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El Norte viernes, 12 de julio de 2019

SONAJERO

Matar la decencia

  • Matar la decencia
Grisbel Medina R.
sonriete_gris@hotmail.com

La dama no se detuvo cuando chocó un vehículo bien estacionado. Para localizarla, el dueño del automóvil impactado tuvo que realizar trámites en Impuestos Internos. Cuando obtuvo la identidad y el contacto de la señora, al reclamar su derecho, le cayó una lluvia de insultosÖ y amenazas. Ser decente no valió de nada. Y apelar a la justicia, tampoco.

Encima del abuso, el joven tuvo que buscar pruebas para demostrar el agravio. Además, escuchar la voz amenazante de un esposo que le restregaba estar representado por uno de los mejores bufetes jurídicos del país. Para (¡por fin!) recibir el dinero de arreglar el carro, esperó mucho tiempo entre un cuento y otro. Entretanto fue tratado como si estuviera pidiendo, con la vara del tramposo.

Un chofer de una editora utiliza la camioneta de su trabajo hasta para acarrear aves. Sale de la ciudad sin permiso gastando a sus anchas el gasoil de la empresa. Cuando las personas que debe transportar le solicitan, deben esperarlo horas muertas hasta que él aparezca. El deber por el que le pagan, es el “favor” que el susodicho le hace a la compañía. Una vez se negó a llevar una pasante porque “vivía muy lejos” y para que cumpliera la disposición, el jefe del departamento abordó la camioneta para que a regañadientes condujera a la muchacha al finalizar sus labores. Con el chofer no vale ser cortés, ni decente.  

Una familia tiene dos perros muy escandalosos en un edificio de apartamentos. Una de las residentes -madre de una recién nacida- se quejó del ruido por escrito. Lleva tres cartas y nada. El ladrido perpetuo es una condena de agobio. No hay descanso ni siquiera los domingos. En este y otros casos, actuar con comedimiento, prudencia y cortesía, son mal pagadas en el país del sálvese quien pueda.

Cada día la sociedad acorrala a la gente que, para lidiar con situaciones, no chorrea insultos. La injuria seguida de golpes es más celebrada que el don de la urbanidad. Si te abusan eres culpable por pendeja. “Dar una pela de lengua”, paga mejor socialmente. No nos dejan de otra que aprender a mandar a la gente a la m... tristemente.


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