EDITORIAL
Una respuesta oportuna del SNS
Si los funcionarios del Gobierno atendiesen con mayor celeridad las necesidades de la ciudadanía, muchos de los problemas más apremiantes que enfrentamos hoy no existirían.
Esa es la convicción que alienta a Listín Diario, surgida de los constantes diálogos comunitarios que sostenemos con los sectores más humildes del Gran Santo Domingo.
En cada encuentro, los residentes nos relatan las infructuosas gestiones que, durante meses o incluso años, realizan ante distintas instituciones gubernamentales para que se atiendan urgencias básicas de sus comunidades.
La lentitud con que se procesan estas solicitudes provoca, en demasiadas ocasiones, que queden engavetadas, se les reste importancia o, simplemente, sean ignoradas.
Sin embargo, en algunos casos la experiencia ha sido distinta, sobre todo cuando, a través de nuestras páginas, visibilizamos necesidades que ya no toleran más abandono.
No podemos quejarnos, por ejemplo, de las rápidas y positivas respuestas del Consejo Nacional de Atención Integral para los Envejecientes (CONAPE), que ha habilitado varios hogares de paso para adultos mayores.
Ahora, esa misma disposición la encontramos en el Servicio Nacional de Salud (SNS).
Su director, Julio Landrón, al conocer la apremiante necesidad de un centro de atención primaria en Hainamosa, ordenó de inmediato un levantamiento en la zona y prometió instalar no solo un consultorio básico, sino un centro de mayor nivel, que incorpore servicios diagnósticos y fortalezca el personal médico del pequeño dispensario que operan los padres salesianos en la Plaza Educativa Don Bosco.
Landrón ha aprovechado esta circunstancia para anunciar, además, que el SNS mejorará las atenciones en otros dispensarios gestionados por la iglesia católica en distintas zonas de la capital.
Apenas se publicaron las primeras informaciones sobre las carencias en la Plaza Educativa Don Bosco, el funcionario envió una comisión para evaluar la situación y recomendar acciones.
Dicho y hecho: el equipo sugirió elevar la oferta de servicios, ampliando las consultas y la cobertura de emergencias.
Si todos los funcionarios actuaran con esa misma determinación, sin postergar las demandas ciudadanas, otra sería la realidad de los barrios humildes, que aún permanecen sumidos en la precariedad de servicios públicos, como si el Estado los hubiera condenado al ostracismo y al olvido.

