PRESENCIA DOMINICANA
Campeonato inicial
El En el otoño de 1955 se iniciaron los campeonatos dominicanos de béisbol sustentados por un circuito afiliado al béisbol organizado. Al concluir ese primer torneo, nadie imaginó que en el mismo se habían establecido marcas que se convertirían en eternas. La más conocida es la de los once batazos de triple mérito disparados por el intermedista del Escogido Charlie Neal. A esa cantidad se acercó Pedro González en 1960-61 cuando conectó diez y desde entonces nadie alcanza cifras dobles de este batazo, que exige una combinación de poder y velocidad poco frecuente.
Menos conocidos, pero no menos trascendentales, fueron los hechos que protagonizaron lanzadores de las Águilas. Reforzados estos con jugadores procedentes de los Piratas de Pittsburgh, contaron durante el torneo con dos zurdos que plasmaron huellas profundas. Uno fue Art Murray, un prospecto de 22 años que trabajó indistintamente como relevo y abridor y aunque tuvo que abandonar el equipo antes de finalizar la contienda por dolores en su brazo, dolencia de la que no se recuperó, alcanzó completar 62 episodios; los suficientes para que su WHIP de 0.58 se constituyera en récord vigente del béisbol dominicano.
El otro es Fred Waters, un veterano de contribución extraordinaria con el brazo y el bate, a nivel de competir como una de las más completas de la historia para un lanzador. Realizó 18 presentaciones completando trece de los 16 juegos que inició, lanzando en 173.2 entradas con PCL de 2.23 y WHIP de 1.00. Impuso marca de capítulos que está reinante, añadiendo a esta que no permitió jonrón dimensionando su valor; agregan do un promedio de bateo de .313 en 71 apariciones al plato.
Como colofón señalo, que durante la mayor parte de esa inaugural campaña el equipo cibaeño tuvo como dupla de dobles matanzas a Bill Mazeroski en el campo corto y Earl Weaver en la segunda base, ambos elevados posteriormente al Salón de la Fama, el primero, un joven prospecto, alcanzó el honor por su calidad defensiva como intermedista; el segundo, un veterano de futuro incierto en aquel entonces, se convirtió luego en uno de los mejores managers de grandes ligas, talento que lo instaló en Cooperstown.

