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TRES IDEAS.- Las Águilas Cibaeñas acaban de revalidar su titulo de campeones venciendo a los Tigres del Licey en una Serie Final en donde la mayoría pronosticó – me incluyo entre ellos – una victoria del Licey. A pesar de que ahora los simpatizantes de las Águilas utilizarán toda la tinta gastada en esos pronósticos como combustible para dar cuerda, lo verdaderamente importante es el proceso de análisis detrás de los mismos, y no el resultado de la serie. De mi parte comparto con ustedes algunos razonamientos sobre los eventos de la serie final que me parecen importantes, especialmente del lado azul de la acera. Los managers a veces importanEn mi análisis acerca de la serie, al referirme a los managers Tim Tolman y Félix Fermín, manifesté mis dudas de que ninguno de ellos fuera a cambiar al curso de la serie con sus decisiones, y que no los consideraba elementos fundamentales en todo este drama. En el caso del manager de los Tigres, una serie de elementos se mezclaron para formar la tormenta perfecta de su eventual despido. La percepción generalizada de sus limitaciones como estratega, las tres masacres de los primeros juegos de la serie y los infames acontecimientos del tercer partido contribuyeron a evaporar el débil liderazgo de Tolman en el clubhouse. La combinación de su personalidad introvertida y lo antes mencionado dieron como resultado que los jugadores plantaran la idea en sus mentes de que ese no era el hombre que los iba a sacar del abismo de un cero y tres. No voy a ser tan osado como para decir que el Licey ganaba la serie sin Tolman y Mark Brewer, pero definitivamente la situación fue un ingrediente del caldo de la derrota. Hasta la estrategia mejor delineada puede fallarUna debilidad recurrente del Licey en las últimas series finales ha sido su rotación de abridores. Casi siempre los Tigres han llegado a esta etapa con muchas interrogantes en su pitcheo abridor nativo, a diferencia de las Águilas que han podido contar con al menos dos o tres hombres confiables en ese rol. Consciente de ello, la gerencia de los Tigres diseñó una estrategia basada en construir un bullpen impenetrable y profundo, que se coronó con la adquisición de Dámaso Marte desde las Estrellas de Oriente. En la ultima semana del round robin fuimos testigos de cómo los Tigres jugaban un juego de cuatro o cinco entradas, y del resto se encargaba la espectacular colección de relevistas. La gran ironía es que los dos partidos clave en los que el Licey necesitó de esos hombres para cambiar el curso de la serie, éstos no pudieron hacer el trabajo. Fernando Ravelo y el grupo de operaciones de béisbol del Licey estaban en lo correcto, pero como muchas veces ocurre en este deporte, la ejecución de la estrategia no salió a la perfección. El poder es necesarioCuando hacía el análisis de la serie y planteaba los escenarios para cada equipo, hice la advertencia de que el Licey necesitaba mantenerse alejado de los jonrones de las Águilas, y que además su ofensiva secuencial necesitaba una racha parecida a la del año de “Los Menores” o conseguir conectar algunos jonrones con gente en circulación de su propio lado. Bill James escribió hace muchos años: “Nunca antepongas una ofensiva de una carrera a la vez ante una de poder, pues en la mayoría de los casos saldrás derrotado” y por segundo año consecutivo las Águilas le recuerdan al Licey esta realidad del juego de béisbol. La capacidad aguilucha de conectar jonrones, no solo les ganó el último juego y el campeonato, sino que permitió que los lanzadores de fineza de los Tigres se pasaran los tres primeros juegos de la serie buscando las esquinas y rehuyendo el contacto por el temor al batazo largo, que a fin de cuentas le conectaron inevitablemente. Es un poco la repetición del escenario de Cardenales vs. Medias Rojas en la Serie Mundial del 2004: Una ofensiva basada en paciencia y poder casi siempre sacará mejor partido ante staffs de lanzadores de localización y bolas rápidas débiles. Hay que ser muy perfecto para siempre localizar el pitcheo perfecto. El reverso de la moneda es que los Tigres del Licey deben plantearse la interrogante de si el modelo de “Los Menores” . Bateadores de swing libre, con velocidad, que hacen contacto, reciben pocas bases por bolas y no tienen mucho poder, es la excepción y no la regla para vencer a las Águilas en series finales. Al Licey le faltaron hombres que en el momento oportuno fueran capaces de responder a las Águilas con las mismas armas, y quien estaba supuesto a cumplir ese rol –José Guillén– no estaba en adecuada forma física ni mental para producir, diferente a la final del 2005. La temporada completa la pasamos hablando de que a pesar de anotar muchas carreras en total, la ofensiva de los Tigres era muy disfuncional y proclive a rachas de partidos en donde era anulada completamente por sus características. El reto para el año próximo –algo no muy fácil de conseguir– es volver a construir una ofensiva integrada con velocidad, habilidad para embasarse y poder de extrabase que le dio muy buenos resultados al equipo azul desde finales de los noventa hasta el segundo año de Manny Acta. Mis felicitaciones a las Águilas Cibaeñas y su gran legión de seguidores por su triunfo, enhorabuena.

