TRIBUNA ABIERTA

Olímpiadas Especiales en Shangai

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Yolanda Logroño de BatlleSanto Domingo

El pasado 29 de septiembre, salí junto a mi familia hacia la ciudad de Shangai, China, a acompañar a la delegación dominicana que participaría en las Olimpiadas Especiales de Verano. Las disciplinas representadas por los dominicanos fueron: atletismo, natación, boliche y baloncesto. Tanto para los atletas como para el resto de la delegación, representaba un reto gigante viajar a un país tan lejano, al otro lado del mundo, con barreras de idioma, diferente cultura y costumbres, y hasta de modo de vida y alimentación. Aún así, sentíamos todos un deseo inmenso de llegar allí a descubrir ese otro mundo, y a dejarle saber a los demás países que nosotros, Republica Dominicana, también queremos, podemos y damos lo mejor de nosotros mismos para superarnos y para llevar a cualquier lugar nuestros deporte, cultura y costumbres. Pero sobre todo, nuestra forma de ser hospitalaria, amable y atenta, que se expresa no solamente con la inteligencia, sino también con el corazón y con los sentimientos. Porque de esto, precisamente, se trataron esos diez días tan especiales de las Olimpiadas en Shangai: de atletas con discapacidades físicas o mentales en diferentes grados; pero que también son personas creadas por Dios, con sus debilidades e incapacidades, pero con muchos dones que probablemente no poseamos los demás seres de esta tierra, que somos la mayoría. Son muchachos perseverantes, dedicados y disciplinados, y se entregan enteramente al deporte o a la causa que los motiva. Luchan hasta el final y nunca se dan por vencidos. Lo más importante es que son seres humanos con corazones muy grandes y nobles, que muchas veces no saben defenderse de quienes quieren o intentan hacerles daño, porque no los toleran. Ellos son personas muy sensibles, que se dan cuenta perfectamente quienes los aceptan y los quieren, y quienes no. Pero, sobre todas las cosas, nos llevan años luces en ser maestros de todos nosotros en dar amor a los demás. Se entregan completamente en cuerpo, corazón y alma para amar sin medidas, sin miramientos, sin envidias ni sentimientos malsanos; sin pensarlo, sólo actuando y sin permitir que nada ni nadie que se interponga. Estos seres tan especiales son ángeles que Dios nos ha prestado, con un propósito tan divino, que si nos perdemos, ni lo vemos ni lo valoramos. A través de estas criaturas del Señor, crecemos espiritualmente, maduramos, luchamos a diario, perseveramos en la fe, aprendemos a amar y sufrimos. Sí, sufrimos, porque muchas veces luchamos contra la corriente de una sociedad hipócrita que aboga por el perfeccionismo, por el yoísmo y por el protagonismo y que, por ende, excluye de una forma tan fácil y natural a estos seres tan nobles y amorosos, porque no son perfectos a nuestros ojos y porque son diferentes a los demás. Lo que más nos enseña la vida a través de ellos es a sensibilizarnos; a ver las diferencias de esos dos mundos, el de los que nos creemos “perfectos” pero que no lo somos; y el de los que no son perfectos, que más bien los llamamos “especiales”, pero ¡Qué especiales son! Ojalá todos fuésemos tan especiales como ellos, ojala tuviésemos aunque sea una cuarta parte de ese amor, de esa bondad e ingenuidad y de esa capacidad de amar incondicionalmente, como sólo ellos lo pueden hacer. A ellos les debemos respeto, tolerancia y justicia. Los términos y definiciones de las personas fuertes y las débiles son muy relativos. Hay quienes nos creemos muy fuertes y poderosos, nos llevamos el mundo por delante y pensamos que nada ni nadie nos puede derribar. Pero, desgraciadamente, escondemos en nuestro caparazón debilidades y defectos que afloran tarde o temprano. Por el contrario, tildamos de débiles a quienes viven en medio de tormentas y ansiedades, pero reconocen sus temores y piden ayuda a los demás, sin percatarnos de que estos son luchadores incansables, con deseos y metas propias, con sueños por realizar, con bailes y canciones propias por ejecutar. Pienso que todos y cada uno de nosotros somos muy fuertes en algunas áreas de nuestras vidas; pero muy débiles en otras. Por eso, los seres humanos nos complementamos los unos con los otros con los diferentes dones que poseemos. Desde que llegamos a Shangai, el espíritu que se sintió allí para la organización del evento fue extraordinario. Los voluntarios jóvenes que trabajaron con los atletas y con las delegaciones hicieron un trabajo excelente. A cada muchacho se le asignó un voluntario que le atendía en sus más mínimas necesidades, le acompañaba en todo, y no solo se preocupaba por él, sino que también le daba su apoyo, cariño y amistad. El idioma no fue una barrera para lograr su cometido: ellos intercambiaron presentes, se tomaron fotos y, a la hora de la despedida, no pudieron contener sus lágrimas. La ceremonia inaugural del dos de octubre fue apoteósica. Fue celebrada en el estadio de Shangai, con cerca de 80,000 personas. Las lágrimas de los padres y