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Lecciones de Sudáfrica

Excitación, orgullo y unidad entre los sudafricanos estos días. Una unidad, pese a la desigualdad social y económica, que muchos no quieren ver o que prefieren ver, agoreros, amenazada a la primera de cambio. Una unidad construida sobre la voluntad de esta democracia joven de entendimiento, tolerancia, el concepto solidario de “ubuntu” (yo soy porque tú eres) y respeto mutuo. Y un respeto que se extiende no sólo a los vivos, sino que también pasa por la honra a los muertos. La pacífica transición a la democracia de Sudáfrica, desde el régimen opresor y sangriento del apartheid, incluyó la difícil creación y ardua puesta en marcha de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, capitaneada por Desmond Tutu (junto con Mandela), donde los agresores, los responsables de crímenes contra la humanidad durante el sistema racial, dieron cuenta de sus hechos, pero también, tremendamente importante, donde las víctimas, por primera vez, tuvieron voz para explicar su sufrimiento. Entre ellos, no saber el paradero de familiares desaparecidos, hombres asesinados por escuadrones de la muerte del gobierno racista, presos políticos muertos y abandonados en fosas, militantes antiapartheid ejecutados a sangre fría y arrojados a ríos atestados de cocodrilos, torturados hasta la muerte en comisarías.La Comisión de la Verdad acordó la creación de una unidad para la búsqueda de los desaparecidos, para devolver los muertos a los vivos. Esta unidad se creó a finales de la década de los 90. Siguen trabajando, bajo el paraguas de la National Prosecuting Authority (equivalente a la fiscalía) y con la cooperación del EAAF, el Equipo Argentino de Antropología Forense, formado para investigar las desapariciones durante la dictadura militar en Argentina.

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