ÚLTIMOS INNINGS
Batalla perdida
Ustedes deben recordar perfectamente esta historia. En los primeros días de la primavera del 2010 noticias muy preocupantes sobre el codo del estelar relevista Joe Nathan, de los campeones defensores de la división central, Mellizos de Minnesota, empezaron a circular y una cirugía Tommy John resultó inevitable. Como es natural, dada la calidad de Nathan -quizá el mejor cerrador después de Mariano Rivera- el pánico rápidamente cundió, pues era absolutamente imposible que Minnesota pudiera competir sin la presencia de su extraordinario lanzador cerrador. Para hacernos una idea de lo que estaban perdiendo los Mellizos con la lesión de Nathan, en el 2009 este salvó 47 juegos, lanzó 68.2 entradas, ponchó 89 y tuvo un promedio de carreras limpias de 2.10, además de dos victorias y una visita al Juego de Estrellas.Irremplazable ¿no es cierto? La gran prueba para los Mellizos, quienes tuvieron que llegar a un juego extra para ganar su división, era el de encontrar en un mes el sustituto de alguien que, teóricamente, tuvo responsabilidad en el 56 por ciento de las victorias de su equipo. Mi posición entonces fue que la lesión de Nathan, si bien un evento inesperado e indeseado, no disminuía significativamente las oportunidades de los Mellizos ganar la división, por el simple hecho de que -y si les sueno repetitivo es porque esto lo he dicho cientos y cientos de veces- los relevistas son generalmente intercambiables, y el rol del cerrador no es más que un mito. Forzados a tomar una decisión de supervivencia, los Mellizos optaron por usar a Jon Rauch en el rol, quien en su carrera tenía un total de 18 partidos salvados, no precisamente un buen augurio comparándolo con alguien de 47 en una sola temporada. Pues este hombre de tan pocas experiencias en el fino y riesgoso arte de cerrar partidos salvó siete en apenas el primer mes con 1.80 de PCL. Joe Nathan, en el 2009, llegó a salvar su séptimo partido el 26 de mayo y a ese momento su PCL era de 2.60. Para no alargar más la historia, Minnesota terminó ganando siete partidos más en el 2010, repitieron como campeones divisionales, aunque no pudieron evitar sucumbir a la búsqueda del cerrador “probado” trayendo desde Washington a Matt Capps, quien apenas unos meses atrás había tenido una efectividad de 5.80 con el peor equipo de la Liga Nacional, los Piratas. Los campeones de la Liga Americana, los Vigilantes de Texas, acaban de pasar por una encrucijada respecto al rol de cerrador, solo que es muy distinta a la de los Mellizos porque esta no envuelve lesiones, sino un cambio de funciones de uno de sus brazos más preciados, el reinante Novato del Año, Neftalí Féliz. La gerencia de Texas, luego de coquetear con la idea de regresar a Feliz al rol de abridor, decidió que era más complicado para ellos encontrar a alguien capaz de salvar cuarenta partidos que alguien con el potencial de lanzar de manera efectiva en la punta de una rotación. La racionalización anterior es, por supuesto, absurda. La sobrevaloración del rol de cerrador, de las contribuciones del bullpen y del salvamento como tal, es una cuestión endémica en esta época. Los cerradores no lanzan muchos innings y aunque es cierto que los mismos son importantes, para que el valor de esos innings igualen los de un buen abridor o jugador de posición tendríamos que asumir que -parafraseando algo que leí de Bill James- el resultado de un enfrentamiento entre un cerrador y un bateador es un 250 ó 300 por ciento más importante que otro típico entre un lanzador y bateador en otra situación. Esto simplemente es imposible, y la verdad descarnada es que las entradas que lanza un cerrador no son realmente tan importantes. Ustedes tienen el perfecto derecho a no creerme, pero les dejo un ejemplo muy sencillo. El cerrador de mayor salario anual en la historia es, por supuesto, Mariano Rivera. El mejor relevista de la historia gana 15 millones de dólares al año, luego siguen Brad Lidge (12.5), Francisco Rodríguez (12.3), Jonathan Papelbon (12.0) y Joe Nathan (11.75) para completar los cinco salarios anuales más altos para un cerrador. Los abridores A.J. Burnett y John Lackey -no precisamente en ruta a Cooperstown como Mariano- ganan cada uno 16.5 millones. Si en verdad es cierto que el cerrador es una pieza única, irrepetible e irremplazable ¿cómo es que eso no se refleja en el salario y en el mercado? ¿Explíqueme alguien qué hace A. J. Burnett ganando más dinero que el mejor relevista de todos los tiempos? Los Vigilantes, con huecos en la rotación sin Cliff Lee, debieron al menos intentar reemplazar ese as con el único lanzador en su roster actual con herramientas y talento para hacerlo, Neftalí Feliz. Pero esa mis amigos es ya una batalla perdida. Sacar de la conciencia colectiva el mito del cerrador parece imposible. Imagínense que en 1993 los Expos de Montreal y Felipe Alou hubiesen decidido que ese delgado y joven relevista adquirido de los Dodgers ¿era mejor tenerlo salvando cuarenta juegos? Si extrapoláramos eso a la realidad actual, pueden estar seguros que Pedro Martínez no hubiese tenido su imagen en el Smithsonian. Los relevistas no valen tanto para el Smithsonian.

