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El Deporte viernes, 24 de enero de 2020

MUJERES DE GRANDES LIGAS

Sin medida

  • Sin medida
Carolina Cruz de Martínez
carolinacruzdemartinez@yahoo.com

Todos queremos algo. El buscar que alcanzar en la vida es válido. El Creador nos hizo para que seamos entes productivos, eficientes, para que administremos todo; es parte de nuestra naturaleza. Sin embargo, hacer esto fuera de los parámetros que Él nos estableció es muerte súbita.

A los atletas profesionales se les pone todo en bandeja de plata, de manera rápida, precoz y mayormente sin preparación. Son expuestos a mucho con demasiado, arrojados en aguas difíciles de navegar, muchas veces con poca herramientas a utilizar, y con altas expectativas de que sepan cómo maniobrar.

El profesionalismo deportivo es un sistema de mucha doble moral, pues esperan que los atletas se comporten con medida dándoles cosas sin medida. Aunque estando pequeños en sus inicios los restringen y limitan, una vez llegan arriba reciben alicientes sin medida: atención sin medida, facilidades sin medida, halagos sin medida, caramelitos sin medida, y no todos están preparados para esas ofertas ilimitadas. El ser humano necesita parámetros y limitantes para poder funcionar, pues de otra manera ese ego se siente abierto y listo para ensancharse y ensanchar.

Si al adulto hay que ponerle freno y cabestro, a los jóvenes aún más. Es irresponsable y hasta casi demandable el darle cosas a un bebe que apenas sabe gatear. Dentro del entendido que los equipos profesionales no son parientes de nadie, aun así tienen que cuidar el ser humano que se les llega a entregar. Ese joven no es un tan solo un producto mercadeable sin sentimiento ni mentalidad; es un ser humano integral que no sabe a lo que se va a enfrentar, por lo tanto las medidas hay que establecerlas temprano y con cuidado.

Los jóvenes atletas son como carros deportivos de alto cilindro con mucha potencia a desarrollar. Colocarlos en un carril, sin límites de velocidad, en un camino abierto y sin señales entendibles de consecuencias es mandarlos a matar sin que lo sepan ni lo entiendan. Esperar que los jóvenes atletas se podrán manejar sin medida es una ilusión ignorante y sin razón.

“Al necio no conviene la vida de lujo; mucho menos a un siervo gobernar a sus príncipes.”

Proverbios 19:10