familiares allí presentes no dejaban de brotar. La emoción se desbordaba al ver a los muchachos desfilar representando nuestro país y al disfrutar de un espectáculo sin igual (el mejor hasta ahora en la historia de las Olimpiadas Especiales), donde la imaginación, bailes, cantos, trajes, colores y coreografía de todo lo que sucedió allí no pudo ser mejor. El dragón chino con una perla en la boca, la gran muralla constituida por cientos de jóvenes acróbatas que la formaron a la perfección, una barca dirigida por una doncella que se mecía sobre las olas mar en la tempestad y peces saltando de entre las olas. En fin, todo esto con personas que actuaban con trajes y mantas que asemejaban lo que querían transmitirnos. Al final, una gama increíble de fuegos artificiales alumbraron el estadio para concluir esa noche tan maravillosa y emotiva. Las competencias en las diferentes disciplinas y estadios fueron muy organizadas y los actos de premiación representaron momentos de emotividad y alegría para todos. Daba gusto ver cómo jóvenes con grandes discapacidades competían y luchaban por dar lo mejor de sí mismos. Si llegaban a la meta detrás de los demás, el público no dejaba de aplaudir para alentarlos y entusiasmarlos y, cuando al fin llegaban, la ovación de dejaba sentir más fuerte y al unísono. Hubo un atleta dominicano del equipo de baloncesto que se fracturó un dedo de la mano en el juego que ganaron de la semifinal, pero fue tan valiente que prefirió jugar la final en esas condiciones, ganando con el equipo la medalla de plata. Nuestra delegación logró un total de 22 medallas, entre ellas una de oro, 11 de plata y 10 de bronce. La ceremonia de clausura en el estadio Jiangwan, el 11 de octubre, también fue majestuosa. Kenny-G nos deleitó con su saxofón con el tema “Dreamy Starry Sky”, y el tenor José Carreras cantó junto a la soprano china Liu Lian, el tema “Friends Forever” (Amigos por Siempre). Otras canciones y lemas de esa noche fueron “Sunshine and Life”, “Big Happy Family”, “Time to Say Goodbye”, “Share the Life”, “Hand in Hand”, “Heart to Heart”, “Happy as You and I” y “Eternal Devotion”. Los dominicanos estuvimos dignamente representados en la ceremonia por nuestra Primera Dama, Margarita Cedeño de Fernández, y el día anterior (que coincidió con su llegada a Shangai), ella compartió con los atletas dominicanos, felicitándolos, apoyándolos y dándoles lo mejor de ella: su carisma, sencillez, calor y espíritu de mujer sensible a las causas de igualdad, aceptación y tolerancia. La noche y la ceremonia concluyeron de nuevo con el cielo adornado de una cantidad inimaginable de fuegos artificiales de todas formas y colores, destacándose sobre todo los que formaban corazones rojos en el firmamento, y el anuncio de las próximas Olimpíadas Especiales a celebrarse en Atenas, Grecia, en 2011. Los lemas de estos juegos en toda la ciudad de Shangai se leían por doquier: “I Know I Can” (“Yo Sé que Puedo”); Equality, Acceptance, Tolerance (“Igualdad, Aceptación y Tolerancia”); Applaud Courage, Enjoy Life, Youth Glows in the Rythm of Life, Our Presence Impresses the World; Let’s Share, Let’s Dance, Let’s Sing, Let me Win, but if I Cannot Win, Let me Be brave in the Attemp; Work Out, Have Fun, Have Faith in Myself; Games Connects Hearts; Every One is Participant, Every One is Winner. Esos lemas nos llevan a pensar que en este mundo lo que necesitamos es armonía, amor, justicia, igualdad, aceptación y tolerancia. Cada uno de nosotros debemos trabajar desde dentro, y ser lo suficientemente humildes para aceptar la voluntad del Señor de que no somos perfectos, ya que el único perfecto es Dios. Si nos dejamos inundar por su inconmensurable amor y empezamos a hacer su voluntad, y no siempre la nuestra, estoy segura que desaparecerán de nuestro entorno la desarmonía, el desamor, la injusticia, la desigualdad y la falta de aceptación y tolerancia que tenemos hacia los demás. Felicito a nuestros atletas que dignamente representaron nuestra bandera tricolor y salieron airosos en sus competencias. Pero más que nada, los felicito porque utilizaron cada uno de los lemas de los juegos: lucharon con coraje, participaron y disfrutaron de la actividad. Tuvieron fe en ellos mismos, impresionaron al mundo con su comportamiento y dominicanidad, compartieron, bailaron y cantaron. Todos querían ganar, pero si alguno no lo pudo lograr, fue lo suficientemente valiente como para intentarlo. Definitivamente, siento que cada uno de ellos fue un ganador. Las vivencias de estas Olimpíadas Especiales de Verano de Shangai permanecerán con nosotros de por vida, y el lema “Games Connects Hearts” se empleó a fondo cuando, al cabo de esos diez días, los corazones de los atletas, padres, entrenadores y voluntarios de tantos países hermanos quedaron permanentemente sellados y enlazados en un solo espíritu de amor, armonía, fe, esperanza, confraternidad, aceptación, igualdad y tolerancia. Muchachos atletas, pueden gritar a todas voces: “Yo valgo mucho y yo sé que puedo”.

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