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DESARROLLO COMUNITARIO

Ejemplo de hotelería responsable

LOS BOHÍOS CAMPO AÑIL, EN JARABACOA, ES UNA EMPRESA FAMILIAR DE TURISMO SOSTENIBLE

  • Ejemplo de hotelería responsable
    Cada cabaña lleva el nombre de un tío de Eunice Marmolejos y de sus hermanas. También el padre y la madre de las fundadoras, son honrados en una de las estancias. Alba Yris, la hija de Eunice, se encarga de las compras y supervisar los procesos. El ejemplo de superación y entrega se va inculcando de generación a generación.
  • Ejemplo de hotelería responsable
Jesenia De Moya C. y Grisbel Medina R.
jesenia.demoya@listindiario.com

Buena Vista, Jarabacoa.- Los avances tecnológicos y los cambios que se presencian en el clima a nivel mundial han transformado los sectores de la vida en sociedad hasta el punto de reordenar estructuras y composiciones de la economía, agropecuaria, comercio,  educación, industria, turismo, telecomunicaciones y el transporte.

Hoy día, emprender proyectos sustentables es un compromiso de primera fila y más aún cuando se trata del turismo en países de Centroamérica y el Caribe, donde se asigna un carácter cuasi exclusivo a balnearios y playas.

Con la intención de valorar el folclor y las tradiciones que nos identifican, crear oportunidades de empleo para la comunidad y hacer del sector rural de Jarabacoa uno de los espacios más vistosos de la región, Los Bohíos Campo Añil entrega una propuesta innovadora y sostenible, de origen familiar y con un trasfondo ecoamigable.

Al llegar
En el ámbito turístico, ofrecen a sus visitantes un momento a las afueras del casco urbano, lejos de la rutina diaria y del bullicio de la ciudad, rescatando la cultura dominicana de la década de los años 50. Jóvenes de la comunidad vestidas con faldas holgadas y blusas de estampados de flores grandes junto a los músicos apodados “Julio rompe piso” y “La Ametralladora”, crean un ambiente articulado de fiesta y regocijo bajo las canas del viejo zaguán ñ restaurante entre montanas y frescura.

“Alojarse en Los Bohíos es como sentirse en casa”, manifiesta Alba Yris Rodríguez Marmolejos, doctora en derecho e hija mayor de la fundadora, Eunice Marmolejos. Es un espacio para pequeños y grandes, donde se pueden hospedar desde parejas hasta familias completas por bohíos (cabañas) o habitaciones, que podrán degustar de comida hecha en leña, presenciar manifestaciones artísticas, elaboración y tostado del casabe y hasta tomar café o chocolate en un jarrón picha’o.

En un clima de aire puro, se escucha música bailable, juega billar, baloncesto o tenis de mesa, visualizan las películas de temporada y se refresca en las tibias aguas de la piscina. Si le gustan la naturaleza y aventuras, preparan grupos de cabalgatas, canyoning, senderismo y excursiones al Salto de Jimenoa con chapuzón en el Salto Baiguate.

Tanto se disfruta frente al burén y con las gallinas que, según doña Eunice, son muchos los que lloran al irse. “Es un sueño de turismo ecológico en el que ponemos todo el empeño”, expresa. 

SONIDO DEL YAQUE
Es otro proyecto ecológico sostenible del municipio. Queda al lado del río, rodeado de matas de toronja y mango. Esperanza Marte preside el Club de Madres Nueva Esperanza, entidad de 35 familias que se organizó y fundaron las casitas del proyecto. En Sonido del Yaque la gente produce su propia electricidad.

Tienen un puente colgante y 30 sanitarios. Reciben colaboración de agencias internacionales y ninguna del Ministerio de Turismo ni de Medio Ambiente. La Junta del Yaque, Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo (Usaid), Universidad Agroforestal Fernando Arturo de Meriño, han apoyado la iniciativa de las familias representadas en la sonrisa y el hablar campesino de Esperanza. Instalaron un generador hidroeléctrico que ofrece energía 24 horas a aproximadamente cien pesos por vivienda. Por iniciativa propia el Club de Madres protege el entorno y capacitan guías para que acompañen a las visitas.

Hotelería sin dañar el ambiente
Además de proveer una íntegra socialización con la naturaleza y la gente de Añil y Hato Viejo, de brindar una jarra de agua bien fría de la tinaja, el personal de Los Bohíos Campo Añil está comprometido con su comunidad y con Jarabacoa. Por tal razón, crean espacios de concienciación en las escuelas del municipio, con la intención de fomentar el aprendizaje sobre el ambiente e inculcar el amor por la naturaleza.

También inducen a los campesinos de las zonas aledañas a empoderarse de los beneficios que les concede la vida rural, impulsando la producción en terrenos propios y venta de sus frutos. Las naranjas que se cosechan en abundancia, son aprovechadas para elaborar agrio y vendido en frascos en la comunidad y fuera de ella.

“Hacemos talleres para  capacitar y así las campesinas elaboran el agrio en casa y reutilizan las botellas de vidrio para posterior venta del producto. Es otra manera de aportar al desarrollo sostenible del área, el sustento de las familias y nosotros mismos”, explica Alba Yris Rodríguez Marmolejos.

Camino de esfuerzo
Eunice Marmolejos es agente de viajes y contadora graduada en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Nació y salió casada de Buena Vista en boda realizada a caballo, cuando en el campo “no había agua ni luz”. Se marchó, pero siempre acunó la idea de regresar y hacer algo por su terruño. Se declara campesina, amante del folclor y soñadora empedernida. Lo que hacen sus manos primero lo edifica en su mente. Ella levantó las cabañitas con los nombres de sus tíos, cuando el campo estaba vestido de maíz. Eunice ha estado en muchos lugares. De las visitas a El Salvador y Sydney, imaginó una propuesta turística que no marchitara la ecología.

Y así, con sus hermanas como socias, armaron el muñeco que hoy es un jardín de casitas de cana, madera y tablitas de palma donde le place tomar café abrazando el jarrito con las dos manos. Cuando se quiere, se puede.

VENCIENDO LAS DUDAS DEL INICIO
El padre de Eunice era comerciante del café. Cuando ella le planteó la idea le preguntó si estaba loca. Con el tiempo, el hombre que perdió un brazo en la máquina de moler café, le cedió la tierra donde hoy desarrollan un modelo de hotelería verde y sostenible.

Contrario a lo que vio en distantes pero muy publicitadas zonas de otros países, Eunice está convencida de que aquí, en este pedazo del Caribe ¨ofertamos mejor producto que es el calor humano, tomarse el agua de tinaja en jarrito¨. Se ríe al recordar que niños y niñas han conocido aquí las gallinas. No todo fue color de rosa.

La dama, que prefiere untarse carmín en los labios para la foto, recuerda las trabas del inicio y sobre todo la desconfianza de algunas personas en un proyecto que ella también ideó: el Festival de las Flores de Jarabacoa. Gracias a su esfuerzo ya llevan tres ediciones del festival que congrega a viveristas, floristas, artistas de la literatura, pintores, la niñez, la gente. Y por sus diligencias la carretera fue declarada por resolución “Ruta de las Flores”, pero solo han construido contenes.

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