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El Deporte sábado, 04 de abril de 2020

BOXEO, BÉISBOL Y MAFIA

Campeón boxeo, enlace mafia y ´Medias Negras´

  • Campeón boxeo, enlace mafia y ´Medias Negras´
  • Campeón boxeo, enlace mafia y ´Medias Negras´
  • Campeón boxeo, enlace mafia y ´Medias Negras´
Yoel Adames F.
Santo Domingo, RD

Él debutó al ras con el siglo pasado, subía al ring escondido de su madre, y diez años más tarde ella era su principal fan al te­ner dos hijos campeones del mundo. La historia del boxeo no registra a Monte y Abe At­tell con exactitud como la primera pareja de herma­nos campeones del mun­do, pero si como los pri­meros gemelos en hacerlo y reinar simultáneamente.

Nacieron en San Fran­cisco, California, y Abe, quien se ganó el mote de “El Pequeño Hebrero” por su descendencia judía y sus peleas callejeras, fue el pri­mero en coronarse rey del mundo en el peso pluma, logró 18 defensas exito­sas entre 1906-12, marca que permaneció durante 70 años, pero que no le va­lió para ser recordado, co­mo lo hiciera en cambio su complicidad como el enla­ce principal entre la mafia y los Chicago White Sox, equipo que terminó teñi­do de “inmoralidad” tras vender la Serie Mundial de 1919 para completar un fraude de apuesta.

Los gemelos Attell y un tercer hermano, Cesar, eran chicos de la calle lue­go de que su padre aban­donara el hogar, pero Abe fue el más destacado y en sus días de boxeador hizo una gran amistad con el co­nocido mafioso y hombre de apuestas Arnold Rothstein.

Su calidad de doble cam­peón pluma y sus 6 años de invencible no lo libró de la mala reputación de arre­glar combates y usar dro­gas durante sus peleas, to­do inducido por el gánster Rothstein. El escándalo de los “Black Sox” en 1919 fue una obra maestra de la du­pla Rothstein-Attell, quie­nes convencieron durante las etapas de planificación de la Serie Mundial a 8 ju­gadores para actuar con dis­plicencia hasta perder ante Cincinnati Reds, quien salió con gran desventaja en las apuestas, de hembra, fina­lizando como el macho del juego ganando la serie 5-3.

Gente del béisbol indig­nada, tenían investigacio­nes que daban cuantas de que Attell fue buscado por el retirado luchador Billy Ma­harg y el exlanzador de las Grandes Ligas, Bill -Soño­liento- Burns, para que con­venciera a su amigo Roths­tein de patrocinar el evento.

 Aunque nadie quedó sa­tisfecho con el manejo de la justicia estadounidense con el escandaloso caso del equi­po que terminó en zafacón de la historia y de paso sal­picó la moral de varios jue­ces incapaces de condenarlo por haber recibido también, supuestos sobornos o peor, amenazas de muerte.

La burla y critica colecti­va de la afición de la época no era sobornable y la mer­ma en la asistencia a los es­tadios se notó de manera momentánea.

Soborno de 125 mil

Cualquier novato de hoy día podría recibir 125 mil dó­lares en una temporada den­tro de los campos experimen­tales de cualquier franquicia, pero para aquellos ocho juga­dores que se comprobó que jugaron para perder fue una fortuna para su época.

Hubo testigos que asegu­raron vieron en un restau­rante a “El Pequeño Hebreo” entregar varias manillas de billetes hasta completar10 mil dólares a cada uno de los jugadores y otros futuros implicados; pero las acusa­ciones contra el exmonarca fueron desestimadas.

El temible Rosthastein se encargaba de desaparecer las evidencias y los testigos, también a los implicados cercanos como Attell, los enviaba fuera del alcance de la ley, así que le preparó unas vacaciones en Cana­dá durante un año cuando el escándalo tomó su mayor temperatura.

Surge el Comisionado

Todo era tan creíble y tan sólido en la mente de los fa­náticos, que el ambiente beisbolero urgía de medidas ejemplarizadoras, al menos que no permitieran una re­petición de un acto tan atroz como el denunciado.

La primera medida en ese orden fue la creación del puesto del Comisionado de MLB, que para entonces se llamó al inicio “Regidor”, luego “Comisionado”.

Ante la incapacidad de las grandes cortes civiles que desestimaron el ca­so por ¨falta de pruebas¨, fue el juez Kenesaw Mon­tain Landis, nombrado co­mo primer Comisionado de Béisbol de las Grandes Li­gas, quien se empantalonó y tomó la decisión fuera de los tribunales de expulsar de por vida a los culpables.

La medida de Landis fue tan severa que le prohibió a todos los implicados en la venta de la Serie Mundial, tener algún tipo de parti­cipación o vínculos con el béisbol.