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ESFUERZOS EN LA RUTA

Terrestre transporte

Algunos pasajeros presentan quejas por irrespeto a los derechos de los usuarios del servicio de transporte público. Recalcan que el flujo de pasajeros es el que crea las rutas.

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Jesenia De Moya C.
Jesenia.demoya@listindiario.com
La Vega-Santiago

Comprar el boleto de ida, con o sin la vuelta, involucra una serie de aspectos y situaciones de vida que confluyen en el trayecto hasta llegar al lugar de destino.

Entre las llamadas “Culta y Olímpica” y “Ciudad Corazón”, miles de personas recorren diariamente 36 kilómetros de asfalto de centro a centro, junto a desconocidos y sus respectivos choferes de ruta, algunos con saludos fraternos y otros tantos con indiferencias.

En las rutinarias labores del transporte público, los tres sindicatos certificados por la Oficina Técnica de Transporte Terrestre (OTTT) exhiben la cultura y los arduos esfuerzos de trabajadores, estudiantes, visitantes y pacientes que se levantan día a día en busca de un mejor porvenir, ya sea en la conducción de vehículos o en el desplazamiento de ciudad a ciudad por sus distintos motivos.

En este oficio, continuo y sin cesar, la vida socioeconómica y cultural dada entre veganos y santiagueros es una hermandad rica, no solo por motivos de la actividad financiera percibida en los más de 150 minibuses que transitan la ruta, sino por compromisos y relaciones dadas entre aquel que paga hasta ochenta pesos por el boleto y los que le llevan a su destino, que pone en juego su vida y la de los 14 pasajeros que le acompañan.

Detrás del volante
Ser un chofer del transporte público es un servicio de grandes compromisos y también una inversión. Según Hanser Marmolejos, conductor para el Expreso 5.° Patio, tener acciones en el sindicato y comprar una “guagua” para trabajar el turno es una inversión que supera la cantidad de RD$2 millones de pesos, a los que se agregan compra de llantas o gomas cada 6 meses, cambios de aceite mensual, pago por combustible cada dos días y otros mantenimientos con tal de brindar el servicio prometido, “con el que el pasajero se sienta cómodo, con aire acondicionado para el calor y a gusto”, según Rubén Díaz, encargado de la parada vegana de Uchomvesa.

Así, también es un trabajo de obligación con la gente y la familia.

“Este trabajo no para. Hay que estar ahí para el pasajero, aunque no se esté dispuesto o en las mejores condiciones”, dice Esteban Rivas, de la Asociación de Transportistas Unidos Expreso 5.° Patio La Vega – Santiago, quien manifiesta sentirse encantado con el oficio que le permite mantener a su esposa, dos hijos e hija.

Otros están por herencia y compromiso con algún familiar. Es el caso de Amaury Coste, a quien no le gusta ser conductor de transporte público pero que lo realiza por respeto y lealtad a su suegro. “Uno no puede traicionar la confianza que alguien te da. Él me trajo aquí, yo le correspondo. Después de todo, no me va mal”, expresa quien adorna su minibús para sentirse a gusto al trabajar.

Otro es el caso de Adelso Marmolejos, de 26 años, quien lleva ocho conduciendo en el Expreso 5.° Patio, tras haber trabajado para el Sindicato de Choferes La Vega – Santiago, ruta conocida como “Las Voladoras”.

“Lo hago porque fue lo que mi padre nos enseñó. Él nos dio guaguas y turnos e hicimos lo que se hace con eso: manejar”, expresa Adelso, hermano mayor de Hanser, de 24, y Diego, de 23 años de edad, y quien desea iniciar una carrera académica en ciencias jurídicas.

Juventud que transita
El llamado “choferismo” ofrece un lugar de empleo “rápido y cómodo” para la juventud dominicana.

La ruta Unión de Choferes Dueños de Minibuses Vega – Santiago (Uchomvesa) es la parada más joven y registra los transportistas más jóvenes entre las rutas de calle, los que oscilan entre 18 y 28 años de edad.

Estos jóvenes tienen sueños y metas por cumplir y que por las circunstancias del trabajo se ven limitados. Según Víctor Manuel de León, experimentado del Expreso 5.° Patio, en este trabajo “no hay futuro para la juventud”. Por su parte, Fernando Cordero, apodado Michael Jackson, es conductor de Uchomvesa y estudia Odontología en la Universidad Católica y Tecnológica del Cibao (Ucateci).

“Mi padre fue quien me dejó la guagua para el trabajo pero él me apoya más en los estudios”, indica Cordero, de 19 años, quien destaca la labor de su madre, quien le levanta por las mañanas, le envía comida a la parada y le pregunta lo sucedido durante el día. Otros choferes también agradecen las labores de sus esposas y novias quienes le esperan con la comida caliente en la noche y el corazón en la boca por si no ha de llegar a tocar la puerta.

Riesgos y gajes
Los choferes llevan en riesgo su vida y la de sus pasajeros con cada salida de la parada.

Así lo describen Antonio Polanco y Rolando de León al indicar que se vacila entre la vida y la muerte. “En este mundo no estamos escapos de nada. En peligro estamos siempre”, expresa De León, mientras que Polanco, manifiesta que “todos tenemos un pie en la calle y otro en el cementerio”.

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