BÉISBOL DE AYER
Stanley Javier su padre Julián fue su inspiración
El hijo de Julián e Inés Beatriz, desde corta edad simpatizó con el deporte, en especial en la práctica del béisbol y el baloncesto. En ambas disciplinas se distinguió a nivel escolar. Stanley estudió primaria y bachillerato en el Colegio “La Altagracia” de la ciudad de San Francisco de Macorís. Allí se graduó, pero el muchacho nunca dejó de jugar a la pelota, ya que pertenecía a la Liga “Roberto Clemente” del deportista José García, quien se dedicó en buena parte a preparar y enseñar al joven francomacorisano. En las manos de García desfiló mucha juventud con altas condiciones y Stanley representaba un novato que podía llegar lejos en el mundo beisbolero de aquellos tiempos. Stanley no llegó a intervenir en los campeonatos regionales de béisbol que se celebraban en el Cibao, tampoco en series de jugadores aficionados, sus actuaciones se concretaron a la pelota de la ciudad y de la escuela. Pero en esos lugares se dio a conocer a través de su limpio fildeo, bateo a las dos manos y efectivo robador de bases. Se llegó a decir en ese entonces que era uno de los jugadores más promisorios con que contaba el béisbol dominicano de los años setenta. De tanto ver a su progenitor haciendo galas de su juego impecable alrededor de la intermedia en sus jornadas efectuadas con las “Águilas Cibaeñas”, en la pelota local y con los Cardenales de “San Luis” en el “glamour” de las Grandes Ligas, Stanley pensó podía seguir los pasos de su querido padre. En los años juveniles de nuestro personaje, su mayor inspiración radicaba en la figura de Julián, a él quería imitar y aun cuando Javier padre siempre fue un infielder, en el caso de Stanley, éste se desempeñaba en los jardines, además se defendía en la inicial y en la tercera, pero mayormente su mejor posición eran los bosques. Los comienzos de pelotero de Stanley ya estaban en marcha y su padre se dio cuenta que su hijo tenía agallas para enfrentarse con los mejores. En aquellas circunstancias, Javier padre tomó de la mano a su hijo Stanley y lo llevó a las organizaciones de Pittsburgh, Mets de New York y San Luis Cardenales. Estos últimos firmaron al cibaeño, el cual se sentía muy ufano de pertenecer al mismo equipo donde su padre hizo historia.

