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El Deporte viernes, 09 de octubre de 2020

MUJERES DE GRANDES LIGAS

“DE ESCASO PODER”

  • “DE ESCASO PODER”
Carolina Cruz de Martínez
carolinacruzdemartinez@yahoo.com

Dios le dio a cada ser humano una dosis o ración de poder para administrar. Gracias a su sapiencia no nos dio a todos todo, porque sabría que seriamos insoportablemente independientes.

Por más poder que tenga un ser humano, siempre será escaso. Siempre habrá alguien en mayor posición, y sino lo hay, siempre estará Dios. En el profesionalismo deportivo, en medio de competencias, expectativas, presiones y adrenalina a los atletas les cuesta entender esta realidad, pues el mismo sistema los lleva a pensar más alto de si de lo que deberían. No es que planeen pensar que son poderosos pero los depósitos quincenales los convencen poco a poco; no es que quieran creerse que son poderosos, pero el entorno los aplaude y los hace olvidarse de sus limitaciones y errores; no es que piden a Dios sentirse poderosos, pero su propio ego los traiciona cuando se ven ‘pimpiado’ en el espejo y les gusta su persona. Aunque en la consciencia hay cierta noción de que su poder es escaso, es mucho lo que compite para contrarrestar el caso.

Todos somos de escaso poder, porque al final somos seres creados. El atleta que hoy goza de salud mañana puede estar tullido y con los zumos bajitos; el atleta que hoy se convierte en héroe mañana puede ser villano si decide cambiar de equipo o comete un error que duele; el atleta que hoy es admirado y considerado lo máximo, mañana puede ser tumbado de ese pedestal si se descubre que su rendimiento era un fiasco. Todos tenemos un poder escaso.

Lo mejor que el deportista profesional puede hacer es no creerse la película de que es lo que no es. El único poder eterno y perecedero que el ser humano tiene es el reconocer que su vida está en manos de Uno que siempre será mayor que el. Por más superdotado y talentoso que sea un atleta, al final sigue siendo de escaso poder, así que lo mejor es andar bajito y tranquilo sin alboroto ni alaridos.

“Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento;”  Eclesiastés 12:1