IMPULSO

La otra cara de las noches en los barrios capitalinos

VECINOS DEPLORAN QUE DE LOS BARRIOS SÓLO SE RESALTEN HECHOS NEGATIVOS

SANTO DOMINGO.- La vieja maestra de escuela nocturna lanza su mirada vigilante sobre el portón metálico y escruta el pequeño espacio, como para asegurarse de que nadie puede escucharla, y con una media sonrisa lo dice: “Capotillo está inundado de drogas”. Para ella no hay novedad alguna en afirmar que Capotillo, uno de los barrios más vulnerables de la parte norte del Distrito Nacional y el primero en ser intervenido por el patrullaje policial de Barrio Seguro, está sumergido en una problemática de tráfico de estupefacientes que estimula a la juventud a inmiscuirse en el negocio que moviliza parte de la economía doméstica y “los pone a valer, vestir y comer como la gente, no importan los riesgos”. Ella palpa los detalles macabros de la cotidianidad que pocos conocen: hay jóvenes que acuden a la escuela, intentan forzar el pesado portón nocturno para “ubicar a alguien” y hacerlo pagar alguna cuenta pendiente. Son situaciones cotidianas. Ráfagas de una violencia que no termina, como ocurrió recientemente con Jimmy Ventura García, de 24 años, asesinado a tiros en circunstancias no esclarecidas, y con Carlos Manuel Mañón, de 23 años, herido de gravedad, ambos impactados de bala por dos desconocidos que se desplazaban en una motocicleta Suzuki, en la calle Respaldo Isabela de El Caliche. Es una situación que se repite en otros barrios de los que se escudan en el programa Barrio Seguro del Plan de Seguridad Democrática. Sin embargo, las noches de Capotillo, Espaillat, Guachupita, 27 de Febrero y otros barrios de la Capital con un elevado índice de hechos delictivos, tienen otra historia, una mejor, con un rostro enormemente positivo. En el ensache Espaillat los jóvenes se entretienen en los tres colmados que colindan con la calle Interior, donde juegan dominó mientras las bocinas dejan fluir la voz de algún bachatero de los que están de moda. No olvidan esas esquinas donde se sientan los narcos a vender sus sustancias alucinógenas, ni los vehículos de toda clase que llegan de cualquier punto de la ciudad a buscar la droga. Por encima de eso, las mujeres se visten y salen de sus casas para internarse en el Bingo Recreativo La 12, de la calle del mismo nombre, donde botan el golpe y unas multiplican sus chelitos y otras los pierden, pero se divierten. Una quejaLos vecinos de esos barrios se han quejado de que los medios de comunicación sólo se hacen eco de los hechos negativos, como las matanzas nocturnas entre adictos y narcotraficantes. Y citan casos positivos a destacar, como esa parte gruesa de la juventud de La Ciénaga, Guachupita, Mejoramiento Social, María Auxiliadora, Capotillo y 27 de Febrero que en las noches van a la escuela nocturna República de Honduras. Allí, en el centro educativo ubicado en el mismo corazón de la zona noreste del Distrito Nacional, uno se sorprende, porque es un plantel del Estado y cuenta con un laboratorio de informática, apadrinado por un comité de damas de Honduras, donde cientos de jóvenes dedican sus noches a formarse, lejos de la calle, interesados en superarse. El profesorJorge Montero Berigüette, director de la escuela, habla de que los jóvenes de los barrios marginados que allí estudian, que hacen su bachillerato, solo necesitaron el apoyo de las autoridades para que sus noches hayan cambiado de un panorama hostil y tétrico a uno de esperanza. Lo mismo sucede con la mayor parte de la juventud de San Carlos. Han creado frente al club del sector un gimnasio, donde en las noches, en vez de quemar sustancias alucinógenas, queman calorías, para ponerse en forma, levantado pesas y haciendo ejercicios. “Nosotros queremos estar fuera de cualquier vaina negativa. Venimos aquí y botamos el golpe después de la universidad”, dice José Rodríguez. Los jóvenes de esos barrios carenciados tienen sus noches, y son sanas, aunque por la estela de muertes y tragedias difundidas día a día, año tras año, sea difícil de creer. EJEMPLOEn las aulas de la Escuela para Adultos Amelia Ricart Calventi, de Capotillo, se alfabetizan entre 200 y 300 adultos que han visto una oportunidad de salir de aquellos barrotes de la ignorancia a través de la formación inicial. Juana Veloz, una de sus profesoras estima que este año el número va en aumento.Hombres y mujeres se interesan por ir a la escuela para aprender a leer. Lejos de sentirse mal por su condición de adultos analfabetos, han descubierto que existe una oportunidad, una brechita de luz para cambiar las perspectivas en la vida.En el mismo centro de Capotillo, en la calle Seis, las noches son tomadas por los jóvenes y los adolescentes para jugar baloncesto, encestar la bola y olvidarse de las negruras que ofrece el camino de la delincuencia.

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