los estudiantes retomen sus clases el próximo martes, como se tenía previsto. Berroa dijo que la posibilidad es que los afectados sean reubicados en otro lugar. Margarita Cordenes de Céspedes, terapista que asiste al conglomerado, dice que ve buena la asistencia en ese liceo. No obstante, afirma que la mayoría ha perdido sus enseres y tiene la esperanza de que los ayuden o vayan a otro sitio que no sea la margen del río. “Algunos de los niños quieren irse y desesperan a las mamás porque desean regresar a sus casas y cuando les dicen que hay que esperar, les dicen búscate una casa, mientras otros están distraidos”, comentó la experta en tratamientos sicológicos. Thelma Martínez Morillo, madre soltera, con cuatro niños, dijo que “nos sentimos un poco mejor porque supuestamente el Gobierno va hacer algo por nosotros y lo que queremos es que nos ayuden porque no podemos volver a las casas llenas de lodo”. Al igual que ella, Virginia Rivera dijo que la escasez de alimentos es similar a días atrás y aunque no vio por televisión el discurso del presidente Fernández, al igual que Yahairi Encarnación Montero, dijo esperar por una casa que no sea de madera y zinc, porque de regresar a la orilla del río se encontraría con las culebras y cocodrilos. “Si nos llega un chin de comida es a las cinco de la tarde cuando los niños están llenos de gases”, reiteró Virgina Rivera, quien junto a otras compañeras de refugio también recibió sardinas, guandules y otros enlatados de parte de estudiantes de la Escuela Llinás. En el lugar, agentes del Ejército Nacional limpiaban el centro mientras algunos de los afectados se distraían con el juego de dómino, obviando además que en el patio montañas de basura atentan contra la salud del grupo y, muy especialmente, de los niños.

