A TIRO DE HIT

La debacle de los Mets

Desde que el pasado fin de semana se confirmó que los Mets de New York recibieron un préstamo de US$ 25 millones de dólares por parte de Major League Baseball para cubrir gastos operativos, el círculo vicioso de malas noticias para el equipo se ha convertido en una bola de nieve. En un momento en que los Mets han agotado la línea de crédito que los equipos tienen a su disposición (independiente al préstamo de los 25) y además no podrán contar con fondos adicionales de parte de MLB, se especula que procuran un préstamo de emergencia de parte del banco JP Morgan Chase. Dicha entidad ya le había facilitado US$ 430 Millones el año pasado para cubrir costos de operación hasta que los propietarios lograran asegurar una venta de acciones de la franquicia, valorada el año pasado en US$ 858 millones de dólares por la revista Forbes. Son demostraciones claras de los problemas de liquidez del equipo, el cual es parte de un conglomerado que actualmente tiene deudas acumuladas de cerca de $800 millones, sin incluir la demanda de US$1 billón de dólares que enfrentan los señores Fred Wilpon (propietario de los Mets) y su cuñado Saul Katz (presidente). El causante de gran parte de esta crisis es Bernie Madoff, un antiguo asesor financiero de 72 años de edad quien en la actualidad cumple una condena de 150 años de cárcel en una prisión federal de New York. Madoff, íntimo allegado a la familia Wilpon, operó el considerado mayor desfalco en la historia de la humanidad, estafando a sus clientes alrededor de US$ 65 billones de dólares. El financista de ascendencia judía ejecutó la operación conocida como “esquema Ponzi”, nombrada en “honor” de su creador Carlo Ponzi, un estafador italiano. El esquema Ponzi puede describirse como una operación fraudulenta de inversión que le reporta beneficios a los inversionistas, no de ganancia alguna lograda por la organización financiera, sino utilizando los mismos fondos del inversionista o de otros. Irvin Picard, fideicomisario encargado de recuperar fondos para las víctimas del colosal fraude, ha acusado a Wilpon y Katz de hacerse de la vista gorda ante advertencias de la naturaleza sospechosa de la compañía de Madoff, y de utilizar los beneficios obtenidos para enriquecerse y solventar su imperio. Por eso, reclama US$1 billón de los dueños de los Mets y varios de sus socios. Las repercusiones se están sintiendo en la franquicia desde el año pasado. En el aspecto competitivo, basta revisar el comportamiento del equipo durante el invierno. Los directivos de los Mets, con una nómina de US$ 140 millones llena de peso muerto a pesar de ser una de las más elevadas del juego, tuvieron que quedarse de brazos cruzados mientras sus rivales divisionales (principalmente los Phillies) se armaron hasta los dientes. Es obvio que en este momento no existen condiciones para que el departamento de operaciones de Béisbol del conjunto pueda mejorar una escuadra que perdió 83 juegos en la temporada pasada. Por el contrario, todas las señales indican que los Mets van encaminados a otra estación de mediocre rendimiento y pobres asistencias. Sandy Alderson, nuevo gerente general del equipo y el dirigente Terry Collins deben arrepentirse constantemente de sus respectivas decisiones de unirse a este barco a la deriva. Ellos deben ser los primeros ansiosos de que los Mets reciban una rápida inyección de capital. Para esos fines, los Wilpon se mostraron públicamente abiertos a vender un 25 % del equipo. Steve Greenberg, contratado por la familia para ubicar un accionista minoritario, ha declarado que el porcentaje podría ser mayor. En conversaciones privadas, el número supuestamente ha llegado hasta un 49 %. Tímidamente han comenzado a surgir nombres de figuras que podrían estar inclinados a adquirir acciones. El antiguo dirigente del equipo Bobby Valentine supuestamente forma parte de un grupo interesado, y lo mismo ocurre con Stuart Sternberg, actual propietario de los Rays de Tampa Bay. Este último ha desmentido que tenga interés, además de que tendría que cortar de raíz sus vínculos con los Rays para tener acceso a otra franquicia. Mientras tanto, el desencanto de los fanáticos ya se está sintiendo por donde más duele, ya que el ritmo de ventas de taquillas para la temporada 2011 ha sido descrito como desastroso a pesar de una disminución de precios, creando pánico en la plana mayor de un conjunto que vendió el año pasado 600,000 taquillas menos que en 2009. Como van las cosas, nos parece que lo más conveniente para todos los involucrados, sobre todo para el equipo y su fanaticada, es que la venta sea total. Es tiempo de que los Wilpon y su círculo salgan del escenario definitivamente. Tiempo para una cara nueva con su credibilidad intacta que pueda relanzar una franquicia privilegiada por el sencillo hecho de encontrarse en un mercado como New York.

Tags relacionados