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La liga y la ofensivaAntes de jugarse los partidos correspondientes al sábado recién pasado, la producción ofensiva de la liga dominicana estaba en unos niveles históricamente bajos, y puesto que a ese momento ya una cuarta parte del calendario se había agotado, parecía que la tendencia estaba marcada, y nos encaminábamos a un año de poco bateo. Claro, los bates a partir de ese justo momento han despertado, y hemos tenido grandes despliegues ofensivos en los últimos días de parte del Escogido, principalmente, además de Gigantes y Licey con partidos de doce anotadas por cabeza. Para que se hagan una idea de en que lugar estábamos el sábado, el promedio de carreras anotadas por equipo era de 3.68, lo cual representaba una baja de casi un quince por ciento en la producción ofensiva con relación a la temporada anterior. Ese porcentaje iba a ser el más bajo desde la temporada 1999-2000, cuando el promedio fue de 3.72. El principal problema radica en la notoria falta de poder de extrabase en los conjuntos. El slugging colectivo estaba en .331, también el más bajo desde la temporada antes citada que fue apenas .321, y para muestra solo bastaba el botón de los Azucareros, con apenas un sólo jonrón y un slugging colectivo por debajo de trescientos. A partir de ese momento hemos tenido tres fechas en donde se ha verificado un significativo aumento en la ofensiva, especialmente el poder, de modo que hay que observar detenidamente si esa será la tendencia a partir de ahora, y lo que presenciamos en los primeros quince juegos de la temporada era simplemente una anomalía estadística que va rumbo a corregirse y regresar a la media de los últimos años. De haberse mantenido las ya mencionadas 3.68 carreras por equipo la actual hubiese sido la segunda temporada más baja en ofensiva en los últimos treinta años, sólo superada por la de 1979-80, una temporada muy recordada especialmente por los seguidores del Licey. Investigando sobre esos años de poco bateo me encontré con algunas cosas interesantes que me gustaría compartir con ustedes. Por ejemplo, en el 1979-80, un año de completo dominio del Licey, quizás el nombre que más se asocia con la ofensiva de ese club es el de Mickey Hatcher, que no es extraño porque su personalidad le ganó el afecto de los liceistas para toda la vida. Sin embargo, el mejor bateador del Licey y la liga, y por un cómodo margen, fue el primera base Leon Durham. Durham ñquien tuvo mucho mejor carrera que Hatcher en las mayoresñ bateó .304/.372/.435 (Avg./OBP/Slg.) fue co-lider en jonrones con 3, remolcó 19 carreras y se robó once bases siendo atrapado solamente tres veces. El problema del porqué no recordamos la temporada de Durham como excelente ofensivamente es el contexto. Nos hemos -o bien debo decir nos han- acostumbrado a enfocarnos sólo en números de acumulación y a ver las actuaciones de los jugadores en términos absolutos. En el 1979-80 la liga dominicana bateó .249/.309/.313 con un OPS de .622. El OPS de Leon Durham fue de .807, una diferencia de 185 puntos con relación al de la liga. Porcentualmente usando OPS+ que simplemente es el porcentaje por encima o por debajo del promedio de la liga, el de Durham fue de 123, o sea un 23 por ciento por encima del de la liga. Hatcher en cambio bateó .271/.305/.383, .688 OPS, y un OPS+ de 110. Ningún otro jugador regular de esa temporada tuvo números parecidos a los de Durham, pero no muchos valoran al espejuelado jugador cuyas zapatillas rojas que usaba, contrastaban bastante con el uniforme azul de los Tigres. El contexto en este caso le arrebató a Durham lo que en ese momento equivalía al premio de Jugador Mas Valioso de la liga. Estoy hablando de memoria, y me pueden corregir si me equivoco, pero tengo entendido que el MVP se lo dieron ese año al shortstop de los Tigres Jerome Dybzinski, supuestamente porque su defensa fue extraordinaria y apoyó notablemente al pitcheo azul, que fue el mejor por mucho. Lamentablemente, toda la defensa del mundo no puede esconder el hecho de que “El vaquero” Dybzinski fue horroroso con el bate: .220/.295/.270, .566 OPS, OPS+ 91, y lamentablemente los cronistas y votantes de aquel tiempo se equivocaron de pelotero al elegir al más valioso ese año. ¿Saben otro dato curioso que no se repetirá nunca? Los lanzadores importados Jerry Hannahs, Dennis Lewallyn y Bill Swiacki iniciaron 44 de los 59 juegos del Licey esa temporada. Las otras dos temporadas extremas en las ultimas tres décadas también contienen actuaciones extraordinarias que nadie recuerda. En el 1978-79 el promedio de carreras por club fue de 3.70, ese año uno de los grandes refuerzos que ha pasado por esta liga y que rara vez usted oye mencionar ñ Bob Beall ñtuvo una actuación ofensiva extraordinaria jugando para las Aguilas. Beall bateó .309/.494/.461, co-lider en jonrones con siete, quedó segundo en remolcadas con 36, estableció marca de bases por bolas con 66 y su OPS de .955 fue un cincuenta por ciento superior al de la liga. Una temporada absolutamente increíble, que por no entender el contexto ni valorar la importancia de embasarse, nadie parece estar enterado. Para hacer una prueba de comparación rápida tomé las grandes temporadas que en años consecutivos tuvieron Felipe Rojas Alou y Félix José para compararlas con la de Bob Beall y el resultado fue el siguiente: Jugador Equipo Temporada OPS+ Felipe Rojas Alou, E 1958-59 149Felipe Rojas Alou, E 1959-60 145Bob Beall, AC 1978-79 150Felix José, EO 2000-01 165Felix José, EO 2001-02 153 Por último, en la época mas reciente ñ’99-2000ñ D’Angelo Jiménez sufrió del mismo mal de no-comprensión del contexto, y su excelente temporada ofensiva también ha sido olvidada por la mayoría. D’Angelo bateo .291/.400/.457, conectó 4 jonrones, empujó 24, se robó seis bases, siendo atrapado sólo una vez y además tomó 25 bases por bolas y su OPS de .857 fue un 35 por ciento superior al de la liga. Ahora bien, una cosa fundamental que diferencia a D’Angelo del resto de los mencionados hasta ahora es el valor posicional. En una liga sin bateo, que un shortstop ponga los números ofensivos que puso Jiménez fue algo de extraordinario valor para los Tigres del Licey, pero lamentablemente, como el caso de Leon Durham y Bob Beall, pocos recuerdan esa temporada dominante de D’Angelo, una de las mejores de la historia de la liga.

