SONAJERO
‘Nalguerío’
Gente querida, cercana y lejana: ahora que en el Congreso chapalea un anteproyecto de ley que procura regular la exposición femenina en bikini en televisión, les recuerdo que, solas, las tangas son inofensivas. No le hacen daño a nadie. No rasguñan, no hieren, no asesinan. El lío está en el uso. El dolor, el abuso y la violencia está en la sobreexposición de nalgas femeninas en la publicidad dominicana y, más que todo, en televisión. Piensen en las bailarinas de programas meridianos y variedades. Ese “ombliguerío” se mete en la boca junto al arrocito del mediodía. Durante décadas, la silueta femenina ha sido usada como anzuelo para vender desde lubricantes hasta llantas, sin obviar el eterno jolgorio entre pezones y cinturas, bailoteando con romo y cervezas. Las mujeres, a quienes el éxito les cuesta tres veces más que a cualquier hombre promedio, son explotadas diariamente en anuncios de todo tipo. Los publicistas lo saben. Es un cuento que los clientes siempre solicitan “nalguerío” visual. Seamos francos. Si eso ofrecen, lo mismo comprarán. Pasa lo mismo con la música, las bancas y las “frías” de los barrios. Si hay más apuestas que colmados, más alcohol que habichuelas y más estridencia que lirismo, ¿qué esperan?, ¿que el pueblo no juegue, no beba y no ronde el circo hasta que amanezca? El país es rico en talentos. Esta patria cuyo gobierno en crisis obsequia canastas lujosas en Navidad, es millonaria en artistas que, espero, aprendan a crear sin agredir, a vender sin desdeñar. La publicidad de otros países, incluso semejantes al nuestro, es cátedra gratuita apreciable en algunos canales del cable. Punchen el control y verán cómo, sin descubrir la fórmula de agua tibia, pueden ganar sin disminuir la esencia y valor femenino a un platillo de camarones con pezoncitos salteados en nalga y cerveza.

